Opinión | Retiro lo escrito

La portavocía de Franquis

Augusto Hidalgo y Sebastián Franquis, al llegar a la reunión en el Cabildo

Augusto Hidalgo y Sebastián Franquis, al llegar a la reunión en el Cabildo / LP/DLP

Sebastián Franquis, mandamás del PSOE de Gran Canaria y consejero de Obras Públicas en funciones, será el portavoz socialista en el Parlamento de Canarias durante los próximos cuatro años. Supone una decisión arriesgada teniendo en cuenta que el reglamento de la Cámara no contempla que los portavoces puedan ser acompañados en la tribuna de oradores por un equipo de foniatras. Pero Ángel Víctor Torres –que ejercerá, lógicamente, como presidente del grupo– privilegió en el nombramiento la confianza personal antes que cualquier otra consideración. Nira Fierro tiene bastante con ser la secretaria de Organización, y además Torres, en su convicción de que no continuará como presidente por culpa de todo el mundo, ha dejado más o menos claro entre los notables que no está muy satisfecho con el desempeño de Fierro en la campaña electoral. En realidad el todavía presidente del Gobierno había pensado previamente en Dolores Corujo, pero se va al Congreso de los Diputados o eso anhelan todos, incluidos los funcionarios del Cabildo de Lanzarote.

Por supuesto, existían otros candidatos. En los principales grupos parlamentarios se ha establecido habitualmente la tradición de mantener en la dirección ciertos equilibrios territoriales. Si el presidente es grancanario –o de la provincia de Las Palmas– el portavoz es tinerfeño –o de la provincia de Santa Cruz de Tenerife–. O viceversa. Se rumoreaba, por tanto, que Gustavo Matos y Patricia Hernández podrían asumir la portavocía. Se trataba, entonces, de elegir un estilo: o se optaba por un parlamentario fogueado y con una experiencia de cuatro años presidiendo la Cámara, con formación jurídica y un amplio conocimiento tanto de la legislación aprobada como de los grandes debates parlamentarios o por una discurseadora de trapío, populista despepitada, inspirada loquinaria y encharcadora eficaz si es necesario. Al primero lo rechazó porque no quiere a nadie que haga ni fisco de sombra a su liderazgo y a la segunda, simplemente, porque no la soporta física ni psicológicamente.

La opción era evidente. Chano Franquis. Y si se interpreta en Tenerife como un desprecio tanto peor para los socialistas tinerfeños. Porque como ustedes quizás ya han podido imaginar, Ángel Víctor Torres también achaca al PSOE tinerfeño que no se haya podido mantener otra legislatura en la Presidencia. ¿Cómo es posible que Pedro Martín no haya mejorado sustancialmente sus resultados? Pero si apenas ha tenido oposición. Tal vez Torres haya recordado sus tiempos de vicepresidente del Cabildo de Gran Canaria, donde dedicaba al tajo entre diez y doce horas diarias, y sus conversaciones iniciales con Martín, en las que le llegó a aconsejar que alquilara un apartamento en Santa Cruz. Pues no: se marchaba corriendo a Guía de Isora antes de las seis de la tarde. ¡Y para colmo se ha perdido también Guía de Isora! ¿Para eso quería llegar a las seis de la tarde? Por lo demás, existe otro motivo para inclinarse por Franquis. Controla la organización grancanaria. Y eso es importante. Para Torres reactivar (más precisamente: reforzar) sus relaciones con Sebastián Franquis es muy relevante a medio y largo plazo. Sobre todo a la espera de tres factores: los resultados de las elecciones generales del 23 de julio, el horizonte congresual que podría abrirse después de las mismas y, por supuesto, los apetitos de Carolina Darias para optar a convertirse en lideresa de los socialistas canarios al frente de la plaza más importante que han podido conservar: el ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Porque Torres sabe perfectamente que Darias aprovechará cualquier resquicio, cualquier caída, cualquier desgaste, cualquier derrumbe para laminarlo y, a continuación, agradecerle los servicios prestados y colocarlo como adjunto de Diputado del Común u otra cosa de similar prestigio y malestar. Ya no tiene el poder. Pero todavía tiene a Franquis. Aunque no es lo mismo, la verdad.