Opinión | El palique

Lavar el coche

De repente surge la cuestión: hay que lavar el coche. El pensamiento le asalta a uno a traición al comienzo de la tarde, con toda la calor fuera, con la digestión del gazpacho aún no concluida y el zumbidito del aire acondicionado como melodía que ayuda a conciliar el sueño. En la tele, los ciclistas se afanan en subir un repecho, una tertuliana acusa a Sánchez de librecambista, Indiana Jones corre por una cueva y Romario mete goles inverosímiles en un documental en el que habla Laudrup. Verás tú cuando todos esos personajes interactúen en el sueño que me voy a pegar. Pero no. Uno intenta espantar el pensamiento, la obligación, la idea. El coche. Pero sigue ahí. Perforando el cerebro. Dentro de un cuarto de hora ya no será pensamiento, será obsesión. También habría que fregar los platos y, tal vez mañana, hacer esa engorrosa gestión bancaria. Tampoco está tan sucio. Y cualquier día cae un chaparrón y lo limpia. A saber si el lavadero habitual está abierto. Ya si eso con la fresquita igual me llego. El pensamiento no cede, sigue, avanza, no se va. Barajar posibilidades lo hace aún más contundente y presente. Mañana. De mañana no pasa. Temprano. Nada más levantarme, antes de ir al trabajo. Además, no hará calor y no habrá nadie. Y voy a elegir el más caro, el que incluye encerado y te deja los cristales nítidos y hasta abrilanta las llantas. Un hombre que se precie ha de llevar limpias las llantas. No es plan de ir por ahí y que alguien te ponga la cara colorada: pero hombre de Dios, cómo me lleva usted así las llantas. Las llantas son muy importantes. Hay que inculcarle a los hijos que siempre den los buenos días, sonrían, pidan las cosas por favor, vayan aseados y presenten unas llantas impolutas. Y que sepan inglés.

Por unos segundos, la mente queda en blanco. Pero nada. He salido del sopor y ya no hay quien pegue una siesta. Tengo más desasosiego que Pessoa. Hay que levantarse del sofá e ir al escritorio, encender el ordenador y trabajar. Aunque, bien mirado, podría ir en un salto a lavar el coche ahora y ya me quito de en medio el asunto. No. Mañana, ya mañana. En la tele, Abascal está hablando de tensiones y en otro canal un concursante no atina a responder a la pregunta de en qué provincia está Sitges. Yo creo que está en Barcelona. Voy a ver cuál es la siguiente pregunta. Seguro que me la sé. Sí. Un rato, lo veo un ratillo y ahora me pongo. Si eso.