Opinión | Casa Real

Se abre a la sucesión de Felipe VI

Leonor se enfrenta a partir de ahora a treinta años de larga espera y los enemigos de Letizia Ortiz brindarán al saber que ya no puede ser regente

La Princesa Leonor, con la Familia Real.

La Princesa Leonor, con la Familia Real. / EP

Leonor de Borbón Ortiz es la primera persona en un siglo que nace con la corona puesta, en cuanto que la monarquía ya estaba restaurada a su llegada al mundo. Con el trono garantizado, el segundo factor más importante de su jura de la Constitución supone la apertura de la sucesión de Felipe VI. Un Rey solo posee un interruptor on/off, se le acepta o se le destrona, pero a partir de ahora se someterá a la comparación continua con la figura de su heredera. Por supuesto, el factor más importante y positivo de la ceremonia en el Congreso consiste en que aleja un poco más a Froilán de la jefatura del Estado, un elemento tranquilizador tras haberse convertido en el nieto predilecto de Juan Carlos I, el último soberano obligado a abdicar por los españoles.

Tras su boda, Felipe de Borbón y Letizia Ortiz emprendieron una gira autonómica. El Gobierno estaba presidido por Zapatero, sin duda el político con un mayor número de conquistas feministas en toda Europa. En un momento de proximidad con los periodistas, se les preguntó a los Príncipes de Asturias si estaban de acuerdo en la modificación de la Constitución para eliminar la preferencia sucesoria a favor del varón.

En el semblante del futuro Rey apareció un fondo de preocupación, mientras balbuceaba que "por supuesto,... pero ahora nos toca a nosotros". La escena define la inevitable interpretación del futuro de Leonor en clave laboral.

La Princesa de Asturias tiene un puesto de trabajo relativamente garantizado, salvo que está ocupado por otra persona con derechos vitalicios. Basta examinar el estado de las relaciones entre Juan Carlos I y Felipe VI, para valorar la complicada relación entre el propietario y la sucesora a un único trono indivisible. Sin más que consultar las tablas actuariales para un varón español de 55 años y de economía desahogada, Leonor se enfrenta a partir de ahora a treinta años de larga espera. Los enemigos de Letizia Ortiz brindarán al saber que ya no puede ser regente, y alguien al fondo recordará que al Rey le cuesta proponer un candidato a La Moncloa en condiciones, por tercera vez consecutiva.