Opinión | Perspectiva

José Antonio Godoy Rodríguez

¡Qué lideren las comunidades!

Dia del Sida, peronas mayores con VIH

Dia del Sida, peronas mayores con VIH

Después de más de cuarenta años de lucha para frenar la pandemia del VIH-SIDA, los informes elaborados por ONUSIDA y las entidades asociadas, aseveran que en aquellos países en los que las comunidades y los liderazgos políticos se implican, el VIH-SIDA comienza a remitir, entendiendo que además de una cuestión sanitaria, de la ciencia médica y de la investigación científica (que lo es), también se trata de garantizar la financiación para dotar de medios y recursos necesarios a las comunidades y a las organizaciones civiles del Tercer Sector, que atienden a la población más vulnerable en situaciones de desigualdad y con dificultades para acceder a los servicios básicos como son los programas de prevención y tratamiento del VIH, a la educación y a la ayuda para superar la inseguridad alimentaria básica, entendiendo que no hay nada más contracultural que el hambre.

En esta carrera de fondo para ganarle la batalla al VIH-SIDA y ponerle fin a la pandemia en el año 2030, António Guterres, Secretario General de Naciones Unidas, ha lanzado un mensaje esperanzador confirmando que “el número de muertes relacionadas con el sida ha disminuido en un 70 % desde 2004, cuando se registraron cifras récord, y el número de nuevas infecciones por el VIH es el más bajo desde la década de 1980”, a pesar de lo cual no hay que bajar la guardia porque el sida sigue cobrándose actualmente una vida cada minuto.

Sin embargo y ante la evidencia de saber que los países avanzan cuando sus marcos jurídico, político y social garantizan la igualdad de derechos de la población para acceder a las prestaciones públicas, los medios de comunicación y las redes sociales airean cómo en algunas comunidades autónomas del estado español, gobernadas por fuerzas políticas conservadoras, se pretende recortar derechos al colectivo lgtbi derogando aspectos de las leyes aprobadas en el ámbito territorial de su competencia, sin importarles que España, a la que tanto defienden, es un país de referencia y liderazgo en materia de igualdad y diversidad y que a la población (esto no sé si lo saben), se la defiende garantizando sus derechos y no socavándolos.

Mientras esto ocurre en España, países como Antigua y Barbuda, Barbados, Islas Cook, San Cristóbal y Nieves y Singapur, han afrontado y resuelto situaciones culturales atávicas con acciones legislativas integradoras en favor de la orientación sexual, la identidad y la expresión de género, despenalizando las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, de la misma manera que en la República Centroafricana, Ghana, India, Kazajistán y Kuwait, han fortalecido su legislación para proteger los derechos de las personas más vulnerables, apoyando a las comunidades para que lideren el fin de la pandemia del vih-sida.

Ciertamente se ha avanzado bastante en materia preventiva con respecto a la pandemia del sida, logrando que la infección por VIH curse de manera crónica como otras afecciones, a sabiendas de que cuando la carga viral es indetectable también es intransmisible, que en todas las comunidades autónomas de nuestro país está establecido para quienes lo necesitaran el acceso a la profilaxis preexposición (la PrEP) y que las comunidades implicadas luchan por la visibilidad de las personas con VIH y por la erradicación del estigma social, en consonancia con el lema propuesto para esta conmemoración: ¡Que lideren las Comunidades!

Pero no es menos cierto que a nadie se le oculta que existen en el mundo, zonas de pobreza extrema en áreas maltratadas por la falta de recursos, a lo que se unen los desastres naturales cada vez más acusados por el calentamiento global del planeta; países que no pueden afrontar por si solos tales circunstancias en las que el VIH-SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual campan por sus respetos y que sólo la solidaridad internacional puede ayudarles a hacer frente a dichas situaciones, por lo que cada vez es más necesario que al compromiso político y a las alianzas entre países con más y mejores recursos, se incorpore el sector privado colaborando con el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria.

Cuarenta años después aún recordamos a STOPAIDS, una organización surgida de la sociedad civil entre cuyos acciones destacadas está el haber logrado rebajar el coste de la medicación para pacientes con VIH, pasando de 25.000 dólares por persona y año en 1995, a menos de 70 dólares en muchos de los países más afectados por el VIH en la actualidad, afirmando Robbie Lawlor su cofundador, “…que luchamos por un mundo más equitativo y tenemos la tarea de desmantelar el estigma, pero nos dejan fuera de debates que son cruciales. Estamos en un punto de inflexión. Las comunidades ya no pueden relegarse a la periferia. Ahora es el momento del liderazgo».

Por estas razones y hasta que no se logre extinguir la pandemia del VIH-SIDA, por la que aún cada minuto se pierde una vida y cada semana se infectan 4000 niñas y mujeres jóvenes, porque de los 39 millones de personas que viven con el VIH, 9,2 millones no tienen acceso a tratamientos que les salven las vidas, habrá que seguir alzando la voz por esos millones de personas que ni siquiera pueden proteger su salud ni tener una vida digna, víctimas de la discriminación múltiple, de las desigualdades de género y la violación de los derechos humanos, entre otras razones.

Tal es así que, como cada 1 de diciembre, Día Mundial del SIDA, saldré a la calle con el lazo rojo en la solapa, en recuerdo de los millones de personas víctimas del VIH-SIDA, reivindicaré las campañas preventivas y de atención a quienes portan el virus apostando por la visibilidad de las mismas, por desterrar de sus vidas la estigmatización social a la que han sido sometidas, en la apuesta y el compromiso social para ¡Que lideren las Comunidades!