Opinión | Miren a ver

Un periplo escocés

Es en Edimburgo, esa ciudad en la que a las cuatro y media de la tarde se hace de noche, donde el viajero se cruza con el exbanquero Mario Conde

Mario Conde.

Mario Conde.

Aquel viajero recorre en pequeñas furgonetas el norte de Escocia entre cielos grises unos días y diáfanos otros, nubes, firmamento, mares luminosos, islas con puntas y riscos y acantilados, valles, montañas nevadas y sin nevar, marismas, ríos anchos y estrechos, riachuelos serpenteantes, praderas ocres, lomas escarpadas, bosques verdes y amarillos, puentes de madera, piedra o hierro, esclusas para salvar pendientes hidrográficas, miradores apabullantes…

Avanza el otoño y se aproxima el invierno. Claro que hace frío y humedad, y hasta llueve de vez en cuando con más constancia que intensidad. Y hay que andar abrigado. A veces, casi hasta las cejas o al menos hasta las orejas.

De la ilustración al romanticismo

Un día termina por coger resuello en la capital del país. En Edimburgo. Desde donde toca regresar y donde descubre que pensadores como David Hume o Adam Smith, , son honrados en la Milla Real, la lengua de lava que enlaza el histórico castillo escocés con el palacio de la corona británica. Son los ecos de la ilustración.

Que también escocesas son algunas lecturas de antaño. Las de sir Arthur Conan Doyle y su peculiar detective con su peculiar ayudante. «Elemental», «querido Watson» -por separado, junto no se dijo en lo libros-. O el romanticismo de las de Robert L. Stevenson: Ron, ron, ron, la botella del ron. «Quince hombres sobre el cofre del muerto. La bebida y el diablo hicieron el resto». También aquella que hablaba de que en cada uno de nosotros dos naturalezas estaban en guerra, una buena y otra malvada. Pobre doctor y pobre de su alter ego. Real como la vida misma.

Un encuentro inesperado

Es en esa ciudad en la que a las cuatro y media de la tarde se hace de noche donde el viajero se cruza con el exbanquero Mario Conde, el héroe caído de la mayor parte de sus amigos y conocidos que estudiaron Económicas, Empresariales o que simplemente emprendieron sus propios negocios y generaron empleo. Y como suele sentir empatía por estrellas eclipsadas no puede evitar cruzar con él unas brevísimas palabras. Por ejemplo, sobre el punk-rock de Ataúd Vacante, a los que el propio Conde citó hace ya tanto en la televisión.