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Entrevista | Carlos Domínguez

"A Dios le preocupan más la hipocresía y la injusticia que la sexualidad y el placer"

"En varios sectores de la Iglesia existe el deseo de comprender mejor la diversidad sexual, sin la condena ni el rechazo", señala el teólogo y psicoterapeuta

"A Dios le preocupan más la hipocresía y la injusticia que la sexualidad y el placer"

Choca un poco la actividad de un teólogo jesuita experto en diversidad sexual. ¿Qué caminos le han llevado a esta especialización?

Más que experto en diversidad sexual lo soy en el campo del psicoanálisis y dentro de él esa es una de las cuestiones que se pueden abordar.

La antropología , la psicología y la sociología son sus plataformas de estudio de la realidad Lgtbi. Brevemente, ¿qué aporta cada una de ellas?

Yo puedo hablar de la psicología y el psicoanálisis. Este campo puede aportar una clarificación de las raíces inconscientes que se han ido desarrollando a lo largo de la biografía de la persona, lo que no quita que junto a ello haya factores biológicos o sociales, pero desde el psicoanálisis lo fundamental está en la clarificación de las dimensiones inconscientes y biográficas que juegan en la determinación de la sexualidad.

El programa 'Padis' del Centro Loyola de Canarias viene trabajando en la integración plena de la diversidad. ¿Cree que hay avances significativos en el plano de la psicología social?

La psicología social, el psicoanálisis y, en general, las ciencias humanas están suponiendo un avance muy importante en el modo en que se pueden considerar las cuestiones Lgtbi. En la medida en que hay un mayor conocimiento de esas realidades se favorece que haya otro modo de valorarlo y de que la sociedad pueda enfocarlo de una manera más pertinente.

La Iglesia, de la que usted forma parte activa, no parece haber avanzado mucho. ¿En qué medida asume trabajos como el de la Pastoral de la diversidad sexual en Canarias?

Uno de los temas que quiero desarrollar en la exposición del Centro Loyola trata sobre las dificultades que, a veces, parecen tener determinados sectores de la Iglesia para una mejor comprensión de todas estas realidades. De todos modos, dentro de la Iglesia, que es amplia y variada, -se puede decir que en el pueblo de Dios hay muchos carismas-, en un número creciente de sectores sí existe el deseo de una mayor comprensión, evitando el juicio, la condena y el rechazo. En ese sentido, me parece que el Centro Loyola, está colaborando en ello.

"Amar, acompañar y servir a personas Lgtbi en clave de esperanza", es el lema de aquella Pastoral. ¿Qué sentimientos despierta en los sectores políticos, educativos y convivenciales en general?

Habrá algunos sectores donde se comprenderá bien y se aceptará que esa actitud de amar y servir que caracteriza a la espiritualidad jesuítica ignaciana es positiva y liberadora, pero es posible que en otros sectores sociales y educativos se susciten fantasmas y prejuicios que dificulten ese acercamiento.

¿Y en los colectivos que viven su experiencia creyente desde una sexualidad diversa?

Hay creyentes que viven la diversidad sexual en una aceptación y pensando que deben trabajar para que sea más amplia dentro de la Iglesia. Otras personas es posible que lo vivan con un rechazo interiorizado haciendo suyo el rechazo social y viven su diversidad sexual de un modo conflictivo y, muchas veces, dramático y autodestructivo. Uno de los objetivos del Centro Loyola es procurar que las personas puedan vivir su condición sexual como creyentes sin esa dimensión de drama y conflicto que ha sido tan frecuente a lo largo de la historia.

La ultraderecha política, que alardea de ultracatólica, no parece estar por la integración?

Sí, efectivamente, los sectores más conservadores no están por la integración. Se ve hoy en España en determinados movimientos religiosos y políticos con una actitud de oposición y de mantenimiento de todo tipo de prejuicios.

¿Cómo son recibidas afirmaciones suyas del estilo de que "ninguno somos heterosexuales ni homosexuales al 100%"?

Es un dato aportado por las ciencias humanas, tanto por la biología como por la psicología. Se trata de dos dimensiones que siempre, en un grado u otro, forman parte del conjunto de la afectividad humana. Es un dato verificado que nadie es heterosexual ni homosexual por completo. Es una cuestión de grados.

¿Recuerda aquellas guaguas pintadas con lamentables definiciones de los órganos sexuales femeninos y masculinos? Las vimos ayer mismo, no en la Edad Media.

El lema de: Las niñas tienen vulva y los niños pene, que no te engañen, es una falacia porque la anatomía representa solo una dimensión del ser humano, pero no es, ni mucho menos, la única ni la que tiene que determinar lo esencial en la orientación afectiva y sexual de la persona. Aquello de las guaguas era un engaño.

¿Cómo es el método psicoterapéutico que usted desarrolla?

Va muy claramente en una orientación psicoanalítica. Depende mucho también de la persona que acude a mí, de su problemática y su condición, de muchos factores para que yo utilice una técnica más o menos estrictamente psicoanalítica.

¿Extenderían su actividad a los Lgtbi que no son católicos creyentes?

En más de una ocasión me han llegado personas con una problemática en ese orden de cosas, o bien con una condición homosexual o de transexualidad que tienen algún tipo de problema que puede ser igual que el de los heterosexuales. Se trata, en cada caso, de trabajar el conflicto particular para que haya una aceptación de la propia realidad lo más grande posible, que es lo que devuelve a la persona la paz y la libertad.

¿Qué puntos va a destacar en la charla del programa 'Padis' del Centro Loyola?

En primer lugar voy a insistir en el gran cambio,la auténtica revolución que ha habido en los modos de pensarse y vivirse las ideas y las experiencias sobre la sexualidad en el último siglo en nuestra cultura. Ello plantea un problema a las personas creyentes y que forman parte de la Iglesia para intentar reflexionar sobre dichos cambios de manera que el discurso de la Iglesia llegue y pueda ser entendido, aceptado o no, pero que no se mantenga en unos parámetros tan lejanos como ha ocurrido, creándose un auténtico alejamiento tanto de los creyentes practicantes, pero que en este terreno de la sexualidad muchas veces prescinden de lo que dice la Iglesia porque no entienden esos posicionamientos, como de los no creyentes que, cuando a veces oyen determinadas declaraciones sobre la sexualidad procedentes de los ámbitos eclesiales, lo que hacen es reírse. Es muy triste esta separación entre lo que la gente piensa sobre la sexualidad y los planteamientos de algunos sectores eclesiales.

¿De qué más hablará?

Terminaré señalando que, muchas veces, lo que está detrás de esta falta de comprensión y aceptación de las realidades relativas a la sexualidad son determinadas imágenes de Dios al que se presenta como el enemigo número uno del placer, lo que no tiene nada que ver con la imagen de Dios que nos trasmitió Jesús al que le preocuparon mucho más otras cuestiones que las relativas a la sexualidad, tales como la injusticia, la hipocresía, etc.

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