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Entrevista a Pedro Gullón

"Espero que si se necesita un segundo confinamiento no les tiemble la mano"

"Pertenecer a una clase social u otra hace que estés expuesto al riesgo de enfermar de una manera diferente a otras personas", afirma el epidemiólogo

Pedro Gullón.

Pedro Gullón. CAPITÁN SWING

¿La gente le mira distinto cuando saben a qué se dedica?

La gente ahora al menos entiende a lo que me dedico. Como comentamos en el libro, la epidemiología a veces es una disciplina que, cuando funciona, es silenciosa, porque si todas las enfermedades están controladas no se la ve, pero que cuando falla (se produce una epidemia) se convierte en el foco mediático.

De haber estado usted al frente del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias y no Fernando Simón, ¿qué habría hecho usted de una forma diferente?

Creo que nunca me hubiese gustado estar en la situación de Fernando Simón, la verdad. La labor de coordinación de las emergencias y la comunicación del Gobierno es una labor muy complicada y poco agradecida. Además, para cambiar verdaderamente el impacto que ha tenido la epidemia en España tenemos que estudiar el contexto del que partimos más que de la respuesta concreta; esto es lo que en el libro llamamos el sustrato epidémico, esto quiere decir todas las condiciones políticas, sociales y económicas alrededor del covid-19. En nuestro caso, no se puede entender la respuesta sin analizar nuestra dependencia del turismo, la infrafinanciación de los servicios de epidemiología y salud pública y la no aplicación de la ley General de Salud Pública.

¿La magnitud de la tragedia le sorprendió como al Gobierno?

En casi todos los círculos de salud pública esperábamos que ocurriera una pandemia de alto impacto en el siglo XXI. Ya tuvimos avisos con la gripe A, el SARS o el MERS. Sin embargo, creo que pocos habrían apostado a que la pandemia del SARS-CoV-2 tuviese este impacto global.

¿Cuál es la lección más importante que hemos aprendido?

Si tenemos que aprender tres lecciones de la primera ola son que las predicciones no funcionan en un entorno de alta incertidumbre, por lo que quien asegure cuándo y cómo se producirá una segunda ola es probable que mienta; que necesitamos reforzar los elementos más importantes de los sistemas sanitarios, estilo sistema nacional de salud como el español (la atención primaria y salud pública), y que los virus sí que entienden de clases sociales.

¿Qué diría a quien se cruza con usted en la calle sin llevar una mascarilla?

Procuro ser poco culpabilizador. No conozco las circunstancias por las que una persona decide no llevar la mascarilla en un momento de riesgo. Desde nuestro lado, tenemos que mejorar la información que damos, que sea sencilla y accesible. Hay regiones con buenos ejemplos de campañas informativas en este sentido.

Ya estamos viendo lo que está ocurriendo tras el confinamiento y la desecalada. ¿Cómo convencer a la gente para que no se amontone en botellones, playas y fiestas?

La comunicación es un elemento esencial en cualquier tipo de crisis. Y lo que es cierto y está comprobado es que una mejor comunicación ayudará a que se produzcan concentraciones como estas y los riesgos que suponen con menos frecuencia. Aun así, hay que ser consciente de que, por ahora y con los datos que tenemos, el mayor riesgo se está dando en personas que trabajan en entornos de alta precarización tanto como en el caso de las fiestas. Tenemos que poner el ojo en los lugares donde se están produciendo los brotes (mataderos, trabajadores temporeros...) y reflexionar sobre por qué se están produciendo en estos lugares cuando el debate público se sitúa principalmente en las fiestas. Que tambiñén.

¿Qué sensaciones le provocó ver la indefensión de los sanitarios y de los ancianos?

Desolación. Por un lado, ver a compañeros y compañeras exhaustos y sin los suficientes recursos es desolador. Por otro, la situación con las personas mayores es aún más preocupante, hemos perdido a muchísimos familiares y personas cercanas que estaban casi abandonados en residencias. Uno de los aspectos clave de esta epidemia, y que tenemos que pensar para el futuro, es el modelo de cuidado que queremos tener con nuestras personas mayores.

¿La carrera por la vacuna será más larga de lo que se piensa?

Como casi todo lo que tiene que ver con esta pandemia, con mucha incertidumbre. Todavía no sabemos si habrá vacuna, y en el caso de que la haya, cuándo será y con qué efectividad. Además, hay que tener en cuenta que no se trata solo de descubrirla, sino de producirla y distribuirla. Esto se debería hacer con criterios de justicia global, teniendo en cuenta los lugares que más lo necesitan; sin embargo, seguramente ocurra en dos velocidades: primero en los países de rentas más altas (Europa, EE UU, Canadá, Australia y algunos países de Asia) y luego en los países de rentas medias o medias-bajas.

¿La catástrofe económica impedirá otro confinamiento?

Yo espero que si necesitamos un segundo confinamiento no les tiemble la mano a la autoridades. También deseo que los refuerzos de los últimos meses nos permitan detectar antes aumentos en la transmisión comunitaria, y que, en caso de ser necesarios, los confinamientos no sean tan intensos como el primero.

¿La estrategia de Suecia ha resultado un fiasco?

Es extremadamente complicado comparar los datos entre países, ya que dependen de muchos factores. Sin embargo, sí que tenemos información para decir que la estrategia de Suecia les está llevando a ser el país más afectado de su entorno cuando inicialmente no partían de una situación peor. Pero más allá de eso, me preocupa la filosofía detrás de la falta de confinamiento. Con un confinamiento, perdemos todos un poco de libertad a cambio de proteger a los más vulnerables. En Suecia, parece que no existe esa "solidaridad generacional" con las personas más vulnerables, y eso me parece negativo para la sociedad sueca.

¿Hay alguna vacuna contra el comportamiento de personas como Bolsonaro o Trump?

Ojalá. Pero es que Bolsonaro y Trump son solo un síntoma de una reacción del capital más poderoso. Trump y Bolsonaro no salen de la nada, los dos provienen del mundo de los negocios o del mundo militar. Son una respuesta reaccionaria a procesos complejos que estaban ocurriendo en esos países (como Lula o la asesinada Marielle Franco en Brasil).

¿LA OMS aprueba o suspende el examen?

Cuando dirijo grupos de alumnos, odio poner notas numéricas. Y me pasa lo mismo en otras facetas. Prefiero analizar algo más el papel de la OMS en la pandemia. En el libro reflexionamos sobre que la OMS no está actuando como un verdadero organismo de gobernanza mundial en salud pública, no ha favorecido la cooperación y la respuesta coordinada ante un fenómeno que es global. Además, se la está dejando en una situación de extrema vulnerabilidad cuando ha perdido la afiliación y el presupuesto de uno de los países más grandes del mundo (EE UU). Esta falta de financiación por EE UU ha venido acompañada de un aumento de la financiación por empresas filantrópicas (como la Fundación Bill y Melinda Gates), lo cual genera muchas preguntas. ¿Qué control democrático tienen las decisiones que toman fundaciones privadas? ¿Ante quién son responsables? ¿Cómo decidimos las prioridades con criterios de justicia global si resulta que las financiaciones privadas son finalistas?

¿En qué falló y en qué se equivocó el Gobierno español?

Aquí podríamos distinguir dos situaciones por las que pedir responsabilidades a un gobierno en la gestión del covid-19. Y esto es aplicable a casi todos los gobiernos europeos. Por un lado, podemos pensar que lo que falló fue la detección precoz de la transmisión comunitaria; por otro, podemos juzgar que, sabiendo que había transmisión comunitaria, no se realizara el confinamiento antes. En mi opinión, el problema se sitúa en la primera parte. En los informes que emitía el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades la semana del 6 de marzo la evaluación de España era de "no transmisión comunitaria", cuando claramente sí que la había. Ese ha sido el fallo de la mayoría de países, no ser capaz de detectar la transmisión comunitaria. Se pensaba que, en Europa, solo estaba pasando en Italia, cuando Francia, España y Alemania empezaban a estar en la misma situación. Luego hay otros aspectos que, a posteriori, me hubiese gustado que se hubiesen tratado mejor. Especialmente, cómo la respuesta ha estado centrada en las personas de sectores productivos, dejando a otros colectivos (menores o mayores) como sujetos de derecho secundario.

¿China es la mayor culpable de esta crisis sanitaria?

Cuando analizamos las razones por las que surgen las epidemias del siglo XXI uno de los hechos hacia los que tenemos que mirar con más detenimiento es hacia la invasión de los ecosistemas. Estamos produciendo unas interacciones humano-naturaleza que antes no se daban debido a la urbanización masiva en algunos lugares del mundo. Y uno de esos lugares es China. Más que culpar a China en una suerte de conspiración, pensaría en cuál es el rol de China en la invasión de los ecosistemas y cómo esto influye en la actualidad en la aparición de epidemias.

¿Cuál es la experiencia más amarga que ha vivido de cerca?

Por suerte, mi círculo cercano ha estado libre de covid-19, o si lo ha tenido ha sido leve. Pero no voy a negar que cuando oía a personas cercanas contarme sus historias sentía impotencia y dolor. Esos momentos han sido los más difíciles de llevar.

¿Las batallas políticas lo empeoran todo?

Si analizamos la respuesta internacional, al final casi todos los países (con gobiernos desde el centro-izquierda a la derecha) han seguido una línea parecida: intento de contener la enfermedad caso por caso, confinamiento cuando se vieron desbordados por transmisión comunitaria, y vuelta al seguimiento individual de casos en el desconfinamiento. Nada hace indicar que un gobierno nacional del Partido Popular hubiese hecho una estrategia muy diferente. Sin embargo, han generado una crispación que ha dificultado la acción del gobierno en uno de los momentos más tensos de la historia reciente de nuestro país. Donde sí que se distingue el color del gobierno es en las respuestas sociales, en "aplanar la curva social". Sin embargo, estas son las medidas que han generado mucho menos ruido mediático, y que incluso han salido con más consenso, pienso especialmente en el ingreso mínimo vital.

¿Los brotes hasta ahora entran dentro de lo normal?

Ahora, por cada caso que tenemos somos capaces de detectar los casos secundarios respecto a este y agruparlos en brotes. Esto de por sí es bueno, porque podemos cortar la cadena de transmisión de todo ese brote, cuando antes solo llegaban casos sueltos que no éramos capaces de investigar. Hasta ahí es normal. Tenemos que ver si esos sistemas de vigilancia y control funcionan igual de bien cuando haya un aumento de presión asistencial como el de ahora en bvarias regones españolas o en la época en la que empiece la gripe. Ahora mismo es esencial que los servicios de salud pública estén dotados de recursos para que los brotes se queden circunscritos a las personas afectadas y sus contactos, y que no haya un aumento de transmisión comunitaria. Si ocurre un aumento de la transmisión comunitaria, es cuando hay que empezar a pensar en confinamientos de algún tipo, como en el caso de Lleida, Lugo, Totana... estas últimas semanas.

¿Corremos peligro de un mercado negro de fármacos y vacunas ilegales?

Si no somos capaces de que los medicamentos y las vacunas se produzcan con criterios de justicia global, corremos el riego de que exista un mercado paralelo de distribución de fármacos. Los gobiernos tienen que ser fuertes en generar espacios de producción rápida, pero que a la vez sirvan para la cooperación (y no competición) entre países. Una medida muy adecuada en nuestro contexto, y que se lleva debatiendo un tiempo, sería la creación de una farmacéutica pública que pudiese producir los fármacos esenciales.

¿Una democracia sana exige una sanidad poderosa?

Para mí, sí. No puedo entender la democracia (el poder del pueblo) sin que sea un pueblo libre. Y para que un pueblo pueda ejercer sus libertades colectivas tiene que estar sano. Los sistemas sanitarios tienen varios roles, y entre ellos se encuentran el alivio de la enfermedad e impedir que las personas caigan en bancarrota cuando necesitan atención médica; por lo que sí, un sistema sanitario fuerte, público y universal, es un elemento clave para una democracia sana y fuerte. Viví el año pasado en EE UU, y la ansiedad y problemas que me generó una única visita al médico (por un problema menor) no se la deseo absolutamente a nadie.

¿Entienden las epidemias de clases sociales?

Por supuesto. Tenemos diferentes estructuras sociales (el género, el sistema económico, el sistema colonial...) que dividen a los ciudadanos en diferentes clases sociales (ya sea en hombres y mujeres por el género, en diferentes trabajos por la ocupación...). Estar en una clase u otra hace que estés expuesto al riesgo de enfermar de una forma diferente a otra persona. ¿Quién es el personal que trabaja en residencias de personas mayores y, por tanto, se expone más al riesgo? Mujeres, de clase ocupacional baja y de origen latino. ¿Quién ha tenido posibilidad de teletrabajar y, por tanto, realizar un verdadero confinamiento? Las personas en trabajos asociados a cualificación alta. Hay una intersección de ejes de desigualdad que no podemos ignorar. Los primeros brotes de ahora se están produciendo mayoritariamente en sectores precarizados, y no podemos dejar pasar estos aspectos.

¿El sistema autonómico fortalece o debilita la respuesta común?

El sistema autonómico no tiene por qué ofrecer una respuesta más fuerte o más débil ante la epidemia. Lo importante es la coordinación. Al fin y al cabo, la salud pública necesita que sus profesionales estén muy cerca del terreno y de lo que está ocurriendo, por lo que es normal que territorialicemos los servicios. Ahora bien, esto requiere de un esfuerzo enorme por la coordinación y cooperación por delante de la competencia entre territorios. Pero lo mismo podríamos decir a nivel supranacional, es necesaria la coordinación y la cooperación en la respuesta a un fenómeno que no es de aquí, es global.

¿A quién dejamos morir? ¿La ética contra el racionamiento sanitario?

En el libro comentamos que existen diferentes formas en las que podemos distribuir los recursos, que nunca son infinitos. Entre ellos: el azar (por ejemplo, en las viviendas de protección oficial), las características clínicas (los más graves, o los más jóvenes), la capacidad para rentabilizar más los recursos utilizados (que los recursos que se utilicen generen más años de vida con buena calidad), el orden de llegada (listas de espera), o el valor social (a las personas que consideramos que tienen tareas esenciales para la sociedad). Tiene que existir el debate social de ante qué situaciones vamos a utilizar unos criterios de priorización sobre otros. Esto ha sido uno de los debates clave durante la pandemia.

¿El virus ha arrojado gasolina al fuego de las protestas antirracistas en EE UU?

Al final yo soy de los que creo qye se protesta por lo mismo. Es el mismo racismo el que mata a George Floyd que el que provoca que las personas negras en EE UU tengan tres veces más casos de covid-19 que las blancas.

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