Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Cuarta entrega

Ruta por la España perimetrada: La noche es de los esenciales

Un atasco en la raya de Cantabria, unos ertzainas sin gel hidroalcohólico, la renta de una gasolinera de Miranda de Ebro, centros comerciales llenos en Madrid y un basurero tratando de explicarse por qué no se cierra la ciudad

Ruta por la España perimetrada(4): La noche es de los esenciales.

Ruta por la España perimetrada(4): La noche es de los esenciales.

"Uf, vaya cara traen. Vamos a tener que comprarles chubasqueros a nuestras madres", lamenta el ertzaina que selecciona coches con una antorcha de pilas. Delante de él se extiende un atasco de proporciones descomunales, tan lento, tan largo que, efectivamente, cabe suponer que los que están confinados en la cola se están acordando de su parentela.

Lo que era relajamiento casi total de la vigilancia de los cierres perimetrales se ha convertido en una gran retención, repentina y aleatoria, en la A68, en la raya de Cantabria, como si ahora Euskadi quisiera contener una riada de covid. En la última esquina vasca, el barrio de El Haya-Auzoa de Muskiz, la Ertzaintza se ha puesto a comprobar quiénes han salido para Castro Urdiales de vacaciones y quiénes tienen causa justificada para romper el confinamiento perimetral vasco.

Quien no cumpla con el encierro será denunciado, y puede caerle una multa de... "no se sabe muy bien cuánto, porque ha habido muchos cambios desde el primer estado de alarma", trata de explicar el policía desde detrás de su mascarilla negra, mientras dos compañeras suyas reclaman justificantes a los conductores. "Antes eran sanciones de 600 euros. Ahora creo que son de 150, cien con pronto pago. Eso nos genera indefensión. A muchos les sale a cuenta irse de puente por cien euros", dice el agente, y enciende de nuevo su espada de luz para volver con ella a segar el tráfico.

Un control de la Ertzaintza para comprobar el cumplimiento del cierre perimetral, en el límite de Euskadi y Cantabría. José Luis Roca

La escena es metáfora de los escalones autonómicos en la pandemia. En la enorme aglomeración de coches, un paisaje digno de Julio Cortázar que se alarga hasta donde se pierde la vista, parece como si las luces intermitentes relataran en código morse lo que está ocurriendo en España en la segunda ola. En la falda de la montaña, en el lado vasco de una raya imaginaria, confinamiento por pueblos y más del 26 por ciento de camas de UCI ocupadas por enfermos de covid; en el lado cántabro, un 13 por ciento y ningún confinamiento perimetral.

Gel no desinfectante

Los albañiles de Construcciones Maxistil no han salido a Castro Urdiales para pasar el puente. Es que duermen allí, trabajan en el País Vasco y ahorran en pernoctaciones en la comunidad de al lado.

El atasco les ha sorprendido en la furgoneta del curro. Van cuatro dentro, con mascarillas, o sin ellas, a ratos. Son tres ecuatorianos y un búlgaro. Uno de los americanos comenta nervioso, tratando sin éxito de expresarse bien, que "con esto pagan los justos", se supone que por los pecadores. El búlgaro, al volante, gesticula enfadado: "¡Que no cierren las carreteras!". Detrás, los ojos de sus compañeros se ven en la semioscuridad componiendo una mirada cansada y condescendiente.

Cuatro coches más allá, Víctor y Rocío, matrimonio bilbaíno, han salido porque van a alquilar un piso y querían firmar con el casero. Con condicional vizcaíno se queja él de los políticos: "Si se pondrían todos de acuerdo estaríamos mejor; no esto, que unos sitios están cerrados, otros no..."

Rocío y Víctor, matrimonio vizcaíno, se ven atrapados en un control de cumplimiento del cierre perimetral. José Luis Roca

Cuando los ertzainas vuelvan a su comisaría, quizá encuentren gel hidroalcohólico de verdad que llevarse de patrulla por la noche. La Inspección de Trabajo ha enviado la pasada semana un requerimiento al Gobierno Vasco, a raíz de una denuncia del sindicato de la Ertzaintza SIPE, para que "de forma inmediata" les proporcione gel a los policías. El Viridiol que hasta ahora les ha estado dando "no cumple con la labor desinfectante que debe cumplir para eliminar los microorganismos de la piel y evitar su posible transmisión desde los portadores sanos a otros individuos", dice el escrito de sanción.

Los ERTE de Miranda

En la A-1, pasados los riscos de Pancorbo, a media noche se ven los pueblos de la provincia de Burgos a los lados de la carretera como islas de luces amarillas, sin tráfico alguno a su alrededor. La quietud en torno a la gasolinera de Miranda de Ebro es total. Toñi, la dependienta, de 40 años, informa del itinerario hasta el polígono industrial. "Pero no vais a encontrar a nadie, ¿eh? Antes sí había más actividad por la noche. Ahora por la noche solo trabajamos los esenciales", advierte.

Un trabajador esencial en la noche de Madrid. José Luis Roca

La noche es de los esenciales, aunque no tengan ganas de salir. Ya lo decía en las Urgencias de Pamplona el joven técnico de ambulancia Sergio Galindo: "Es un momento excepcional, y en estos momentos es cuando tenemos que dar lo mejor".

Algunos no pueden. De ser estos otros tiempos, este diario podría haberse ido a ver al marido de Toñi al polígono para verle trabajar de madrugada. "Ya no; es que lleva en erte desde abril", se lamenta ella. El sueldo nocturno de Toñi es el único entero que entra en una casa de una localidad que, antes del virus, tenía una renta per cápita de 27.055 euros y era una de las más ricas del país, según el estudio europeo Urban Audit.

Ahora "casi todo el mundo en este pueblo está igual de mal", dice Toñi. El "pueblo" del que habla es una ciudad de 35.477 habitantes tan mordida por el virus que el gobierno de Castilla y León ha tenido que confinarla dos veces, la última vez, y con refrendo judicial, el 15 de octubre. "Y mira tú qué suerte: salimos de un confinamiento y entramos en otro", ironiza la dependienta.

"No estamos confinados, puede usted venir a comprar"

Camino del sur, cuando el receptor ya capta la FM de Madrid, puede oírse en la radio un anuncio singular, según el cual "Plaza Norte 2 no está en zona confinada". Toda Majadahonda, su término, lo está, pero no el gigantesco y lujoso centro comercial. Y lo mismo le pasa al Plaza Río 2, junto al Manzanares. El Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, que se niega a un confinamiento perimetral que no sea intermitente, cierra su territorio por áreas básicas de salud. Puede que sea casualidad que esas áreas no incluyan a grandes centros comerciales.

Una familia termina de aprovisionarse en un centro comercial madrileño en territorio no confinado por el gobierno autonómico. José Luis Roca

En la ciudad la noche es también solo para los esenciales. Las ambulancias que salen del Hospital La Paz, los coches de los vigilantes privados y los camiones de la concejalía de Medio Ambiente, o sea, de residuos urbanos, se miran entre sí con los faros en los laterales de la Castellana. Pocas veces como ahora se habían visto las cuatro torres con tan pocas luces en las ventanas.

Más abajo, en Nuevos Ministerios, con un chirrido ensordecedor de chapas y amortiguadores de aire comprimido, un camión de basura trasvasa su cargamento de cartones a otro más grande, los dos unidos por la popa como dos orugas en un coito.

Un joven menudo, repeinado y simpático, muy pichi, dirige él solo la orquesta infernal asomándose sin inmutarse a las ruedas de los dos monstruos. Se llama Miguel Ángel, tiene 31 años, y solo hace cuatro meses que luce un uniforme amarillo reflectante con el oso y el madroño en el pecho. Antes estaba en el paro; ahora es trabajador esencial.

Un compañero aparece y el barrendero puede parar un momento. Está contento Miguel Ángel y, la verdad, no le importa demasiado si Ayuso abre o cierra del todo la ciudad. "Entiendo que estará mucho por medio el comercio, el negocio. Al fin y al cabo Madrid es una ciudad cosmopolita, que vive del ciudadano de a pie, del comercio", conjetura.

Un camarero trabaja en un centro comercial en territorio no confinado de Madrid el día de Difuntos. José Luis Roca

Durante el puente de Todos los Santos, con Madrid confinado por las dos castillas, los madrileños han concentrado su consumo en su comunidad. En las grandes superficies comerciales del eje de la M50 a la altura de la A6, en una de las zonas con mayor poder adquisitivo del país, los aparcamientos estaban llenos de coches en cuyas traseras metían sus dueños bolsas de los outlet de Ralph Lauren, de Levi's, de Adolfo Domínguez y de Adidas.

Este lunes han dicho las radios que el gobierno madrileño también confinaba Las Olivas, la zona donde se levanta el gigantesco mall del Plaza 2. Una llamada al conserje de su hipermercado basta para comprobar cuánto de efectiva es la medida: "Si usted sale de una zona no confinada puede venir hasta aquí -explica-. El centro comercial no está confinado, solo el terreno alrededor".

Cuarta etapa de la ruta por la España perimetrada. Muskiz - Miranda de Ebro - Madrid. José Luis Roca

Cuarta etapa de la ruta por la España perimetrada. Muskiz - Miranda de Ebro - MadridJosé Luis Roca

Accede también:

Ruta por la España perimetrada (1): Los camioneros cenan solos

Ruta por la España perimetrada (2): Lo peor es la incertidumbre

Ruta por la España perimetrada (3): Fuego en el cuerpo y el alma de todos

Ruta por la España perimetrada (5): Cuando el virus asedia el hospital

Compartir el artículo

stats