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Violencia de género

«Éramos niñas y no nos protegieron»

Hawa Touré y Kady Danso relatan en el Parlamento su traumático proceso de mutilación femenina y afirman que sobreviven «a un dolor para toda la vida»

Hawa Touré, presidenta de la Asociación Dimbe. | |

Hawa Touré, presidenta de la Asociación Dimbe. | | LP / DLP

La voz de Hawa se entrecorta en medio de un silencio frío que estremece a las personas que siguen en directo la comisión en la que se trata la mutilación femenina en Canarias. «Éramos niñas y no nos protegieron», interrumpe la joven Daky Danso al ver el estado de nerviosismo que está afectando a su compañera. «Esto no son datos, es una situación real que vivimos en las Islas», remarca la majorera.

Antes de que la activista mauritana Hawa Touré, presidenta de Dimbe, comenzara a relatar su supervivencia después de sufrir una ablación en una comisión parlamentaria que trató la mutilación femenina en Canarias, los asistentes ya intuían que este testimonio iba a ser desgarrador. De hecho, fue la joven Kady Danso la que tuvo que finalizar su confesión de este drama debido al estado de nerviosismo que atenazaba a una víctima que concentraba en sus lágrimas los atroces recuerdos que vivió cuando solo tenía 10 años. «Mi madre llamó a una bruja que vivía al lado de casa, me llevó con ella y a mis tres hermanas y cuando nos despertamos estábamos sobre una alfombra llena de sangre», revive Touré.

Con voz serena, la presidenta de un colectivo que trata de sensibilizar a la opinión pública de las consecuencias de la mutilación genital femenina, expuso en el inicio de su comparencia que en 2020 había en el mundo tres millones de niñas en riesgo de sufrir una mutilación. «A 6 de febrero de este año ese número ha crecido hasta los 4.160.000 niñas», dijo antes de facilitar un dato que provocó el primer escalofrío en la sala: «Puede parecer mentira, pero en Canarias hay 517 niñas en riesgo, de las cuales 147 se encuentran en una situación de peligro inminente», denuncia.

El horror de Kaedi

Hawa Touré nació hace 45 años en Kaedi, una ciudad situada al sur de Mauritana, y a los diez le practicaron una escisión que afecta al 70% de las mujeres de su país. Afincada en Fuerteventura tras superar con éxito una aventura migratoria, Hawa dice que fue su madre quien decidió mutilarla, ella se puso en contacto con una mujer con la apariencia de una hechicera cuyo rostro aún no ha podido olvidar tres décadas y media después: «Todo era confuso, pero en cuanto la vi supe que algo malo nos iba a pasar», comenta sin obviar el calvario que compartieron con ella sus tres hermanas. La mauritana tiene claro que más allá «del dolor físico, las secuelas psicológicas van a acompañarme durante toda la vida», afirma al exponer cómo la agarraron y le empezaron a realizar cortes. «Lo hacen sin anestesia ni medicinas y el dolor es terrible», remarca mientras cuenta a los asistentes que hay cuatro tipos de mutilaciones. «En mi caso me cortaron el clítoris y los labios menores».

«Parece mentira, pero en Canarias hay 517 niñas en riesgo; de ellas, 147 en peligro inminente»

Hawa Toure - Presidenta de Dimbe

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Hawa Touré desvela que una de sus hermanas «perdió mucha sangre y que tuvo ser evacuada a un centro hospitalario para que le hicieran una transfusión». La mayoría de estas prácticas se llevan a cabo entre los 0 y 14 años –con hojillas de afeitar, cuchillos o tijeras–, aunque también hay casos en los que se hace a los 20, justo antes de que una familia entregue a una de sus hijas a un hombre para acordar un matrimonio.

Kady Danso.

Kady Danso. La Provincia

Con un timbre de voz cada más nervioso, Hawa Touré abrevia los tiempos de «recuperación» que se dan una vez se ha practicado una mutilación. «Ese periodo se puede alargar entre cuatro y cinco semanas y el sufrimiento es enorme: las curas son horrorosas y se realizan muy temprano», acota sobre unas prácticas que consisten en llenar unos cubos de agua hirviendo e introducir un producto («no sé cómo lo llaman ustedes aquí», dijo la afectada) antes de que las mujeres hundan sus partes íntimas en esa mezcla. Este proceso se repite tres o cuatro veces a la semana. «La cicatriz va mejorando con el paso de los días, pero tú no puedes de dejar de hacer cosas y es imposible evitar los sangrados», rescata Touré ya con un grado de excitación importante.

«Es el deseo de Alá»

A punto de rendirse por el impacto de los peores recuerdos de su infancia, Hawa reconoce que con su testimonio en el Parlamento de Canarias quiere «visibilizar» una problemática que convive con la realidad más cercana: muchas de las mujeres africanas que residen en las Islas aprovechan los viajes al continente más próximo para mutilar a sus hijas, tal y como lo hicieron con ellas. «Con la crisis del covid se han acelerado las decisiones entre las familias para acordar los enlaces jóvenes y, por tanto, se dan muchas situaciones idénticas a las que yo sufrí en chicas que viven en el Archipiélago», denuncia cuando está a punto de romperse de la emoción. Ese es el instante en el que la joven majorera Kady Danso alza su voz para disculpar a su amiga por cortar una revelación que ella cierra de manera apresurada.

«Nací en Canarias y no es fácil explicar el choque cultural que supone esto»

Kady Danso - Víctima

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«Yo nací en Canarias –su familia es originaria de Gambia– y no es fácil explicar el choque cultural que supone pasar por esto. Sé que es supercomplicado hablar de algo que parece que nos toca de lejos, pero no es así: no somos un dato, esto es algo real y entiendo perfectamente el sufrimiento de ella porque yo también lo he padecido», concluye Danso.

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