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Aquel feroz torrente en Tenerife que redujo Garachico a cenizas

La erupción de Garachico de 1706 es la que causó más daños de las que se han registrado en la historia de Canarias: las coladas engulleron gran parte del puerto, viviendas y fincas

Grabado sobre la erupción de Garachico de 1706. | | UBALDO BORDANO

La erupción del volcán en La Palma ha puesto de relieve el origen volcánico de Canarias y desempolvado las últimas erupciones vividas en las Islas. Así, los habitantes de Garachico, en el norte de la isla de Tenerife, entraron en pánico aquella larga noche del 4 al 5 de mayo de 1706. El miedo se desbordó a partir de las 20:00 horas, cuando los pequeños temblores que se habían repetido durante meses aumentaron de repente de intensidad. «Se originaron los terremotos grandes, con tal fiereza que a todos conmovieron», escribió Fray Domingo José Cassares, colegial del Convento de Santo Domingo de La Laguna, en uno de los pocos documentos que se conservan sobre aquellos sucesos y que guarda en su biblioteca la Universidad de La Laguna. «En las casas empezaban a sentirse los techos bulliciosos, hasta rendirse, y oíanse las campanas que con sentidos golpes parecía que tocaban a agonía», detalló Cassares, que asegura que muchos vecinos corrieron a las iglesias para protegerse. Se veían venir lo peor.

Los temblores mantuvieron en vilo toda la noche a los garachiquenses hasta que una hora antes del amanecer del 5 de mayo de 1706 resonó bruscamente un estallido a lo lejos, tal y como recogió Fray Domingo José Cassares en sus crónicas. Luego se sucedieron otros estallidos. A 1.300 metros de altitud, en las pronunciadas pendientes de los altos de Garachico, y a 6,5 kilómetros de la población costera se abrió una fractura de 950 metros con más de 12 focos eruptivos. Por ahí empezó a salir la lava, no muy lejos del Teide. La erupción del que se denominaría volcán de Trevejo –también conocido como Arenas Negras o Montaña Negra– fue la que provocó un mayor impacto social y económico de las 17 sobre las que se tienen datos en la historia de Canarias. Las coladas y las bolas de lava, junto a los miles de incendios que provocaban en su vertiginoso descenso, se llevaron por delante cultivos, viviendas, espacios públicos y una parte importante del que había sido el principal puerto de Tenerife. No hubo víctimas mortales pero sí cuantiosos daños materiales.

Una hora antes del amanecer del 5 de mayo de 1706 resonó un estallido en los altos del pueblo: una fractura de 950 metros empezó a arrojar lava

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«El día 5 de mayo de 1706 reventó por la cima del alto risco y corriendo arrebatadamente sobre el pueblo aquel feroz torrente de peñas y materia encendida en dos brazos trastornaba y reducía todo a cenizas», escribió 70 años después el historiador José de Viera y Clavijo, que añadió: «Un brazo tupió el puerto, retirando el mar y dejando sólo un caletón incómodo, aun para los vasos pequeños. Otro abrasó la iglesia parroquial, el convento de San Francisco, el monasterio de Santa Clara y toda la calle de Arriba, donde estaban los edificios más suntuosos, de que se conservan nobles fragmentos. Apenas tuvieron tiempo y valor aquellos habitantes para huir de la nueva tierra. Mujeres, viejos, niños, religiosas, enfermos... unos a caballo, otros a pie, otros por la mano, otros a rastras salieron en tropel hacia Icod, cargados de las alhajas más preciosas». Sobre los daños, Viera y Clavijo contó que «la pérdida fue imponderable y la mutación del terreno, espantosa». «Desaparecieron las viñas, las aguas, los pájaros, el puerto, el comercio y el vecindario», concluye el sacerdote y escritor.

La erupción de Garachico duró 40 días –hasta el 13 de junio– y se produjo en el periodo con mayor concentración de eventos volcánicos de la historia del Archipiélago. En apenas año y medio, entre el último día de 1704 y junio de 1706, se registraron en Tenerife miles de terremotos y cuatro erupciones: Siete Fuentes (Arico, del 31 de diciembre de 1704 al 4 de enero de 1705), Volcán de Fasnia (del 5 al 16 de enero de 1705), Volcán de Arafo (del 2 de febrero al 27 de marzo de 1705) y el ciado de Garachico. Esta última erupción se cebó con el que inmediatamente después de la Conquista de Tenerife por los castellanos y hasta el año 1633 fue el principal puerto de la Isla, por el que pasaba toda la actividad comercial. Las exportaciones de azúcar de caña primero y de vino después a través del pequeño muelle convirtieron a Garachico en la segunda población más importante tras la capital de entonces, La Laguna.

El declive, no obstante, había comenzado antes de la erupción, al perder el puerto garachiquense su supremacía frente a los de Santa Cruz y La Orotava –a partir de 1812 Puerto de la Cruz–. Pero la estocada llegó con la lava del volcán. Según el trabajo Impacto de las coladas de 1706 en la ciudad de Garachico, de las investigadoras de la Universidad de La Laguna Carmen Romero y Esther Beltrán, la erupción constituye «un excelente ejemplo de cómo un evento de baja peligrosidad puede convertirse en un desastre». Un dato es revelador: Garachico pasó de tener 1.600 habitantes en 1706 a 400 un año después. El 75% de los habitantes abandonaron sus casas y tierras al quedar arrasadas por las coladas y los incendios o por el temor a que se repitiera un episodio volcánico. No murió nadie pero los garachiquenses sabían que por los continuos terremotos de los meses anteriores habían perdido la vida en otros puntos de Tenerife 16 personas.

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