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Volcán de La Palma | Los que vienen y los que se van

Mientras cada vez más palmeros abandonan La Palma por el volcán, llegan cientos de turistas para verlo

Cada vez más palmeros abandonan la Isla a causa del volcán, mientras que cientos de turistas la visitan para contemplarlo

La fajana de lava sigue creciendo en la Palma

La fajana de lava sigue creciendo en la Palma La Provincia

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La fajana de lava sigue creciendo en la Palma Nora Navarro

La ocupación turística en La Palma se incrementa de forma notable este puente con motivo del interés global por contemplar en directo el estallido de Cumbre Vieja, pero, al mismo tiempo, cada vez más habitantes de los municipios golpeados abandonan la Isla con el corazón partido como la tierra.

La hora más oscura de la noche en el Valle de Aridane, agitada por los rugidos más atronadores en la penúltima madrugada de estas seis semanas de erupción, inauguró ayer el inicio de un largo puente hacia ninguna orilla de descanso. Sin embargo, en paralelo, un alud de turistas de distintos puertos cruza estos días ese mismo puente atraído por el aullido de la tierra y las coladas de lava, cuyo avance inexorable fisura cualquier forma de asueto para los palmeros y palmeras en el sitio de su recreo.

«Como fenómeno natural, esto es espectacular, pero no sé si podría soportarlo durante muchas semanas»

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La Asociación Hotelera y Extrahotelera de Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro (Ashotel) notificó ayer que la ocupación turística en la isla de La Palma, que ronda el 40% desde el inicio de la erupción y que, una semana antes, ascendía a una media del 70%, se ha incrementado de forma notable este fin de semana ante el interés global por observar en directo el estallido gutural de Cumbre Vieja. Pero en el envés de esta hoja de ruta prometedora, cientos de vecinos y vecinas de los municipios golpeados de La Palma emprenden el camino contrario por mar y por aire con el corazón partido como la isla, entre la necesidad de la huida y el deseo de quedarse.

A estos últimos se suman quienes no han tenido más alternativa que la partida y, en otro plano, quienes permanecen a la espera de que tal vez, en la próxima hora oscura, les toque enfrentarse a la misma disyuntiva. «En mi familia ya estamos hechos a la pena», indica Silvia, vecina del Camino Los Palomares, barrio agrícola situado a pocos metros del perímetro de evacuación en La Laguna.

«Este puente sí que vemos más ocupación en la ruta a La Palma con respecto a años anteriores», declaran desde Fred Olsen

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«Estamos muy pegaditos pero malo sea que nos toque», manifiesta. «Pero, en ese caso, no descartamos marcharnos a la casa de mi tía en Tenerife, donde ella ya se está quedando, porque perdió su vivienda la segunda semana en Todoque». «Ella pudo haberse quedado aquí, que no es una casa muy grande, pero algo se apaña», sigue. «Pero teniendo allá otro sitio, ni se lo pensó. Vivir con esto es complicado, es doloroso».

Fascinación

La mañana de ayer en el corazón de Los Llanos de Aridane, en cuyo cielo convergían la tregua del sol con el diluvio de arena negra, se advertía una mayor afluencia de turistas en callejones y terrazas. A pesar del estruendo constante, de que las cervezas se dispensan con platos pequeños a un lado para protegerlas del picón, los visitantes observaban «con fascinación» el grito de la corteza abierta.

«Nos alojamos en una casa rural en Puntagorda, porque pensamos que aquí nos costaría dormir», explica Kilian, de 34 años, un ingeniero que ha viajado desde Holanda, junto con su hermano, por primera vez a La Palma. «Como fenómeno natural, esto es espectacular y no se parece en nada a las imágenes que ves en Internet: es mucho más impresionante», apunta. «Pero no sé si podría vivir o soportar esto durante muchas semanas en mi tierra, esa es la verdad», añade.

Asimismo, la previsión es que este aliciente turístico cabalgue sobre una línea ascendente en la isla, lo que supone un alivio fundamental para un sector estratégico lastrado por el albedrío incontrolable de la devastación en el oeste. «Eso sería un notición», manifiesta Rosi, camarera de la Cafetería Edén, en el centro del casco llanense. «La cosa aquí está muy floja, no ves alegría en las calles y los palmeros son los mejores en levantarse, pero también les hace falta distraerse, ver movimiento, además de que la isla lo necesita».

«Cada vez son más los clientes que pasan por la cafetería a despedirse porque ya no quieren saber nada»

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Y así lo refleja la creciente ocupación de barcos con rumbo a La Palma, que agotaron todas sus plazas en las rutas programadas ayer y durante la presente jornada. «Este año hay una mayor demanda en la ruta para La Palma frente a las de otras islas», declara Marina González, jefa de Marketing y Comunicación de Fred Olsen. «Incluso, hemos reforzado las rutas para el puente porque, normalmente, tenemos dos salidas desde cada isla y ahora contamos con tres, que es el número máximo de viajes en un día, por lo que es imposible reforzar más»,

Con respecto al papel del volcán como motor de este rumbo, González señala que «es cierto que en la ruta de Las Palmas de Gran Canaria a Morro Jable, que es nuestra otra ruta estrella, también hay mucha ocupación, porque este puente es una escapada jugosa, pero sí que vemos más ocupación en la ruta a La Palma con respecto a otros años». «Puede tratarse de ciudadanos palmeros o de familiares que regresan de visita, pero suponemos que también debe de haber mucho turismo, porque nos consta que el Cabildo de La Palma está tratando de impulsar el sector y llamando a la precaución para que se lleve a cabo sin incidentes».

Precisamente, ya se ha puesto en marcha este fin de semana el servicio de guaguas lanzaderas impulsada por la corporación insular y la dirección del Pevolca para que los visitantes puedan contemplar el volcán de Cumbre Vieja desde el mirador de la Iglesia de Tajuya, con salidas cada 20 minutos, para no obstruir el tráfico.

Nostalgia

Cuenta Rosi que cada vez son más los clientes que pasan por la cafetería a despedirse. «Me dicen que se marchan y que ya no quieren saber nada, aunque imagino que, estando fuera, añoran». Gael, de 25 años, trabaja como transportista de plátanos desde hace cuatro años y, aunque se reconoce prendado de la isla, rumia esta posibilidad ante la pronunciada caída del sector. «Pero yo sé que si me voy fuera y encuentro casa y trabajo, ya no vuelvo», lamenta. «Muchos compañeros ya cogieron viaje».

Y así traza la lava el imán hacia la nueva forma de la isla, pero también las huidas más difíciles, que se lanzan al vacío como una botella al mar, a la espera de que las olas devuelvan un único mensaje: que el volcán se apaga de una vez.

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