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Volcán de La Palma

La colada del sur del volcán de La Palma se acerca al mar

No se plantean confinamientos en la zona porque ya está toda evacuada | El volcán sepulta más de 2.500 edificaciones

Caída de piroclastos del volcán de La Palma La Provincia

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Caída de piroclastos del volcán de La Palma Verónica Pavés

El volcán de La Palma cambió este sábado a una fase más efusiva, lo que supuso que las coladas de lava tomaran el protagonismo de la jornada. La lengua de lava que se emplaza más al sur –la colada número 3–, se «desparramó» ladera abajo y, para la fortuna de los barrios que aún están en pie, como el de Las Norias, su trayectoria cambió abruptamente para empezar a andar junto a la lengua de lava que se encuentra desde hace más de un mes parada entre Playa Nueva y Las Hoyas –la colada 9– y así acercarse a menos de 400 metros del mar. Su cercanía a la costa, sin embargo, no preocupa tanto a los científicos ni técnicos de emergencias, dado que toda la población de esa zona está evacuada.

«Los únicos que suelen estar en esa zona son los operarios de las desaladoras», recordó Miguel Ángel Morcuende, director técnico del Pevolca, quien explicó que, durante la mañana, se dio el aviso para desalojar la zona a los trabajadores que permanecían allí. «San Borondón –el siguiente núcleo poblacional más cercano a las coladas y, por tanto, susceptible de ser confinado– se encuentra a más de 3.800 metros de esta colada», insistió Morcuende. Por tanto, y dadas estas características, su llegada al mar «no tendría atención especial».

La llegada al mar, no obstante, podría tardar más de lo esperado. Y es que, como indicó Morcuende, esta colada se encuentra a unos 400 metros del mar en línea recta, pero se emplaza en una zona muy llana, por lo que podría no arribar jamás a la costa. A esto se une que cuando «empiezan a engullir sólidos, se hacen más perezosas». Con esta frase, Morcuende ilustró cómo las coladas adquieren mayor viscosidad y, por tanto, menor velocidad al llegar a estos lugares.

Así también le ocurrió a la colada que se encuentra en el barrio de las mulatas –la colada número 4–. Esta lengua lávica se encuentra en ese lugar desde hace más de dos semanas sin moverse pese a que por aquel entonces se pensaba que podría llegar de forma inminente a la costa. «No nos parece que tenga alimentación, y no nos preocupa», concluyó Morcuende, que insistió en que, en caso de que se retomara el flujo de lava «la primera preocupación en esta zona sí sería el confinamiento de San Borondón y el casco de Tazacorte». En todo caso, si al llegar al mar lo hace de la misma manera que la colada primigenia que formó la isla baja, «no provocaría excesivos problemas».

Se junta pero no la «cabalga»

Como otras lenguas de lava, este brazo que discurre por el sur trató de unirse a la colada principal. Sin embargo, no pudo hacerlo del todo. «No pudo cabalgar por encima la colada previa», resaltó Morcuende, quien resaltó que esto ocurrió porque la colada de lava que lleva varias semanas frenada en los invernaderos de Las Hoyas, «ha adquirido una altura considerable». Cabe recordar que esta colada previa había generado una isla baja encima de una de las lenguas volcánicas que dejó a su paso la erupción de San Juan, de 1949. Esto ocasionó que la lava se viera obligada a bordear la colada pero que, a su vez, la impulsara en su camino –previamente frustrado– hacia el mar.

Los cambios que ha sufrido el cono volcánico durante los últimos días con sus fases plenamente estrombolianas y derrumbes continuos, han propiciado que, en estos momentos, el aporte lávico tenga una sola dirección: el sur.

Esta nueva colada activa ha sido una de las que ha discurrido con mayor velocidad y, de hecho, es la que en los últimos días ha arrasado los últimos vestigios del pueblo de Todoque.

Desde hace unos días parecía más parada, sin embargo, en la madrugada, el aporte de lava desde el cono volcánico fue de tal calibre que provocó que volviera a reactivarse, destruyendo zonas no sepultadas anteriormente, y elementos del paisaje tan conocidos entre la población como el Restaurante el Canguro.

Hasta el momento las coladas asociadas a la erupción volcánica han sepultado 963 hectáreas de los municipios de Los Llanos de Aridane, El Paso y Tazacorte. A su paso han acabado, según los datos del satélite Copernicus, con 2.532 edificaciones o construcciones, de las que 149 están en riesgo y el resto totalmente destruidas. «Son números muy importantes, y lo contrastaremos con el Catastro», incidió Morcuende. Estas cifras ya suponen el doble de lo que se había previsto en un primer momento.

Pese a este cambio en la fase del volcán, su explosividad estromboliana sigue siendo visible. En el mediodía del viernes y durante varias horas se produjo un continuo de explosiones audibles de gran intensidad y emitiendo un considerable volumen de cenizas cubriendo todo el valle. Este episodio, según los investigadores, pudo ser causado por una intensa desgasificación. El mismo escenario sucedió durante varias horas este sábado.

El parte meteorológico de las próximas horas también da buenas noticias, y es que, como el viento soplará de este o noreste, las cenizas viajarán hacia el mar, en lugar de hacia el oeste de La Palma, donde se encuentra el aeropuerto. Esto permitirá la operatividad de la infraestructura aeroportuaria durante las próximas horas sin incidencias de ceniza.

Aunque en la jornada de este sábado no se pudo medir los niveles de dióxido de azufre (SO2) del penacho, en los últimos cinco días ha habido un descenso considerable de los niveles. Esto, a su vez, ha supuesto una mejora en la calidad del aire. Este sábado se mantuvieron los niveles medios de concentración de dióxido de azufre (SO2) sensiblemente inferiores a las referencias de los valores límite horarios (350 micgrogramos por metro cúbico) en todas las estaciones de la isla. Las concentraciones de este gas, que está asociado al proceso eruptivo, tampoco superaron los valores límite diarios (125 microgramos por metro cúbico), en ninguna de las estaciones de la red. Se recomienda a la población utilizar al menos mascarillas FFP2 en el entorno cercano al volcán.

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