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Volcán de La Palma

25 años de burbujeo en La Palma

Varios puntos de la isla muestran emisión de gases, como el dióxido de carbono, sin relación directa con la erupción

Así es el burbujeo que han detectado en La Palma La Provincia

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Así es el burbujeo que han detectado en La Palma La Provincia

El interior de La Palma siempre ha estado vivo. En sus entrañas, los gases tóxicos que emanan del magma que duerme bajo la isla se disparan en diversas direcciones, causando que las aguas burbujeen o estén afectadas por los altos niveles de estos contaminantes.

La actividad volcánica en La Palma está viva. Las emisiones de dióxido de carbono, helio y otros gases que se encuentran bajo la isla provocan que el agua de un punto concreto, ubicado en la Caldera de Taburiente, burbujee como si de una pócima mágica se tratara. Se trata concretamente, del punto que se encuentra en Dos Aguas, donde los investigadores del Instituto Geográfico Nacional (IGN) y del Instituto Volcanológico de Canarias llevan más de 25 años realizando muestreos de la zona.

El burbujeo no tiene relación directa con la erupción en curso en Cumbre Vieja pues lleva casi tres décadas produciéndose, y, de hecho, se encuentra en un punto lejano del volcán y de la zona con más actividad de la isla. Desde este emplazamiento, se emiten importantes cantidades de dióxido de carbono (CO2) y también se desgasifica una pequeña cantidad de helio-3 y helio-4 que procede del manto terrestre. Esto quiere decir que podría haber ascendido desde más de 600 kilómetros de profundidad.

Este burbujeo recuerda que el interior de la isla está viva y, sobre todo, que de su interior emanan gases volcánicos prácticamente todos los días.

Científicos del IGN e Involcan realizan periódicamente muestreos del agua en la Caldera

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Un ejemplo similar a este también se ha encontrado en Fuencaliente, después de que el Teneguía entrara en erupción en 1971. En esta zona, la intensa actividad volcánica emite dióxido de carbono directamente a las costas del sur de la isla, lo que produce una acidificación del entorno de gran calibre, similar a la que vivirán los océanos de todo el mundo como consecuencia del cambio climático.

Esta zona se ha convertido en un lugar único para el estudio del calentamiento global, dado que tan solo existen tres lugares en el mundo con estas características: Isquia (Italia), Papua Nueva Guinea y Fuencaliente, en La Palma.

En este emplazamiento se producen consecuencias que tienen relación con los océanos del futuro. Y es que, cuando el mar recibe más dióxido de carbono del que puede disolver, su pH empieza a descender y, por tanto, el entorno se hace más ácido. En este caso, el pH llega en muchas zonas a 7, cuando lo normal es que esté a 8,25. La consecuencia directa de esa acidez que organismos que tienen concha, como burgados o lapas, sean incapaces de construir su caparazón.

El dióxido de carbono incide en varios puntos de la costa de Fuencaliente desde la erupción de 1971

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Esta es la razón que ha llevado a científicos de las universidades de La Laguna y de Las Palmas de Gran Canaria a establecer en el faro de Fuencaliente el Observatorio Marino de Cambio Climático (OMACC), con el que han planteado la realización de investigaciones básicas con respecto al cambio climático. Con esta información, se podrá entender mejor las repercusiones que tendrá los gases contaminantes en los mares del futuro.

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