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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Crisis del coronavirus

Lecciones de la guerra contra la Covid para mejorar la sanidad

Los doctores Miquel Vilardell, Ángel Charte y Jordi Robert nos ayudan a hacer una fotografía de las enseñanzas que nos deja el coronavirus y los cambios que ha provocado en nuestras vidas, la medicina, nuestros mayores y cómo ha transformado nuestro presente y el futuro

Los doctores Vilardel, Charte y Robert, en la explanada de la Quirón Dexeus.

Estos tres doctores se ven a diario. Están en contacto al minuto. Lo comparten todo y no porque se trate (solo) del maestro y de dos de sus más destacados alumnos, pues hay muchos más, que le rinden devoción. “Simplemente me cuidan, como yo los cuidé a ellos”. Miquel Vilardell lo es todo en la medicina. Como director científico del Departamento de Medicina del Hospital Universitari Quirón Dexeus, acompañado por Ángel Charte y Jordi Robert, comparten reflexiones sobre la pandemia que ha cambiado nuestras vidas. EL PERIÓDICO, diario perteneciente al mismo grupo de comunicación que este medio, ha asistido a varias de sus conversaciones que son lecciones de las que tomar buena nota.

La mirada de Vilardell es la del estudioso, del investigador, del catedrático, del que lee lo que está ocurriendo. La mirada de Charte y Robert es la interpretación de quien ha sufrido la pandemia, arremangándose para hacer frente a un virus desconocido como pasó con el del sida al final del siglo pasado. Un caos biológico que no tiene fin.

“Esto ni ha terminado ni le vemos el final”, comenta Charte, que, como Robert, ha atendido a más de 4.000 casos de covid. “No es cuestión de ser pesimista, sino de ser realista. El covid es como el volcán de La Palma, no cesan de aparecer vulcanólogos en la tele hablando de experiencias pasadas que no sirven de nada, con pronósticos absurdos, y el volcán sigue escupiendo lava y destruyéndolo todo. Nadie conoce el final del covid. Se han dicho muchas sandeces”.

<p>Tertulia cafetera de Charte (izquierda), Vilardell y Robert</p> EMILIO PÉREZ DE ROZAS

Somos vulnerables

Vilardell le ha dado muchas vueltas a la problemática del covid sin salir en la tele a contarlo. Se nota que se ha encerrado con los suyos para extraer conclusiones. “Primera lectura: somos vulnerables. Nos creíamos que la vejez empezaba a los 85 años y, de pronto, nos damos cuenta de que, a partir de los 55, el virus hace mella y hasta te puedes morir teniendo 30 años”.

“Hoy, una persona de 60 años se siente mucho más vulnerable”, señala Robert. “Ya nadie piensa que la esperanza media de vida es de 79,5 años en los hombres y 84, en las mujeres. El ‘me queda mucha cuerda’ ya no es tan seguro. El virus nos ha hecho dudar a todos”. “Aunque usted no tuviese enfermedad alguna, simplemente por la edad, usted ya es vulnerable al virus”, añade Charte.

Colapso sanitario 

“Cuando nos pensábamos que estábamos en un mundo avanzado, donde lo teníamos todo controlado, unos magníficos hospitales, una protección social de las mejores del mundo y unos estándares de calidad de los mejores del planeta, donde estábamos hartos de oír a los profesionales que estaban preparadísimos para lo que surgiese, el covid demuestra que era mentira”, describe Vilardell.

“A nuestro sistema sanitario de salud le faltan recursos, muchas infraestructuras no han sido renovadas, y, además, tenemos los profesionales justos. La pandemia también demostró deficiencias en nuestro ‘magnífico’ sistema sanitario". Charte y Robert recuerdan que hubo que aportar rápidamente recursos (“en Catalunya, unos 5.000 millones de euros”), lo cual demuestra lo que los sanitarios llevaban años denunciando: hay que cuidar, mejorar, actualizar y proteger los sistemas sanitarios de salud y las prestaciones sociales.

Fracaso médico

“Otra gran consecuencia: en medicina no se sabe todo, ni siquiera los que más saben”, apunta Vilardell. “Esta pandemia trajo asociada la humildad en la ciencia, en los médicos. Nadie sabía cómo afrontarla, curarla. Estuvimos meses en manos del prueba-error. Llegamos a suministrar medicamentos que hace unos años nos hubiesen llevado a la cárcel. Trabajamos sin evidencias científicas, fue tremendo”.

“Ya ocurrió con el sida -dice Charte- y nos ha vuelto a pasar ahora, y veremos cuál será la próxima plaga, estamos en medio de un caos biológico. Empezamos con los antivirales; seguimos con los corticoides y continuamos aprendiendo cómo atacar a este maldito bicho a base de manejar y enfrentarnos al virus. Aprendimos a base de equivocarnos”.

Ya no hay sabios

Vilardell como presidente de la Fundació Galatea (respalda a los sanitarios con malestar emocional, enfermedades mentales, frustración, conductas adictivas), considera que el covid ha supuesto toneladas de humildad para una profesión que se creía que lo sabía todo. “Los estudiantes de Medicina para entrar en cualquier facultad necesitan un 14, no un 10, ¡un 14! ¿Qué ocurre con este nene en su casa?”, se cuestiona Vilardell, “pues, simplemente, que es dios, con notazas. Es el rey de la casa. ¡Ha entrado en Medicina!, dicen. De ahí que muchos estudiantes de Medicina piensen que solo con su inteligencia podrán llegar a lo más alto. ¿Qué ocurre?, que no es así. ¿Por qué?, porque la Medicina, la práctica, el día a día, no es el MIR, no es un examen pregunta-respuesta que puedas empollar, preparar”.

“La pandemia nos ha puesto a prueba y no todo el mundo la ha superado. Ya no es estudiar, es afrontar lo desconocido. Hace falta otro tipo de inteligencia, empatía, saber estar, paciencia, perseverancia, complicidad, humildad, apoyarse en los otros, esfuerzo, confidencialidad, no criticar por criticar, ser un todo único, fuerte”.

El covid ha terminado con los sabios, con los gurús de la medicina, con los profetas, con los eruditos, el virus los ha igualado a todos, porque todos han tenido que trabajar y colaborar en busca de soluciones para algo nuevo, desconocido.

Adiós a los especialistas

“Otra gran enseñanza: tenemos que cambiar de inmediato la formación y dotar a los estudiantes de una formación básica importante, transversal. ¿Por qué?, porque cuando, de repente, en todos los hospitales del mundo, llegaron en un día 200 pacientes de covid, tuvimos que echar mano de ginecólogos, traumatólogos, oftalmólogos, cirujanos… y no sabían nada de medicina general. Un desastre”, señala Vilardell.

Habla Charte: “La primera pregunta fue ¿dónde metemos a tantos médicos?”. “Pues en todo el hospital. Se acabaron los servicios, las especialidades, el hospital cambió su fisonomía para los pacientes de covid”. “Y, de pronto, se produjo el milagro, todo el mundo enfocó su vida y su trabajo hacia un único objetivo: derrotar al covid-19”.

Que investiguen otros

Vilardell se indigna cuando habla de la ausencia de liderazgo y/o competitividad de la sanidad española, que es “de las mejores del mundo a nivel asistencial, pero sin un plan ni un seguimiento de los grandes núcleos de investigación, a los que no se les exige avances importantes”. “Aquí ha habido gente que ha llegado a decir que tardaríamos años en tener la vacuna. ¿Por qué dicen eso si no saben nada? En otros países, especialmente Estados Unidos, ya estaban investigando, no diga esas sandeces. Los que están preparados, siempre están preparados. La estaban buscando y la encontraron. Y ha sido eficaz, sí, porque esto se ha parado gracias a la vacuna y a la mascarilla, que yo sigo llevando”.

Vilardell, Charte y Robert siguen con la mascarilla todo el día. La explicación es sencilla: si algo sabemos a ciencia cierta es que el covid se transmite por el aire, así que si nos tapamos bien la nariz y la boca, estaremos protegidos. “Lo demás es puro cuento”, señalan e insisten en que el coronavirus también deja la idea de que debemos dotar a los centros de investigación de profesionales, material y presupuesto. “No somos un país cualquiera y menos en Sanidad, pero, si apoyamos a los investigadores, debemos exigirles resultados en beneficio de la sociedad”.

“España posee, sin duda, los mejores médicos prácticos, asistenciales y, no solo eso, también tenemos auténticos artistas, cirujanos, pero debemos dotarnos de un buen corazón financiero para impulsar la investigación”, insiste Vilardell. “Hay profesionales que producen mucho papel, mucha documentación médica, muchos informes para revistas especializadas, pero nada de eso sirve para la medicina, para el día a día, para mejorar la salud del enfermo. Sin productos eficaces de retorno a la sociedad, la investigación no sirve de nada”.

La gente mayor

Vilardell, Charte y Robert le han dado mil vueltas a todo lo que ha provocado esta terrible pandemia, este otro volcán de dolor y dudas. Con una mirada exigente sobre cómo debe cambiar la atención a las personas mayores. “Hay que replanteárnosla por completo. El concepto está desfasado, debemos preparar a nuestros mayores para situaciones límites”, señala Vilardell.

“La gente mayor, en un porcentaje mucho más elevado de lo que pensamos, vive sola, absolutamente sola. La pandemia ha aumentado aún más esa sensación”, continúa. “Se rompió la red social, la red familiar, y se quedaron solos en casa. La gente mayor deben estar al día en las tecnologías del hogar para poderles facilitar la vida en solitario”.

“Es evidente”, interviene Robert, “que debemos desterra el ‘síndrome del mayordomo’: yo te lo hago, papá; nooo, papá, tú eres mayor, no sabrás hacerlo, ya te conecto yo con el banco, ya te miro las cuentas, ya te hago la compra…y el abuelo, o la abuelita, no tienen ni idea de manejarse en casa, solos. Deberíamos conseguir que nuestra gente mayor sea capaz de ser independiente en casa”.

“Del mismo modo”, continúa Vilardell, “debemos cambiar radicalmente el concepto de residencia de la tercera edad, creando unidades de convivencia más pequeñas, unidades familiares, grupitos, dentro de la propia residencia, pisitos dentro de la residencia, idea que ya está en marcha en el norte de Europa”.

Una vida distinta

Vilardell, autor de un magnífico e ilustrativo libro titulado ‘Envejecer bien’, está convencido que el covid sugiere un cambio de vida muy distinto al que hemos llevado hasta ahora e, incluso, a la hora de educar a los hijos. “Debemos enseñarles a crear una red social, la familia, los amigos, los vecinos, lo que sea. Y, sobre todo, educarles en la idea de que deben ser fieles, cómplices, incluso teniendo éxito en la vida, no puedes nunca olvidarte ni abandonar esa red. Porque llegas a la vejez y todo baja, todo. Y, entonces, si no has cuidado esa red, si te olvidaste de tu familia, o amigos, o vecinos, o colegas, puede que acabes muy solo. Si cuidas a las personas de tu entorno, las que sean, ellas te cuidarán luego”.

Charte les llama “charlatanes” y aún le duele verlos, habitualmente, ya menos, sí, en los medios de comunicación pero, muy especialmente en la televisión. Vilardell es más fino, les denomina pseudolíderes. Bueno, en realidad, el profesor asegura que, simplemente, son personajes que sufren el conocido como ‘síndrome de Eróstrato’, es decir, el fenómeno por el cual algunas personas deciden hacer cualquier cosa, lo que sea, por extrema y disparatada que sea, para hacerse famosas.

Recuerda Charte: “llegabas a casa y alguien te contaba que en la tele había salido un médico que había dado la solución al problema, cuando tú vivías pendiente del prueba-error diario. Aquello no tenía sentido y ocurría todos los días”. “Yo entiendo a los medios de comunicación”, señala Vilardell, “pues tenían necesidad de informar, pero muchos cometieron el error de dar voz a gente impresentable”. “Los pseudolíderes no ayudaban demasiado a la causa. He visto tertulias sobre el covid que parecían auténticas charlas de tertulianos de fútbol, enumerando las cifras de enfermos y hasta muertos como si cantasen los goles”.

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