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Volcán de La Palma

Una pluma magmática en el origen de las Islas Canarias

La teoría más aceptada con respecto a la formación de las Islas es la de una pluma magmática que se desplaza hacia el oeste

Un dron graba la formación de la fajana en La Palma.

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Un dron graba la formación de la fajana en La Palma. Verónica Pavés

Es un punto caliente independiente el que alimenta y ha formado a Canarias durante el transcurso de su historia. Todas las islas son hijas de una pluma magmática que se encuentra la base del manto y que se desplaza lentamente hacia Roma. Esto ha provocado que, durante millones de años, distintos espacios en el océano Atlántico hayan sido más propensos que otros a entrar en erupción.

Lanzarote y Fuerteventura son las islas más antiguas –se originaron hace 20 millones de años– y se encuentran en fase de desmantelamiento, mientras que La Palma y El Hierro son las más jóvenes, pues se originaron hace menos de dos millones de años y son las más activas. Esto sucede, como explica el vulcanólogo Juan Carlos Carracedo, porque existe una pluma de magma boyante –que pesa menos que el entorno– y tiende a ascender cada cierto tiempo para salir hacia la superficie «formando una isla». En Canarias, como este penacho magmático, además, se desplaza hacia el oeste continuamente, se forma un archipiélago. Si no fuera así, lo que habría formado habría sido «una isla muy grande que crecería hasta que no pudiera hacerlo más», como indica Carracedo.

La de la pluma magmática es una de las tres teorías que, a lo largo de la historia, han tratado de explicar el vulcanismo de Canarias y, a día de hoy, es la más aceptada. «La primera teoría se basaba en que había una serie de bloques que se habrían elevado a la vez facilitando el vulcanismo», indica Carracedo. Esta explicación, sin embargo, se descartó rápidamente.

La de la pluma volcánica convive desde entonces con otra que asocia el vulcanismo a un proceso tectónico. «La otra teoría es que Canarias, de manera circunstancial, se encuentra más o menos en la prolongación geométrica de la falla del Atlas», explica el investigador, quien alega que, asociada a esta actividad, «se generaría un proceso tectónico que daría lugar a uno volcánico». No obstante, para Carracedo, esta segunda opción es poco viable. «El inconveniente es que hay otros archipiélagos de la Macaronesia, como Azores, Madeira o CaboVerde, que no tienen que ver con esa falla africana y sin embargo son muy parecidos a Canarias», relata el investigador. Por esta razón, clausura el debate insistiendo en que si «el punto caliente explica el nacimiento de todos los archipiélagos macaronesicos y la falla del Atlas solo uno, por sentido común, será más posible el primero».

Esta teoría, que supone que el vulcanismo va deteriorándose a medida que avanza hacia las islas más occidentales, podría no explicar la erupción de Timanfaya u otras históricas de la isla de Lanzarote, que es, de todas, la más antigua. Sin embargo, Carracedo asegura que este se explica porque «el volcanismo no es algo que acabe bruscamente». En este punto concreto es posible que haya habido «un resurgimiento de alguna porción de magma que se desplazó hacia Lanzarote, aunque sea más antigua».

La teoría del punto caliente también da pie a que el archipiélago canario, en un futuro, esté formado por islas diferentes a las actuales. Y es que, existen montes submarinos «que casi llegan a la Península» y que los investigadores consideran que en el pasado formaban grandes islas que se fueron erosionando con la acción del mar. Cuando pasen otros millones de años, serán las islas actuales las que se hundirán, dando paso a unas nuevas islas canarias que emergerán al oeste del archipiélago actual.

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