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Crisis volcánica | Las nuevas rutinas

Relatos del desembarco de Puerto Naos de los agricultores afectados por el volcán de La Palma

Los agricultores y jornaleros pueden acceder a sus fincas a través del mar en una embarcación de la Armada Española

Traslado de agricultores

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Traslado de agricultores Nora Navarro

Amanece en el Puerto de Tazacorte y el sol enciende su luz anaranjada sobre el penacho de cenizas, pero los palmeros y palmeras ya reman a contracorriente desde la noche más oscura que cumple hoy dos meses. Reman y reman, y reman mejor cuando rema la solidaridad hacia su orilla y alcanzan durante, al menos, unas horas los puertos que les arrebató el volcán que nunca duerme.

De atrás hacia adelante, los agricultores observan la fajana desde la embarcación con rumbo a Puerto Naos. | | ANDRÉS GUTIÉRREZ

Cuando la primera colada que desembocó en la Playa del Perdido a finales de septiembre partió el valle de Aridane por la mitad, cientos de fincas y cultivos aislados al otro lado de la pared de magma forzaban a agricultores y jornaleros a dar la vuelta completa a la isla durante más de dos horas a través de Fuencaliente para poder salvarlos. Pero desde la pasada semana, este trayecto vuelve a acortarse a los 20 minutos prevolcánicos sorteando el muro de lava a través del mar.

Un grupo de agricultores en la lancha de la Armada, ayer. | | ANDRÉS GUTIÉRREZ

Y la tabla de salvación son las lanchas de desembarco LCM-1E del Grupo Naval Playa, de la Armada Española, que la pasada semana desplazó un destacamento de 29 efectivos desde su base en San Fernando (Cádiz) hasta el Puerto de Tazacorte para recortar los caminos seccionados por la lava hacia las plataneras situadas en la zona de exclusión en Cumbre Vieja.

La noche casi invernal en el puerto bagañete se extiende estos días hasta las 7.30 horas, pero, tres cuartos de hora antes, los agricultores ya se arremolinan alrededor de la Comunidad de Regantes de Las Hoyas, que coordina los trayectos en la embarcación hasta la playa de Puerto Naos.

El protocolo de acceso es inflexible: quien no se encuentre en la lista como personal autorizado, no se embarca. Una vez confirmados los nombres y datos en el registro, y si la medición de las emisiones gases arroja un resultado favorable para el desplazamiento, el equipo hace entrega de los chalecos salvavidas y se levan anclas.

El trayecto por el mar es tan breve como por el asfalto: una vez se atraca en la playa fantasma de Puerto Naos, paraíso de chiringuitos y arena negra envuelto hoy en tormentas de cenizas, ya ha amanecido en el Valle. Si se descuida un segundo la protección ocular, el picón se mete en los ojos como el aguijón, como si las emisiones continuas del volcán quisieran taladrar la mirada a cada pestañeo que devuelve, por su parte, la pregunta de cómo es posible tanta devastación.

Una vez en tierra, los regantes disponen de cinco horas para dirigirse hasta sus fincas y cultivos, pero también a sus casas, tanto en Puerto Naos como en zonas aledañas evacuadas, como El Remo o La Bombilla, antes de desandar el camino de regreso.

«Esto es perfecto, pero perfecto», celebraba ayer Inocencio Baños, de 54 años, dueño de una finca de plátanos en Puerto Naos, donde también se sitúa su vivienda. «¿Tú sabes lo que es echar ese camino de dos horas por carretera? ¿Dos de ida y dos de vuelta?», apunta, con las manos en la cabeza. «Ya esto es otra cosa, y muy agradecidos que estamos».

Desde hace semanas, Inocencio se encuentra realojado en una casa familiar en el centro de Los Llanos de Aridane y esta es la segunda vez que se reencuentra con su vivienda y con sus fincas vía marítima. «Esto es como volver a ponerte lo que es tuyo más al alcance de la mano», afirma.

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Traslado de agricultores de La Palma en una embarcación de la Armada Española durante la erupción del volcán Andrés Gutiérrez

En tierra

Sin embargo, no todos corrieron la misma suerte en la travesía de ayer, la más concurrida de las que se han llevado a cabo desde que se pusiera en marcha este sistema de transporte en Tazacorte. Y es que José Brito, agricultor, de 78 años, tuvo que quedarse en tierra con su mujer, porque dice que no se apaña «con este jaleo de papeles».

A finales de septiembre, José cerró la puerta de su casa en el Charco Verde y se despidió de las fanegas de plátanos que conforman el único sustento familiar. Realojados en casa de una de sus hijas, en la vertiente del Valle que permanece a salvo, el agricultor confesaba ayer que lidia con la crisis del volcán «mal, mal, mal».

«Yo soy un hombre de trabajo, entiendes. Yo no puedo estar quieto metido dentro de una casa o de un coche, porque no está en mi naturaleza», afirma. «Y el volcán se acabará, pero la psicosis ya se nos queda hasta la muerte».

Los largos trayectos en carretera hasta el Charco Verde, que atesora una de las calas más bellas de la isla, en la costa oeste al sur de Puerto Naos, desgastaron poco a poco todas sus esperanzas con respecto a la finca. «Tuvimos mala suerte», lamenta. «Nos quedamos sin poder acceder muchas veces cuando estábamos ya a las puertas de entrar y teníamos que dar la vuelta otra vez», indica.

Y ayer sucedió igual, dado que, en un despiste, pasó por alto la inscripción previa en el listado. «Otro día perdido», suspira. «Yo la finca ya la doy por perdida, porque llevo más de un mes sin poderla regar bien, porque antes había días en que te daban tan poco tiempo que te dedicabas a limpiar cenizas. Solo he podido regarla bien dos veces con agua del mar», añade. «Y lo único que se mantiene un fisquito no te llega tampoco a tiempo al empaquetado, porque ahí también tienes que dar toda la vuelta a la isla». «Esa fruta está ya condenada», suspira, «desde que la arena la raya un poco, ya hay que botarla».

José pasa el brazo por el hombro de su mujer y, luego, recoge del suelo las bolsas de rafia y las garrafas de agua que trajeron en furgoneta desde Los Llanos de Aridane con la esperanza de embarcar. «Nos tendrán que dar alguna ayuda, digo yo», comenta. «De algo tendremos que vivir».

Por su parte, Fidel y Dácil Acosta, padre e hija, de 66 y 41 años, respectivamente, subieron a bordo del LCM-1E ayer después de que la jornada anterior se suspendiesen los trayectos por la mala calidad del aire.

Por suerte, ninguno de los dos ha sido evacuado de sus casas, pero Dácil, que trabaja en el Hotel Sol La Palma By Meliá, en Puerto Naos, atraviesa un segundo ERTE después de la pandemia. «Me incorporé el siete de julio y el 20 de septiembre ya me volvieron a parar: solo trabajé dos meses y medio», revela.

«Ahora ayudo a mi padre con la finca de La Bombilla, herencia de mis abuelos, porque la cosa no pinta bien». Ambos se embarcaban por primera vez ayer con el Grupo Naval Playa y, aunque Fidel resopla y repite que «está todo fatal», su hija le reprende: «Pues hay que irse acostumbrando ya, pa». Justo esta semana recibieron una llamada del Cabildo de La Palma para concederles ayudas al transporte. Entre tanto, indican que la de ayer no será, con toda probabilidad, su único viaje por el mar.

«Yo no me creo las ayudas hasta que las vea», insiste el padre. «Yo a esto no me acostumbro, ya te lo digo». En ese instante, la fajana negra del volcán se ensancha en la retina como las columnas de humo que se evaporan en el horizonte, como un cuadro abstracto que toma forma, entre la isla que fue y la isla que será.

Un tiempo indefinido


La Armada Española recaló en la isla de La Palma la pasada semana por medio de un destacamento del Grupo Naval Playa, con un equipo de 29 operativos y cuatro unidades de las lanchas de desembarco LCM-1E del grupo, con base en San Fernando (Cádiz). Su presencia es una respuesta a una demanda específica del Cabildo de La Palma al Ministerio de Defensa sobre la necesidad de apoyos para el traslado de agricultores desde el puerto de Tazacorte hasta las plataneras localizadas en la costa y aisladas por las coladas del volcán de Cumbre Vieja. El operativo ya se encuentra «completamente instalado» en el Puerto de Tazacorte, tal como apuntó ayer el comandante José Carlos Cuadrado, quien puntualizó que, en el transcurso de estos cinco días de trabajo, ya se ha facilitado el acceso de un total de 108 trabajadores a sus fincas en Cumbre Vieja, de las que la cifra más elevada se concentró en la jornada de ayer, con 48 personas en ruta. «Cada vez viene más gente», afirmó el comandante. En cuanto a las características de las lanchas, Cuadrado destaó que cada unidad tiene una capacidad de carga de 70 toneladas y que se trata de la mejor opción para este tipo de desembarcos «debido a su gran maleabilidad en el mar». Asimismo, el comandante explicó que, antes de diseñar esta operación, se planteó la realización del desembarco en cuatro playas de la costa: el Charco Verde, La Bombilla, El Remo y Puerto Naos, siendo esta última «la que cumplía las mejores condiciones y el acceso más seguro para el desembarco de civiles». Aun así, la operación en Puerto Naos, que carece de base naval, conlleva una ejecución muy cuidada y medida a la hora de tocar tierra. «Este es un reto para la Armada», manifestó Cuadrado. «Pero este es nuestro trabajo y nuestra razón de ser», concluyó, a lo que añadió, en respuesta a la duración de la operación, que «nos quedaremos el tiempo que haga falta, lo que demanden los palmeros». | N. N.

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