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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Desahucios

"No, por favor; no nos echen de nuestra casa"

La jueza suspende el desahucio de una familia con tres menores en Mislata ante la presión de la PAH, que se atrincheró en el portal

Suspenden el desahucio de una mujer con sus nietos en Mislata.

Hubo lágrimas. Muchas. Unas, al principio. Otras, al final. Las primeras, de rabia y pena. Las últimas, de felicidad, aunque sea momentánea. Entre unas y otras pasaron más de tres largas horas en las que hubo de todo: una presión brutal de la PAH, con atrincheramiento en el portal; un amplio dispositivo policial, incluso con agentes armados con escopetas de balas de goma; y una negociación contrarreloj entre la jueza, con las funcionarias del juzgado de intermediarias, la PAH, los Servicios Sociales municipales y la propia Policía Nacional.

La Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH) convocó este miércoles a sus huestes, también a la prensa, a las 11 de la mañana para tratar evitar el desahucio de Clemencia, una mujer con un 33% de discapacidad y que vive con su marido, sus hijos y nietos, ocho personas en total de los que tres son menores, en una vivienda del Mislata. Desde la entidad explicaban que la afectada tenía a favor un fallo del juzgado que le reconocía el derecho a permanecer en su vivienda hasta 2024. También un informe de los Servicios Sociales de Mislata que acreditaba la situación de vulnerabilidad de la mujer. El problema había surgido a raíz de un recurso del fondo que se ha quedado con el inmueble, que hizo que la jueza fallara a favor de la mercantil, dictando su desahucio.

Moratoria por la pandemia

La PAH presentó el pasado 24 de noviembre un escrito (a título particular de Clemencia, sin abogado ni procurador) alertando del incumplimiento de la normativa actual que impide los desahucios de familias vulnerables sin alternativa habitacional, al menos hasta el 28 de febrero. Dicho escrito no había obtenido respuesta. «No sé dónde vamos a ir», lloraba la hija de Clemencia entre miembros de la PAH.

Pasadas las 11.30 horas, llegaban hasta las inmediaciones, el cerrajero, las funcionarias del juzgado y un enviado de la mercantil. También estaban desplegados agentes de la Policía Nacional y Local, menos de una decena. La PAH les recibió al grito de «este desahucio lo vamos a parar» y «hay niños en la calle y no le importa a nadie», entre otros cánticos. De las palabras pasaron a los hechos. Una decena de integrantes de la plataforma se atrincheró en el portal del edificio donde vive Clemencia para cerrar el paso. 

Mientras, la afectada y su familia, entre ellos un niña y un niño de seis y cuatro años, se asomaban al balcón, temiendo vivir sus últimos días en esa casa. Las funcionarias llamaron al timbre para subir y ejecutar el alzamiento. Nadie abrió. Y la PAH actuaba de barrera en el portal, por si acaso.

Ante el cariz que estaba tomando la película, la Policía comenzó a movilizar efectivos con el claro objetivo de culminar el desalojo. Por su lado, las funcionarias llamaron al juzgado para advertir a la jueza la de que se estaba montando, además de recordar la presencia de la prensa.

Con la PAH encerrada en el portal, empezaron a llegar unidades de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) de la Policía Nacional. También más Policía Local, entre ellos el propio comisario jefe. La cosa se ponía sería. Clemencia y su familia eran conscientes de lo que se avecinaba. «No, por favor; no nos echen de nuestra casa», gritaban todos desde el balcón a lágrima viva, incluso los pequeños juntaban sus palmas implorando al cielo. 

Negociación con la jueza

Media docena de UPR rodearon el portal y desalojaron a los pocos miembros de la PAH que estaban en la calle. Hubo tensión, algún zarandeo, pero no pasó de ahí. Con la presencia ya de los servicios sociales y la agente al mando del operativo, que mostró un gran tacto durante toda la actuación, se inició una larga negociación con los portavoces de la PAH para tratar de desatacar la situación. Tras varias conversaciones a muchas bandas, y con la jueza al teléfono, al final, el marido de Clemencia firmó la suspensión del alzamiento por motivos de seguridad y orden público, dadas las consecuencias de entrar a la fuerza. Las funcionarias advirtieron que, aunque no hay fecha, recibirán una nueva notificación. 

La felicidad entre la familia de Clemencia era evidente y nadie podía contender las lágrimas. «Gracias a todos, gracias», decía la mujer. José Luis, su marido, reconocía que «lo hemos pasado muy mal, sobre todo los niños. Ahora a buscar una vivienda donde podamos irnos». Parece que la EVHA ya lo está gestionando.

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