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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Indigencia

La vida bajo cero debajo de una carretera

Narciso reside bajo la N-120, en la orilla del Miño, en Ourense: “Esta es mi casa, para mí el albergue es la cárcel”

Narciso Barreira y su perro Alien, en la infravivienda bajo la N-120 en la que vive desde 2019.

En una especie de cueva que el Miño había horadado bajo la nacional N-120, Narciso Barreira fue ampliando el espacio hasta ganar un lugar a resguardo que ahora tiene 1,8 metros de altura. Duerme en el interior de la piedra, recogiéndose bajo las mantas y con la compañía de su perro Alien, revoltoso.

Ahí soporta la vida sin hogar incluso cuando la temperatura, como esta semana en Ourense, baja de los tres y cuatro grados bajo cero. “Llegué el 1 de noviembre de 2019, hace 26 meses, y desde entonces no he tenido ni un pequeño resfriado”.

La niebla anclada en el lecho del río intensifica la sensación de frío. El rumor del Miño, que corre con más ganas a la altura del Puente del Milenio, pone la banda sonora. “El ruido me encanta”, asegura Narciso. Una bandera de Portugal da la bienvenida a su vivienda precaria. Unas persianas y unas sábanas son el cierre improvisado.

Construyó unas escaleras y una zona de jardín; aprovechó una tubería que tenía pérdidas para recoger agua. “Esto era una jungla” , comparte. Se dedica a sacar sonrisas, a dibujar ilusión en los rostros de padres y niños. Desde que llegó a Ourense crea pompas de jabón gigantes. Hace unos años, estaba en una de las entradas del centro comercial. En los últimos tiempos acude al Posío, al Parque de San Lázaro y a Paz Nóvoa.

Bajo la plataforma de la N-120, por la que transitan miles de vehículos al día y cientos de runners, Narciso tiene un rincón para cocinar con una bombona, un espejo para asearse y varias sillas para descansar. En una cota inferior, cerca del lecho, hace fuego en ocasiones para calentarse. “Yo me lo curro bien, mira cuánta ropa de abrigo tengo”, dice mientras enseña varias prendas así como dos sacos con mantas que le ha donado el comercio Hermanos Barros. “Esto para mí no es vivir en la calle, esta es mi casa. Para mí el albergue es como la cárcel”, afirma.

Entre 30 y 35 personas en Ourense duermen en la calle, en situaciones incluso más difíciles que las de Narciso: portales, cajeros, construcciones en ruinas... Es una cifra que varía y a la que hay que sumar la realidad de los transeúntes que van y vienen desde otras ciudades. Una movilidad que se redujo en lo peor de la pandemia debido a las restricciones.

Las causas son variadas y ajustadas a cada persona: “Suelen ser varias situaciones traumáticas o de choque, repentinas, que se acumulan en un momento dado y a las que, por falta de apoyo o de habilidades sociales, no consigue hacer frente”

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Cruz Roja realiza salidas periódicas para entregar productos de primera necesidad a estas personas, además de informar de los recursos de distintas entidades y administraciones que hay a su alcance. El objetivo es prestar una atención integral y poder acompañar al beneficiario hasta que consiga salir de esa situación sin hogar. Tener un techo es un derecho básico.

El perfil habitual es el de un hombre solo de mediana edad. El número de mujeres ha aumentado en los últimos años, hasta representar en la actualidad un porcentaje de en torno a un 25%. Las causas que llevan a una persona a vivir en la calle o en infraviviendas son variadas, ajustadas a las circunstancias individuales.

En 2021, Cruz Roja atendió a 227 personas en el proyecto para personas sin hogar, un número inferior a antes de la pandemia, porque la movilidad se redujo. La entidad hizo unas 110 salidas a la calle para atender al mismo número de personas

“Suelen ser varias situaciones traumáticas o de choque, repentinas, que se acumulan en un momento dado y a las que, por falta de apoyo o de habilidades sociales, no consigue hacer frente”, indica Isis Sanmartín, educadora social y técnica del proyecto de atención integral a personas sin hogar de Cruz Roja en Ourense, una iniciativa que la Xunta financia en las siete grandes ciudades.

Nadie está libre de poder sufrir esta situación. No sabes si la muerte de un familiar, un divorcio o una mala situación económica puede hacer no saber cómo gestionar un momento crítico y acabar en la calle”, completa la especialista.

La entidad atiende las necesidades básicas, con salidas que se intensifican durante la ola de frío –lleva bebidas calientes, alimentos, ropa de abrigo, mantas, sacos de dormir o esterillas– y también plantea objetivos y asesora sobre los recursos al alcance, como el albergue municipal del Fogar do Transeúnte.

“Intentamos que accedan a los recursos para que puedan llegar a vivir de una forma autónoma e independiente. A veces es necesario trabajar algo tan básico como la higiene o las habilidades sociales, de manera que les ayude a llevar una vida normalizada"

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“Intentamos que acudan y puedan hacer uso de los servicios públicos y de los que las distintas entidades ponen a su disposición”. Las técnicas y voluntarias también se ocupan de una labor de acompañamiento, en citas médicas, gestiones administrativas, entrevistas de trabajo e incluso en las primeras jornadas en el puesto laboral. También se ocupan de buscar una vivienda o una residencia, así como de entablar contacto con las familias para ver si es posible recuperar los lazos.

“Intentamos que accedan a los recursos para que puedan llegar a vivir de una forma autónoma e independiente. A veces es necesario trabajar algo tan básico como la higiene o las habilidades sociales, de manera que les ayude a llevar una vida normalizada, como cualquier otro. Está claro que la persona tiene que querer salir y estar en un punto idóneo”, explica la educadora.

En 2021, Cruz Roja atendió a 227 personas en el proyecto para personas sin hogar, un número inferior a antes de la pandemia, porque la movilidad se redujo. La entidad hizo unas 110 salidas a la calle para atender al mismo número de personas.

“Desistir y rendirme no existen en mi vocabulario”

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Llegar con un café caliente y una manta crea un ambiente hospitalario. “Muchas veces es un punto de partida, un dar la mano para ver qué problemas, barreras y oportunidades hay. Nos da pie a plantear cosas”, reconoce Isis Sanmartín.

La intervención de la entidad ha conseguido casos de éxito. Salir de la calle es posible. La educadora social enumera varios ejemplos: “Una mujer que estaba en una situación crítica consiguió una vivienda propia gracias al trabajo con Cáritas, Sergas y el Comité Antisida. Hay otra persona que consiguió una plaza en una residencia. Un señor entró en una pensión y una vez al mes vamos a verlo para acompañarlo en trámites. Otra mujer que estaba en situación de calle tuvo un ingreso en el hospital y mediamos con la familia para retomar el contacto, hasta el punto de que volvió con ellos”.

El frío castiga la piel pero Nicanor sonríe. Cruz Roja le lleva alimentos y él va pensando en cómo organizarse. El martes su plan era cocinar costilla de cerdo con pasta, “para mí y para mi mejor amigo" –dice mientras Alien ladra–, “que come mi comida igual que yo”.

El invierno hace más complicada la vida, pero el artista de las pompas de jabón resuelve: “Desistir y rendirme no existen en mi vocabulario”.

El frío continúa tras un martes con -7,5 en Calvos y -3 en la ciudad

El miércoles y el jueves, la ciudad de Ourense tendrá una mínima de -3º, al igual que el martes. Siguen el frío y el anticiclón, con nieblas matinales en el interior.

Calvos de Randín marcó ayer, de nuevo, la mínima gallega: -7,5. Hubo -7 en Xinzo y -6,9 en Verín a primera hora del martes.


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