Educación

Aprender matemáticas con obras de arte

El profesor Ángel Rodríguez sostiene que se puede revertir el rechazo a esa asignatura y propone reforzar la enseñanza con el juego y la observación de piezas artísticas

Ángel Rodríguez realiza una demostración de su proyecto de enseñar matemáticas con obras de arte en una exposición de Javier Camarasa en el CAAM.

Ángel Rodríguez realiza una demostración de su proyecto de enseñar matemáticas con obras de arte en una exposición de Javier Camarasa en el CAAM. / Ramón del Pino

Los humanos saben matemáticas, pero en muchos casos no son conscientes de que saben porque la enseñanza que reciben está orientada a memorizar, no a emocionarse y motivarse con todas las matemáticas que observa a su alrededor sin darse cuenta. Con esa premisa, el profesor Ángel Rodríguez propone un método de aprendizaje de la aritmética y la geometría a través de obras de arte o elementos cotidianos.       

¿Puede una obra de arte contener una lección de matemáticas? ¿Y puede una lección de matemáticas ser una pieza artística? Estas preguntas y otras muchas reflexiones a lo largo de su vida como profesor de instituto han llevado a Ángel Rodríguez Rivero a proponer un método de enseñanza de esta asignatura basado en juegos con pinturas, esculturas y elementos que se pueden encontrar en cualquier hogar o museo. 

Licenciado en Matemáticas por la Universidad de La Laguna y profesor en la enseñanza secundaria durante más de tres décadas, confiesa que durante gran parte de su labor como docente no utilizó ningún libro para impartir las clases a sus alumnos, siempre con buenos resultados, pues considera que «estimular el pensamiento y no decir a los niños y niñas lo que tienen que pensar es la forma correcta de enseñar matemáticas». 

Al hilo del último Informe Pisa, que evidencia el retraso de España y de Canarias en particular, y del refuerzo de esa asignatura anunciado por el presidente Pedro Sánchez, la propuesta de este profesor es implicar a los padres y a toda la sociedad en la enseñanza de las matemáticas con ejemplos prácticos y herramientas que forman parte del día a día de cualquier ciudadano, aunque todavía no lo sepa. 

«Hay lecciones de matemáticas en Las Meninas, pero también en un reloj analógico o en las monedas», afirma

«Hay lecciones de matemáticas en Las Meninas, en el arte clásico y el moderno, en los museos, pero también en un reloj analógico, en las monedas, en las fachadas, en los armarios, en las cartas de la baraja, en los juegos de mesa, en el boliche, en el deporte, incluso en el humilde e íntimo papel higiénico», sostiene Rodríguez, vecino del municipio de Valleseco y recién jubilado tras pasar por institutos de la capital y Teror, su último destino. A su juicio, «explicitar  esas lecciones se torna urgente» a la vista de los resultados escolares en esa materia.  

Opina también que «la incapacidad para enseñar matemáticas es un mal estructural de nuestra sociedad, obscenamente individualista». Reforzar el sistema educativo con un incremento de la inversión y mejorando la formación del profesorado «es necesario, pero no suficiente para erradicarlo, pues la escuela sola no puede y las familias solas tampoco», subraya.

En el documento que contiene su propuesta de aprender jugando con el arte, que ha remitido ya a las autoridades educativas y a varias entidades relacionadas con la enseñanza de esta materia, Rodríguez reconoce que «las matemáticas han sido y siguen siendo impopulares entre el estudiantado y para la sociedad en general», como confirman los resultados de las pruebas internacionales tipo Informe Pisa. 

Jóvenes y pantallas

También recuerda que «cada vez son más las voces que alertan de los daños potenciales de una excesiva exposición de los más jóvenes a las pantallas, sobre todo por el tiempo escatimado a otras actividades que han demostrado ser más eficaces desde el punto de vista de la formación integral del individuo». 

Se da por sentado que las matemáticas son la actividad humana que se encarga de contar, medir y ordenar, pero avisa que «cada vez son más los alumnos que crecen en mundos donde esas destrezas están más ausentes de su entorno inmediato y cotidiano; lo que hace que los intentos de la escuela para contextualizar los aprendizajes, preceptivo por las leyes educativas, demasiadas veces resulten estériles». 

Pone como ejemplo que la escuela enseña a resolver los algoritmos para las cuatro reglas básicas de la aritmética, pero las cuentan en el supermercado las hacen de forma automática las maquinas registradoras después de escanear los códigos de los artículos de la compra. «¿Dónde conviven los niños en situaciones fuera del colegio en las que haya que resolver operaciones aritméticas?», se pregunta. Antes, cuando el uso de monedas era generalizado, se realizaban cálculos matemáticos con el simple hecho de ir a la tienda a comprar, pagar y recibir el cambio. 

Durante gran parte de su labor docente no utilizó los libros para impartir la asignatura y tuvo buenos resultados

Piensa que hay que utilizar esos ejemplos para motivar a los alumnos a pensar por su cuenta, no a memorizar unas fórmulas. ¿Acaso no son las estrellas del fútbol unos artistas en el uso de la geometría para observar todo lo que tienen a su alrededor y calcular el sitio concreto al que tienen que desplazar el balón? 

Tras sostener que las matemáticas «son condición necesaria pero no suficiente para ser humanos», apunta que «la evolución nos ha dotado de la pulsión por el juego como estrategia de aprendizaje, pero un mundo que muestra desafección por el juego en la niñez es un mundo que da la espalda al amor, la belleza y la inteligencia, que son el motor y la causa primera del ser de la humanidad». 

Las sociedades desarrolladas, concluye Rodríguez, muestran frente a las matemáticas dos realidades antagónicas. Primero, la evolución, a través de la capacidad para fabricar herramientas que permiten resolver problemas, y que ha dotado a los humanos de un cerebro con una sorprendente capacidad lógica y por tanto con habilidad innata para las matemáticas. 

Y por otro lado, una enseñanza «demasiado abstracta y formal ha hecho que en la actualidad muchas personas las identifiquen con su traumática experiencia escolar y es el motivo de su impopularidad y del rechazo que sufren». 

Estimular la imaginación de los niños

Ángel Rodríguez expone que su proyecto propone «acciones que permitan un cambio de la percepción popular que se tiene de las matemáticas, enfatizando sus aspectos lúdicos y creativos porque son tan importantes como su parte lógica y formal». Y recuerda que Einstein señalaba que la inteligencia era importante, pero que la imaginación lo era aún más. «Tradicionalmente la instrucción escolar no ha tenido en cuenta el papel de las emociones y de la motivación en el aprendizaje», señala. Por tanto, plantea que «ayudar a otra persona a mejorar en matemáticas es poner las condiciones para estimular y provocar su propio pensamiento a través de la manipulación, la observación y el juego».