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Caso Abierto - La Provincia - Diario de Las Palmas

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Condenado a 240 años el líder de la mayor red española de pornografía infantil

La sentencia contra este ciudadano francés llega cuando faltaban seis días para que este pederasta recuperara temporalmente su libertad

Los tres líderes de la red junto a una víctima en una imagen recuperada por los Mossos.

Jean Luc Aschbacher y Christian Bernard Georges Arson, los dos ciudadanos franceses considerados líderes de la mayor red de pornografía infantil desarticulada hasta la fecha en España, han sido condenados por la Audiencia de Tarragona a 240 años de prisión, el primero, y 19 años, el segundo. La sentencia pone fin a un extenuante proceso que se ha alargado más de siete años desde que fueron arrestados por los Mossos d'Esquadra, en junio de 2015. El fallo judicial confirma que tras la apariencia legal de la productora Productos Aschom S.L. se escondía una sórdida factoría que grabó en Barcelona y Tortosa más de un millón de imágenes de niños explotados sexualmente en más de 300 rodajes. La detención de estos dos pederastas condujo a una célula integrada por siete explotadores que habían abusado de 103 menores españoles y marroquíes para generar contenidos que compraron 593 hombres de 45 países distintos.

La sentencia, a la que ha tenido acceso EL PERIÓDICO, diario que pertenece al mismo grupo que este medio, lleva fecha de 25 de agosto de 2022, seis días antes de que se agotara la prisión preventiva para Aschbacher, lo cual habría significado que también él quedara en libertad a la espera del fallo judicial. Eso es lo que pasó hace pocos meses con su socio, Arson, que al acabar su tiempo de arresto cautelar y, ante la indignación general, salió a la calle. Ahora, tras esta sentencia, deberá regresar a la cárcel. La indignación por el regreso temporal de ambos a la sociedad no se debía únicamente al hecho de que Aschbacher y Arson son depredadores de niños, sino también a que los dos ya se dieron a la fuga la primera vez que se les juzgaba por estos hechos en 2019. Asistieron junto al resto de integrantes de la red a las primeras sesiones, pero después escaparon. José Cardona Serrat, Fernando Aguilera Garrido, Miguel Avilés Fernández y Martín Rafael Chanza Almudéver, que no huyeron, sí fueron condenados a 132 años, a 59 años, a 43 años y a 20 años, respectivamente. Esta célula estaba integrada por un séptimo miembro, Youness en Naciri, un joven que comenzó siendo víctima de Aschbacher y Arson pero que acabó trabajando para ellos. Este último pedófilo también se dio a la fuga con los dos franceses durante el primer juicio y es el único que actualmente sigue en paradero desconocido.

Los Mossos, tras la huida de Aschbacher, Arson y Youness activaron una operación para encontrarlos y devolverlos a manos del tribunal de Tarragona. La policía francesa, en parte gracias a la información recabada por los investigadores catalanes, los localizó en el sur de Francia en mayo de 2021. En febrero del presente año se juzgó a Aschbacher y Arson al que obligó su escapada a repetir un juicio en el que habían reunido el valor de declarar una veintena de víctimas explotadas sexualmente por esta red. Este 25 de agosto finalmente han sido formalmente condenados. 

Los hechos probados

La Audiencia de Tarragona considera a Aschbacher culpable de captar a menores vulnerables de entre 11 y 16 años, algunos de los cuales extranjeros tutelados por la Generalitat, para abusar sexualmente de ellos, grabarlo y distribuirlo a pedófilos del resto del planeta. Por estos hechos, el tribunal lo condena a 240 años de prisión y a reparar con 300.000 euros a 18 de sus víctimas, las únicas que entre la Direcció General d’Atenció a la Infància i l’Adolescència (DGAIA) y los Mossos han podido localizar para que declaren ante el tribunal. Pero las víctimas de esta red fueron muchas más, más de cien. Porque en este condena no están incluidos los abusos que cometieron contra víctimas que no han podido localizar, o que han localizado y no han querido declarara para revivir aquellos hechos, o que ni siquiera han podido identificar, a pesar de los esfuerzos de policías y educadores sociales. Entre otras cosas, porque muchas de las grabaciones no se realizaron en España. La red también viajaba al extranjero, de turismo sexual por países en vías de desarrollo o por ciudades con extrarradios pobres. Constan viajes a Sri Lanka, Tailandia, Laos, Camboya, Túnez, Singapur, Bali, Java, Turquía, República Checa, Kenia, Francia. 

Arson, que ayudaba a Aschbacher a hacer sus grabaciones, acudió a esos viajes, en compañía de algunos de los cuatro españoles condenados en el juicio anterior. Pero Arson no abusó de ninguna de las 18 víctimas presentes en este juicio y ha sido condenado solo a 19 años de prisión por captación de menores, por producción y distribución infantil y también por formar parte de la organización criminal que lideraba Aschbacher, porque así es como considera la justicia española a la empresa legal Productos Aschom S.L.. 

Ubicada en la calle de Tapioles del barrio de Poble-sec de Barcelona, la productora era también el domicilio de Aschbacher. Entre 2002 y 2011, cuando se trasladó a Tortosa –donde fue finalmente arrestado junto a Arson en 2015–, Aschbacher dejó de producir porno gay para hacer porno infantil. La eclosión de internet hizo que únicamente los contenidos prohibidos dieran dinero. Aschbacher captaba a los chicos por la calle, muchos de ellos árabes en situación de desarraigo. Los entretenía con videojuegos, les dejaba beber alcohol, les ponía películas pornográficas para heterosexuales y así se ganaba su confianza. Después, aprovechándose de su edad y de su pobreza, les pagaba cantidades ínfimas de entre 10 y 20 euros para que se dejaran grabar desnudos, o masturbándose, o siendo abusados por el propio Ashbacher. Arson participó de un buen número de aquellos siniestros rodajes, que se repitieron con menores de la misma extracción social, tanto españoles como extranjeros, hasta que en 2015 fueron arrestados por los Mossos en Tortosa junto a Youness en Naciry –la víctima que pasó a ser victimario ejerciendo de anzuelo para sus violadores–. Por eso los investigadores llamaron a este caso Trinity, porque eran tres.

La sentencia consta de más de 500 folios que incluyen descripciones de lo que sufrió cada una de estas víctimas y las secuelas psicológicas que les han dejado. Algunos afirman seguir sintiendo rabia por lo que les hicieron cuando eran unos críos. Otros hablan de vergüenza. También los hay que siguen sintiendo miedo a que vuelvan a hacerles daño. O el profundo malestar que ha supuesto el hecho que sus familias hayan terminado averiguando que salen en fotografías o vídeos de consumo para pedófilos. Hay víctimas que han podido superarlo y otras, pocas, que han desarrollado conductas delictivas o autodestructivas. 

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