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Una oleada de robos atemoriza a los comerciantes del pueblo de Jinámar

Algunos dueños han tenido que dormir en sus negocios para impedir que los asalten por la noche - Afirman que sus denuncias no son atendidas por la Policía

Panorámica de la carretera general de Jinámar, donde están ubicados los comercios del pueblo, ayer.

Panorámica de la carretera general de Jinámar, donde están ubicados los comercios del pueblo, ayer.

Una historia para no dormir y el temor a flor de piel día tras día. Ésta es, en resumen, la situación por la que atraviesan los comerciantes de la carretera general de Jinámar, la vía principal de este pueblo perteneciente al municipio de Telde y que lleva meses atemorizado por la oleada de robos que tienen a los negocios de la zona como víctimas de los ladrones y sin protección porque se echa en falta a la Policía.

Los propietarios de los establecimientos, algunos se han atrevido a hablar y otros prefieren mantenerse en el anonimato, observan con impotencia y desesperación cómo sus denuncias ante la Policía Nacional caen en saco roto por la falta de efectivos de este cuerpo de seguridad del Estado, "admitida por el comisario, que nos ha dicho que debe recurrir a agentes destinados al Aeropuerto para cubrir los servicios", alega Gonzalo Rodríguez, propietario del bar BB y BT y que en las fiestas de la Caña Dulce, al igual que otros propietarios de negocios, tuvieron que dormir en ellos para impedir que les asaltasen por la noche. Unos asaltos continuos que golpean la economía de estos pequeños empresarios, ya que a algunos les han llegado a robar cuatro veces en un mes.

Y ello debido a que la presentación de las denuncias -durante el recién acabado año hubo 50- no les ha valido para nada, como destaca Pablo Rodríguez, presidente de la asociación de vecinos La Concepción. Rodríguez afirma que "ir a la Comisaría es ya perder el tiempo, esperamos tres o más horas para que nos atiendan y no nos ofrecen soluciones".

Otra empresaria molesta por la falta de vigilancia en Jinámar es Inmaculada Hernández, dueña de la Ferretería Jinámar, a quien incluso le rociaron el coche con gasolina y se lo intentaron quemar. "La suerte fue que ese día estaban agentes de la Policía porque se acercaron al ver cómo iba la reunión que mantuvimos todos los empresarios y vecinos y se pudo sofocar a tiempo el fuego, pero la reparación ya me ha costado más de 300 euros", argumenta al tiempo con contundencia: "nos han tomado el pelo en la reunión que hubo en la Delegación del Gobierno y estamos desamparados". Otros 12 coches fueron asaltados en la calle Granada en la víspera de Reyes de 2015 y nueve en la calle Pedro Rivera hace ahora un año. Son ejemplos del vandalismo que impera por las calles y que vecinos y comerciantes ya no saben qué hacer para que se les preste atención.

Pablo Rodríguez, que muestra en la sede de la asociación una remesa de esas denuncias, alega que "luego en las estadísticas dicen que ha bajado el número de denuncias. Claro, para qué se presentan si no se solucionan nuestros problemas".

Gonzalo Rodríguez ha tenido que realizar un importante gasto para reforzar la puerta de su bar y en la colocación de cámaras de vigilancia, pero no las tiene todas consigo. Lo mismo le ha ocurrido a Carlos Medina, propietario del supermercado Spar de Jinámar, acostumbrado a los pequeños hurtos diarios, pero que al año le suponen una importante pérdida económica que ayer cifró en más de 14.000 euros lo hurtado en 2015. Medina colocará unas puertas en su negocio para que "los clientes al salir deban pasar por las cajas y no como ahora, que facilita que quienes hurtan salgan sin problemas".

Inmaculada Hernández no entiende cómo no "nos pueden destinar durante solo cuatro horas, desde las 12 de la noche a las cuatro de la madrugada un coche de policía que vigile en ese horario, que es cuando los ladrones eligen para meterse en nuestros negocios. Nosotros solo pedimos eso porque nos sentiríamos más seguros y es nuestro derecho porque pagamos impuestos como todo el mundo y no recibimos nada".

Gonzalo Rodríguez también se muestra crítico con la postura del Ayuntamiento de Telde. "Mientras que la Delegación del Gobierno nos contestó en diez días, todavía estamos esperando que la alcaldesa se reúna con nosotros para explicarle nuestra situación".

Aunque no han decidido nada en concreto, ya se plantean como medida de presión sentarse en sillas en plena carretera general de Jinámar "a ver si así las autoridades nos hacen caso de una vez", alegan.

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