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La vuelta al mundo en 42.000 piezas

El teldense Tomás Torres Roque culmina el segundo mayor puzle que se comercializa

La vuelta al mundo en 42.000 piezas

La vuelta al mundo en 42.000 piezas

Tomás Torres Roque terminó un día hasta el moño de los crucigramas, tras resolver todo aquél que se le ponía por delante, y sin entender muy bien el por qué se encontró acuclillado sobre el suelo en una banda de su alcoba, montando el primer puzle de su vida. "Era algo de casas morunas, como los techos de los apartamentos esos que se ven en el sur".

Torres Roque tiene 75 años, está muy felizmente casado, es padre de dos hijos, abuelo de tres nietos y es hombre de una calle sola. "Granada de Jinámar, aquí nací, aquí me crié, y aquí me moriré, asegura en la asociación de vecinos que ayer estrenaba su última y más espectacular obra, uno de los mayores puzles que se comercializan, titulado La vuelta al mundo, con el que Tomás, este señor de una calle sola, lleva viajando desde que Pedro Sánchez mandó parar. "No, si a mí el confinamiento me vino cojonudo".

Torres es un puzlero hecho a sí mismo, tras aprender las cuatro reglas, "y otras cuatro letras por la noche gracias a unos maestros nacionales que nos daban alguna clase cuando caía la tarde después de estar todo el día trabajando. De hecho las palabras que sé y parte de los que he aprendido es gracias a los dichosos crucigramas, que hasta mi mujer me dice: chacho, bien que sabes cosas".

Desde que tenía 7 años comenzó a ganarse la vida en la finca de la condesa, "amarrando tomateros", y luego ya de galletón y siguientes estadíos, "repartiendo zumos Libby en la Cruz de La Gallina, hasta que me jubilé".

Asevera que comenzó a trajinar con las piezas a los siete u ocho años de casarse, "pero no porque estuviera aburrido de mi mujer", puntualiza como si le fuera un cogotazo en ello. "Al contrario, ella contenta porque le encanta coser y así estamos los dos entretenidos. Yo tengo mi cuarto de los puzles en el piso de arriba y ella me ayuda trayéndome un cafecito, un vinito o una cervecita fría, según estén los tiempos".

Esta conjunción de aficiones tiene su estandarte en la mismísima cabecera de la cama matrimonial, donde ha guindado, "en vez de santos y crucifijos", un tremendo rompecabezas de 13.200 piezas que luce un jardín lleno de flores "con muchos tulipanes que deja a la gente maravillada y con la boca abierta".

A lo largo de su trayectoria en el asunto ya ha montado "18 grandotes", categoría que reserva el artista para las obras de más de 10.000 piezas y que a falta de espacio en casa pues va regalando a amigos y parientes, en ocasiones con alguna que otra dantesca historia detrás, como el que cedió a un compadre "con la imagen de las Torres Gemelas antes del desastre y que resultó que al poco de dárselo van y las derriban, ya no existen, y siempre me ha quedado rondando en la cabeza que quién me mandaría a mí regalar aquello".

Buena parte de los que ha ejecutado son de arquitectura. Ahí, en la propia sede vecinal cuelga uno del puente de Brooklyn en primer plano con el skyline de Nueva York retratado con 13.200 unidades. Otro más allá es una recreación fantástica de varias ruinas mayas, configurado con 18.000 teselas de cartón.

Así es como fue subiendo de nivel, al mismo tiempo que la editorial Educa ha ido lanzado al mercado estos gigantes que muy pocos aficionados logran terminar, a no ser que se pongan a cien personas para acabarlo en dos días, como ocurrió en Navarra con Vida Salvaje, de 33.600 piezas, y que él solito colmató en 2015. Una placa conmemora la odisea, no en vano en ese momento era el más grande del mundo.

Y a medida que va aumentando el tamaño Tomás está al loro y se hace con él. Para hacerse una idea del tarajullo de La vuelta al mundo, hay que recurrir a cifras. La caja pesa 22 kilos, -"algunos te llegan hasta con ruedas con cojinetes para transportarlo"-, contiene siete bolsas con 6.000 piezas cada una y la obra resultante tiene siete metros y medio de ancho por más de metro y medio de alto. Traerlo a Canarias, ya que lo compra por internet en Sevilla, le ha salido con portes incluidos más de 500 euros, a lo que se suma ya puestos en gastos las cuatro capas de barniz sintético que fija el resultado, y el bastidor de aluminio que le ha hecho él mismo en un garaje.

Pero, ¿cómo lo hace? "Tú desayunas y ya te pones a eso. Cuando notas que a las piernitas le faltan circulación te haces media hora de bicicleta estática y luego al puzle otra vez. Lo principal es que no haya bulla. Con bulla no hay forma. Luego vas apartando por colores. Si el puente es muy rojo, pues apartas en una cajita. Si ves que hay un avioncito, pues pones mala idea y cuando te encuentras alguna pieza sospechosa, para la fajita, y así vas reduciendo el paño, dejando lo difícil como un cielo azul para el final".

Y ojo, que hay que tener cuidado con las trampas. "Yo a los de Educa les tengo cogido el güiro, porque te ponen adrede alguna pieza que corresponde a un paquete en otro, y claro, te chiflas, ves que te faltan dos de un paño, y luego aparecen en otro, pero creo que lo hacen para dar emoción?"

Ahí es cuando se entera que la casa Kodak ha sacado al godzilla de los puzles, de 51.300 piezas con 27 maravillas del planeta. A Tomás se le ponen los ojos como chernes. "¿Ah, sí? Desde que salga de aquí voy a mirarlo".

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