El rastro de los esclavos en el arte canario

Una ruta guiada en Telde rescata el pasado de las personas esclavizadas más allá de los ingenios azucareros

Diego Flores, a la izquierda, cuenta los casos de los esclavos que lograron escapar a los asistentes de su ruta guiada, en el rincón Plácido Fleitas.

Diego Flores, a la izquierda, cuenta los casos de los esclavos que lograron escapar a los asistentes de su ruta guiada, en el rincón Plácido Fleitas. / LP/DLP

Benyara Machinea

Benyara Machinea

El papel de los esclavos en Canarias va más allá de sus trabajos en los ingenios azucareros. Algunos de los que alcanzaron la libertad desarrollaron su talento oculto en el arte y en la escultura.

Un joven esclavo conocido como Felipe de Malaca, en alusión al apodo que recibían antiguamente los procedentes del sureste asiático, encontró en Melenara un velero vacío y se embarcó rápidamente junto a un grupo de personas en su misma situación, que esperaban comenzar una vida libre en el continente africano. A los pocos metros de viaje, otro buque frustró sus efímeros sueños y les devolvió a una finca agrícola para trabajar hasta la extenuación. Otros tuvieron más suerte, como Francisco de Paula, que logró la libertad y se dedicó a plasmar su arte a través de la pintura. Suyo es el cuadro de la Virgen del Pino, creado en el siglo XVII, que espera en los almacenes del Cabildo de Gran Canaria su traslado al futuro museo de Bellas Artes del Hospital San Martín.

"Todo el mundo suele tener esta perspectiva de gente trabajando en campos de cultivo e ingenios azucareros, que no deja de ser verdad porque la mayoría de personas trabajaron ahí, pero también se dedicaron por ejemplo a hacer cuadros o esculturas", explicó Diego Flores, impulsor de Axis Mundi. En una ruta cultural por el centro histórico de Telde, que continuará el próximo viernes, el guía rescata una visión de la esclavitud en Canarias que va más allá de la mano de obra que ejercieron en las fincas rurales de la Isla y que recoge sus esperanzas, a veces fallidas y otras veces materializadas, de desarrollar sus talentos y perseguir su libertad.

El tráfico de esclavos vivió su auge en el Archipiélago entre los siglos XVI y XVII, en su mayoría con personas procedentes de África, aunque también hay registros, en menor medida, de personas esclavizadas del norte de Asia y América. Particularmente en Telde el impacto de estas prácticas fue aún mayor, pues el municipio contaba con cinco ingenios azucareros. En cada una de estas instalaciones, enfocadas en la producción de caña de azúcar, convivían entre 100 y 150 jornaleros y personas esclavizadas

Francisco de Paula, al alcanzar la libertad, creó obras y cuadros custodiados por el Cabildo insular

Los trabajos más duros recaían en las manos de los esclavizados, tanto hombres como mujeres, que se fueron instalando en el municipio y dejaron a su paso numerosos registros. Sin ir más lejos, "la partida de bautismo más antigua que se conserva en Telde es de una niña que nació esclava, que se llamaba Francisca", aclaró Flores.

Las partidas de bautismo reflejaban que la mayoría de los hijos nacidos en el municipio eran procedentes de madres "en teoría solteras", incide el guía. ¿Qué significa esto? Que en muchas ocasiones "se cree que eran los propios esclavistas los que forzaban a las mujeres, las violaban y ellas terminaban teniendo hijos". Aunque este dato puede evocar la imagen de familias numerosas con seis y siete hijos, lo cierto es que la media era bastante más cercana a la actual, de entre uno y dos retoños por cada madre. 

Hijos ilegítimos

"También es verdad que a muchas no las dejaban casarse con el padre porque eran esclavas", detalla Flores. Es por esto que aparece con cada vez más frecuencia la figura de los hijos ilegítimos. "Tenemos una imagen muy cinematográfica de todo esto, relacionada con el cine americano e inglés, y eso no se corresponde exactamente con lo que pasaba aquí", destaca el guía. Uno de los motivos por los que se cree que no les dejaban casarse es porque en los territorios que pertenecían a la corona de Castilla los esclavos podían comprar su libertad o podía venir su marido o su mujer y exigir que se le pusiese un precio por su libertad

Cuadro de la Virgen del Pino creado por Francisco de Paula.

Cuadro de la Virgen del Pino creado por Francisco de Paula. / LP/DLP

Los primeros casos de homosexualidad o sodomía criminalizados en Canarias también se relacionan con la llegada de las personas esclavizadas. "En Telde tenemos por ejemplo el caso de un esclavo llamado Luis, que se cree que era indio americano y mantuvo una relación con Francisco Inglés, el dueño de un ingenio", cuenta Flores. A ambos los acusaron de sodomía y les impusieron sus penas, aunque con un criterio bastante dispar. Mientras que a Luis le condenaron al destierro de Canarias, el noble solo tuvo que enfrentar el castigo de no tener más esclavos a su cargo. 

Otro de los casos más conocidos es el de Francisco de Guzmán, un joven de Argelia que, con 17 años, fue trasladado a San Cristóbal de La Laguna para ser esclavo del capitán general. En La Laguna le pillaron intentando escapar en barco y, para defenderse, dijo que iba a regresar a Argelia para practicar el Islam. "Algunos esclavos decían que, en vez de huir, lo que querían era practicar el Islam y así conseguían que, en vez de que les juzgase la justicia real por huidos, les juzgase la Inquisición por herejes, con castigos más suaves", aclaró Flores. Su destino, al igual que el de muchos prófugos, era el convento de San Francisco, donde debía pasar dos años para aprender a ser cristiano. 

Los primeros casos de sodomía juzgados en Canarias se produjeron entre dueños y esclavos

Cuando lo trasladaron a la capital, Guzmán fue encerrado en las celdas de la Inquisición, pero el día que lo iban a trasladar a Telde había desaparecido sin dejar rastro. Después de buscarlo durante dos semanas, lo encontraron prácticamente deshidratado en el Barranco Seco, tras emborracharse y tirarle piedras a todo el que se le cruzaba por el camino. Trataron de hacerle llegar al convento pero, como ese día venía un superior de Tenerife, optaron por dejarlo bajo vigilancia de un fraile, que "lo último que recuerda es a Francisco metiéndole una piedra en la cabeza", cuenta Flores. Así, a la tercera, hizo realidad su huida.

A mitad del siglo XVIII empezó la caída de estas prácticas en las Islas, en parte porque los dueños se dieron cuenta de que un jornalero, al que no tenían que pagar las comidas ni el alojamiento, les salía más rentable. En esa transición los papeles de los esclavos fueron reduciéndose al ámbito doméstico y cada vez más personas lograban la libertad y se especializaban en las artes. Sin embargo, Canarias tardó más en abandonar estas prácticas que el resto del país y el último caso data de 1840, cuatro años después de que se prohibieran estas prácticas, cuando Rosalía Gómez, en Tenerife, alcanzó al fin la libertad.