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UD Las Palmas La contracrónica y sala de prensa

La urgencia de un técnico

La UD realiza uno de sus peores partidos cuando parecía que había reaccionado

Raúl, Borja Herrera, David García, Hernán Santana, Hernán Toledo y Jonathan Viera -de izquierda a derecha- aplauden a los aficionados desplazados a Vitoria.

Raúl, Borja Herrera, David García, Hernán Santana, Hernán Toledo y Jonathan Viera -de izquierda a derecha- aplauden a los aficionados desplazados a Vitoria. LOF

Pasan los días y, mientras la UD todavía no tiene un nuevo entrenador tras tomar la decisión de destituir a Pako Ayestarán, LaLiga continúa. Prosigue su curso para demostrar, una vez más, que Las Palmas va a la deriva, sin un capitán que dirija el barco. Paquito funcionó como revulsivo, pero ese efecto ha durado menos de una semana. Vino bien al equipo, porque la libertad que dio a los jugadores ante el Betis fue determinante para vencer a un grupo hecho trizas y en horas muy bajas. Sin embargo, ante un rival completamente apuesto, y que venía con la misma inercia positiva de los amarillos, acabó estrellándose.

No es su culpa. Pero lo que evidencia la derrota en Mendizorroza frente al Alavés, rival directo en la lucha por la permanencia, es la necesidad urgente, imperiosa, de tener un entrenador cuanto antes que dote a la UD, por fin y de una vez por todas, de una identidad que, todavía en diciembre, sigue sin tener. Han pasado tres técnicos en lo que va de temporada y ninguno ha conseguido convencer a nadie de cuáles son las líneas maestras del juego de Las Palmas. Manolo Márquez intentó llevar a cabo una idea que no supo transmitir, Pako Ayestarán jugó a una cosa diferente con distintos jugadores cada partido y Paquito hizo lo que pudo, que ya es mucho.

Porque la victoria frente al Betis significó romper una racha de nueve jornadas sin ganar y, sobre todo, la reacción y el paso al frente de unos jugadores que demostraron un cambio de actitud y de compromiso notables. Pero todo es fue un auténtico espejismo, o quizá, la demostración de que el equipo de Quique Setién era el mejor rival al que se podía enfrentar cualquiera para conseguir un triunfo.

El peor partido

La realidad es que los amarillos jugaron ayer el peor partido de la temporada cuando se suponía que había resucitado. Recordó a la peor UD de los últimos meses del curso pasado, cuando cualquiera que necesitara ganar y jugara contra ella, ganaba. Recordó también a ese grupo de futbolistas que se pasaban el balón de un lado a otro sin crear peligro. Los de Paquito tuvieron el 66 por ciento de la posesión del balón y tiraron una vez a portería -un disparo de falta de Tannane-. Los de Abelardo sólo la tuvieron el 34 por ciento restante pero chutaron nueve veces entre palos. Sólo la enorme actuación de Raúl Lizoain, que realizó seis paradas pero también pudo haber hecho algo más en los dos tantos, evitó la goleada.

Ante este panorama, la llegada de un entrenador titulado que tenga las ideas claras y sepa transmitirlas se antoja primordial, porque pasan las jornadas y la UD continúa en puestos de descenso y que cómo un Alavés desahuciado hasta el lunes ha conseguido superarle con dos victorias en cinco días.

El club, a la espera

Al mismo tiempo que el equipo se hunde, en el club todavía se espera. Y lo hace, además, con cualquiera de las opciones que tiene para ocupar el banquillo. Aguarda por la UEFA hasta que esta decida si conceder o no la licencia para entrenar en España a Jorge Almirón, veredicto que según el presidente se conocerá "el lunes o el martes". Mientras, el argentino continúa en su país a la espera.

Pero la entidad amarilla también aguardaría por la que fue su primera opción para sustituir a Ayestarán: Paco Jémez. De fracasar el intento de contratar a Almirón, la UD se vería en la tesitura de decidir si esperar por el cordobés, que ha reconocido -al igual que el presidente- que tiene un acuerdo con el club para convertirse en el nuevo técnico siempre y cuando fuera después de las Navidades, o si activar un plan 'C', algo que no parece demasiado motivador.

Sea como fuere, parece evidente que el equipo necesita un jefe cuanto antes no sólo para dotar al equipo de una identidad, sino también para corregir unos errores de párvulo que le condenan un fin de semana sí y otro también.

Fallos infantiles

Ninguno de los tres técnicos que ha tenido Las Palmas ha sido capaz de solventar los vicios que viene arrastrando de la campaña pasada. Hace falta un entrenador, por ejemplo, para ordenar que los balones no se despejen hacia el centro, algo que ayer se hizo y provocó varias ocasiones de gol para el Alavés. O para que el equipo no recule en cada ataque del rival hasta meterse en su área, para que incite a enviar balones largos en ocasiones para superar la presión o para que ensaye las jugadas a balón parado bien, tanto las que hay que defender como las son a favor.

Paquito funcionó el domingo pasado pero no es suficiente; a fin y al cabo, todos saben en el vestuario que está de paso, pero lo que sobre todo tienen claro, es que el poder lo tienen ellos. Eso siempre ha sido así y seguirá siendo así, sólo que con el mando de un entrenador en el que crean verdaderamente los resultados suelen llegar.

Urge en la UD un nuevo capitán porque las jornadas vuelan y el equipo, cuando parecía que había reaccionado, ha vuelto a caer. A principios de semana habrá noticias. En cualquier caso, al que se siente el domingo contra el Espanyol no le queda otra que ganar.

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