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Narcotizados por el derbi

La tétrica descomposición de la UD, autogol de Ferigra, tres lesiones y la falta de garra de la segunda línea, se escenifica tras cautivar ante el ‘Tete’ | Sin Viera, estalló el caos

Adalberto Peñaranda, en el suelo, se queja de una falta recibida junto a la frontal del área del CD Lugo, ayer, en la disputa de la undécima jornada. | | LOF

De la excelencia al cataclismo bajo la lluvia. Clemente, Sadiku, Maikel Mesa y Peñaranda elevaron el drama amarillo en el Anxo Carro por su falta de acierto. Revulsivos carentes de espíritu ante un Lugo que recurrió al juego duro. Ante el carrusel de testosterona -29 faltas, seis amarillas-, Las Palmas no encontró al relevo natural del ‘21’. Con el genio en el banco, la partitura de Mel se quedó vacía. Un folio en blanco.  

Contratiempos y bloqueo. Mal de ojo tras besar la excelencia en el derbi. Las retiradas de Viera (15’) y Pejiño (25’), así como la de Peñaranda, que dejó a Las Palmas en inferioridad al agotar los cinco cambios, dibujaron un escenario diabólico. Cabe sumar la ‘genialidad’ de Ferigra de introducir el esférico en la portería de Fernández (5’). Había más presentes en la cesta de Navidad, la volea de Torres, desde el corazón del área amarilla, acontece sin un gramo de mala leche de Nuke y Cardona.

Concesiones infinitas para un Lugo agresivo -29 faltas, seis amarillas- que se limitó a presenciar en primera fila del multicines Anxo Carro la desmembración del aspirante. Primero una mano, luego un pie. Pero no conviene caer en el fatalismo extremo, la segunda derrota desnuda las carencias de la segunda línea. El fondo de armario queda en pésimo lugar. Óscar Clemente gozó de 75 minutos para lucir su registro incisivo. «Tiene cosas de David Silva», aseguran desde los despachos. Acumula 32 duelos y es un expediente ‘X’.

Nada de nada. Con Jesé y Moleiro en la reserva -precisaban descanso-, era la noche de Clemente. Deja escapar la enésima oportunidad. En relación a Peñaranda, una cabalgada con lanzamiento a los guantes de Vieites que atrapó sin agobios. Y es que el portero del cuadro gallego no dejó parada alguna. No hizo falta. Su camiseta no pasó por la lavadora. Sin Pejiño ni Viera -suman ocho dianas-, y con Jesé en el banquillo -elevan a once la aportación ofensiva-, saltó Maikel Mesa al parque acuático.

Bajo la lluvia, el ‘hombre escudo’ pasó desapercibido. No sabía si subir o bajar, blando en tareas defensivas y carente de mordiente. Cayó en la trampa del juego sucio local y en sus 45 minutos no dejó nada reseñable. El que sí aprovechó sus minutos, controló el esférico con criterio y siempre optó por la cordura, fue Óscar Pinchi.

El extremo coruñés encadena dos buenas actuaciones, eléctrico en el uno contra uno y superó líneas rivales. Lo de Sadiku enciende todas las alarmas. Segundo partido de titular y un disparo. Sin fe, a las manos del arquero Vieites. Fue siempre al combate, pero cuando dispuso de una acción para encañonar se tropezó con la pareja de centrales. Es difícil superar la nimiedad que dejó Pietro Iemmello, pero el albanés insiste en el empeño. En relación a los 17 minutos de Ale García, difícil de enjuiciar. Elevó el grado de adrenalina. Su arrojo es el camino.

Dos caras de la UD y cuatro días. Luces y sombras. Ángel y demonio. Candidato y la nada. Se puede perder, pero entregarse de esta manera tan dócil resulta sorprendente. Pasaron de puntillas, narcotizados por el clásico. Sin Viera, este equipo es una pesadilla.

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