Vitolo, el Pizjuán y una traición

Se cumplen siete años de la remontada del Sevilla a la UD desde el minuto 88 tras un penalti fingido por el extremo de San Cristóbal

Vitolo, el Pizjuán y una traición.

Vitolo, el Pizjuán y una traición.

David Rodríguez

David Rodríguez

Se cumplen siete años del último día en el que Las Palmas fue líder de Primera División. Hasta el minuto 88 de la tercera jornada liguera, el equipo insular se mantuvo en lo más alto con un gol de Tana al Sevilla. En ese momento, Vitolo simuló un penalti y en dos minutos el equipo local le dio la vuelta al choque.

Hoy justo se cumplen siete años del preludio de la montaña rusa que iba a vivir Vitolo en su relación con el Sevilla FC. El extremo del barrio de San Cristóbal iba a pasar de ser el más entregado por la causa hispalense, capaz de dejar su corazón amarillo a un lado para hacer todo lo posible para ganarle a la UD, a ser el centro de las iras en el Sánchez Pizjuán en tan solo una temporada después.

Todavía colea en los alrededores de Nervión el mal de ojo que prometen algunos que le echaron a Vitolo en el verano del 2017 cuando el tres veces campeón de la Europa League con el Sevilla –ganó una más como colchonero– protagonizó el culebrón estival para fichar con el Atlético de Madrid y con la intervención de la Unión Deportiva de por medio.

Pero justo un año antes, Vitolo se había ganado precisamente el mismo odio entre la afición de la UD, que veía como el hijo que habían criado al partir a una aventura mayor precisamente a la ciudad hispalense en 2013.

¿Por qué? Por ser el causante de una de las apuñaladas más directas al corazón de los seguidores que se habían desplazado hasta Andalucía para acompañar a un equipo que campaba en lo más alto de la clasificación y creían que de la mano de Quique Setién se podía alcanzar el sueño europeo en esas fechas.

La decepción llegó cuando Vitolo pugnó por un balón dividido con Pedro Bigas, central amarillo por entonces, y tuvo la picardía de poner el cuerpo de tal manera que al mínimo contacto que sintió con el defensa balear, Machín se fue al suelo como si le hubieran disparado desde el segundo anfiteatro de la grada del Sánchez Pizjuan.

Martínez Munuera no se lo pensó ni un segundo y señaló el punto de penalti y acto seguido le mostró tarjeta amarilla a Bigas y al ser la segunda dejó a Las Palmas con diez hombres.

En ese momento, antes de que Pablo Sarabia se decidiera a golpear el balón desde los once metros, en el marcador del Pizjuán lucía un 0-1 junto al cronómetro, mostrando el minuto 88.

Las Palmas mantuvo su liderato en Primera hasta ese instante gracias a un golpeo seco de Tana desde fuera del área en el minuto 16. Una muestra más de los golazos de esa temporada.

Hasta ese momento en el que Vitolo hizo eso, como se dio a conocer la expresión en un vídeo del humorista Ayaki, duró el liderato de la Unión Deportiva, la última vez que lo vivió.

Por ese gesto, el grancanario tuvo que pedir perdón horas después a través de Twitter. «Quiero mucho a la UD. Aunque me den palos por una acción, nada cambiará lo que siento. Seguiré siendo aficionado de la UD allá donde esté», afirmó.

Sarabia firmó el empate 1-1 y activó la mística del feudo hispalense, ese que es capaz de remontar con la energía de la grada y en apenas 60 segundos el milagro se había consumado.

Volcado el Sevilla sobre el marco de Javi Varas, el propio Sarabia ejecutó un córner desde el lado derecho, con la pierna zurda, directo a la olla amarilla y sin que ninguno de los jugadores de la UD consiguiera despejar el centro apareció Carlos Fernández para conectar con la cabeza el definitivo 1-2.

Un remate parecido al que dispuso Vitolo un año después en el mismo escenario, pero esta vez con la camiseta de la UD, cuando se había subido a un jet para firmar con su equipo de toda la vida como puente hacia el Atlético.

En 2017 a Vito le vino la traición en contra. Ese año, todo el estadio le silbó a morir. Ese mismo feudo que visita la UD el próximo domingo en la reanudación liguera.