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Crónica parlamentaria

Presidente Houdini

El presidente Ángel Víctor Torres ha escapado de la trampa elaborada con absoluta indiferencia por sus propios compañeros de partido en el Senado y Hacienda

Ricardo Fernández de la Puente dialoga con José Miguel Barragán, antes del pleno celebrado ayer en el Parlamento. | | ANDRÉS GUTIÉRREZ

Ricardo Fernández de la Puente dialoga con José Miguel Barragán, antes del pleno celebrado ayer en el Parlamento. | | ANDRÉS GUTIÉRREZ

Contra la creencia popular, el gran Houdini, el maestro del escapismo, no murió intentado zafarse de una de sus cajas de cristal o metal sumergidas en agua. Houdini sobrevivió a todos las pruebas que se impuso temerariamente a sí mismo, y falleció a resultas de los salvajes puñetazos que le dieron varios estudiantes universitarios en medio de una apuesta. El presidente Ángel Víctor Torres ha escapado de la trampa elaborada con absoluta indiferencia por sus propios compañeros de partido en el Senado y el Ministerio de Hacienda votando desfavorablemente a una modificación del Régimen Económico y Fiscal junto a sus compañeros, sus socios políticos y toda la oposición. Porque a pesar de los esfuerzos cantinflistas de los diputados psocialistas –y en especial del cinismo apenas impostado de Iñaki Lavandera, habitual extranjero en el país de la verdad– si debieron votar desfavorablemente a esa disposición de la ley de fraude fiscal que se tramitó en el Senado es, obviamente, porque el PSOE y el Gobierno de Pedro Sánchez quebrantaron el REF.

Torres escapó loco, pero en su escaño mostraba cierta solitaria rigidez, un gesto adusto que le encrespaba la difícil coronilla, y había perdido la morenez placentera de las últimas semanas. En realidad escapó de una jaula que no existía, porque la ministra de Hacienda tuvo el rejo, mientras las fuerzas políticas de la Cámara regional negociaban el informe, de transformar la disposición de la nonata ley contra el fraude fiscal que desintegraba el diferencial tributario a favor de Canarias en el rodaje de productos audiovisuales en las islas en un decreto ley, tal y como precisó en su intervención la diputada Rosa Dávila. La Cámara se ha pronunciado ayer sobre una disposición legal que con toda seguridad desaparecerá cuando el proyecto de ley regrese al Congreso de los Diputados para su aprobación final, pero deberá hacerlo de nuevo sobre el decreto ley de Montero, que en las próximas semanas deberá ser convalidado en la Cámara Baja. No es menos patético (o escandaloso) que el Gobierno o su presidente no aclararan su postura sobre el decreto de ley que la ministra de Hacienda firmó con plena conciencia de estar vulnerando el REF. Un silencio lacayuno y vergonzante. Un paréntesis para un nuevo avestrucismo.

Había precedido al presidente en la entrada al salón de plenos Román Rodríguez, que llevaba el traje azul fosforito de las grandes ocasiones, y que se pegó a su móvil casi toda la mañana, wasapeando que es un gusto, atendiendo únicamente el discurso de Casimiro Curbelo y dedicándole alguna sonrisa poco empática al diputado Lavandera. A espaldas de Torres la jefa de su grupo parlamentario, Nira Fierro, estaba muy ocupada leyendo y respondiendo a correos internos del PSOE para preocuparse de minucias como el presente o el futuro del REF, incómodo animalito que desprende un sospechoso olor nacionalista. José Miguel Barragán pidió a Mesa, antes de comenzar el debate, que se leyera el artículo 167 del Estatuto de Autonomía de Canarias, y así se hizo: lo leyó el secretario primero, Jorge González, que todavía no había salido a desayunar. Vidina Espino declaró sentirse decepcionada (a estas alturas) con Román Rodríguez, «porque por su culpa estamos aquí». Casimiro Curbelo se alegró mucho (como todos) del consenso pleno alcanzado en el informe negativo, y soltó eso de que ninguno de los Gobiernos españoles habían cumplido con el REF, lo que reducido lo ocurrido en el Senado a una mala costumbre. No pretendo corregir a Casimiro Curbelo (el señor Curbelo es incorregible) pero una cosa es no cumplir el REF (digamos, que no se alcance la media de inversión estatal en Canarias) y otro modificarlo, lo que se ha pretendido hacer en dos ocasiones, recientemente y con el PSOE en el Gobierno central. Acto seguido el líder de ASG proclamó de puntillas sobre la Historia, entre Tucídides e Isabel Pantoja, que quería hacer un reconocimiento explícito a Ángel Víctor Torres, porque había puesto a Canarias por encima de la disciplina de partido. Al cronista le recordó extraordinariamente a las declaraciones de admiración y camaradería que Curbelo le prodigaba a Fernando Clavijo hace apenas un par de años. Pero es que los presidentes son amigos contingentes y solo Casimiro es necesario para Curbelo.

El diputado de Podemos, Francisco Déniz, cuyo conocimiento del REF y de la física cuántica son asimilables, susurró varias cosas y al final, vaya usted a saber por qué, le dio la bienvenida a Ciudadanos a la defensa del acervo económico-fiscal de Canarias; Espino pidió la palabra para recordarle a Déniz que Ciudadanos había votado a favor de la renovación del REF en el Congreso de los Diputados, mientras Podemos había votado en contra. Déniz farfulló otra respuesta incomprensible desde su escaño y se quedó más o menos a gusto. La intervención de Esther González fue tan precisa como razonable para dejar claro que NC se alegraba mucho del rotundo no de la Cámara regional «al quebranto de los intereses de nuestra tierra recogidos en el REF», aunque mencionó a Pedro Quevedo, que en este contexto es como sacar un paraguas en medio del desierto de Gobi.

El señor Enseñat, del Partido Popular, perdió varios minutos acusando al Ejecutivo de otros males, pero no remató mal su intervención. «Esto es un ataque a Canarias y castiga su diversificación económica y la creación de empleo». Con su grosería habitual Rodríguez le hacía morisquetas desde el banco azul, al parecer, muy divertido con todo lo que ocurría. El discurso de Rosa Dávila fue el más duro y contextualizado. «Usted solo se ha sumado a la defensa de la integridad del REF a rastras y de rodillas», repuso la diputada, que preguntó a Torres si recurría o no al Tribunal Constitucional para enfrentarse al decreto ley de María Jesús Montero, «porque en unas pocas semanas esta Cámara deberá pronunciarse e informar de nuevo negativamente sobre este ataque». Como se dijo anteriormente, Lavandera optó por el surrealismo para dejar muy claro que la culpa de todo es de Coalición Canaria, porque sin que nadie hubiera reparado en ello hasta ayer al mediodía, controla el Senado, ha metido a una andaluza en el Ministerio de Hacienda, quiere cargarse el rodaje de películas en las islas y autoriza hasta los suspiros en todos los niveles de la administración autonómica. Estuvo hablando su señoría del dedo y la luna, una metáfora tan pobre como confusa: reconozco que no me enteré de dónde metía el dedo y de donde salía la luna. Le aplaudieron mucho. Los socialistas. El resto de sus señorías escuchaban entre el desconcierto y la vergüenza ajena. Cuando el diputado agitó la bandera socialista sobre el decreto ley de Montero, porque era estupendo eso de bajar los impuestos a las productoras y se beneficiaba todo el mundo, Esther González se echó las manos a la cabeza.

Todos los diputados presentes, 68, votaron a favor de un informe que no era, en absoluto, una copia del propuesto por la Consejería de Hacienda del Gobierno, y que rechazaba una modificación del REF a escondidas y con recochineo, es decir, una deslealtad política e institucional del Gobierno central con la Comunidad autonómica. Pero la modificación no se ha frenado. El decreto de Montero está plenamente vigente. Es como tenerte cogido por la nariz mientras sonríen y te cuentan que te respetan muchísimo y aun así hay diputadetes que se permiten proclamar que la culpa, la verdadera y auténtica culpa es del obtuso, reaccionario y liante dueño de la nariz.

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