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De patito feo a cisne atlántico

El estudio de arquitectura SAL, en Lanzarote, imprime modernidad y actualiza terrazas y jardines a un complejo de villas en Playa Blanca, donde se instaló la desidia y algún okupa

De patito feo a cisne atlántico

De patito feo a cisne atlántico

Como en el cuento El patito feo, estas 8 villas, situadas en el sur de la isla de Lanzarote, en Playa Blanca, resurgieron de su deterioro tras pasar por las manos del estudio SAL, que dirigen Helga y Montse Garcés Armas.

Tras el boom inmobiliario, muchas de las edificaciones que se construyeron acabaron sin ejecutarse completamente, desvalijadas o habitadas por okupas.

El proyecto de rehabilitación integral planteado para las Villas de la Marina depura todos aquellos materiales que no dejaban que la luz interactuara con la vivienda, realizando una selección minuciosa de nuevas texturas, colores y acabados, que tienen como fin generar espacios no solo más luminosos, sino que aporten una mayor sensación de amplitud y confortabilidad, dada las reducidas dimensiones que tienen algunas de las estancias que venían definidas en el proyecto original.

La elección de nuevas carpinterías y la sustitución de elementos opacos, por vidrios que permitan la permeabilidad de luz y visuales, hace que el espacio tome un mayor protagonismo dejando prácticamente una visión total desde cualquier ángulo de la planta baja, convirtiéndola casi en un espacio diáfano.

Se ha optado por un concepto marinero, por el entorno donde se ubica el complejo, haciendo uso de líneas puras y minimalistas, usando colores y acabados que vayan de la mano, haciendo uso de ellos no solo en los terminaciones constructivas, sino en mobiliario y textiles, generando un diálogo fluido en su conjunto.

La rehabilitación de las villas fue tan compleja desde su inicio que fueron tratadas con todo mimo de detalle, realizando no sólo cambios en su interior, sino que se realizó un estudio lumínico exterior y un proyecto de jardinería, adaptando la ubicación de las plantas según la demanda de protección natural que tenía cada una de las villas, creando así un paramento vertical vegetal a modo de cobijo del viento y sol, generando un oasis perfecto para poder disfrutar en la zona de barbacoa y piscina.

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