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La quinta esquina de una habitación cuadrada

El ucraniano Izraíl Métter indaga sobre el pasado de la represión soviética en una conmovedora novela

Los verdugos del KGB obligaban a sus víctimas a encontrar la quinta esquina en una habitación cuadrada. Condenadas al absurdo, las molían a golpes. Las palizas proseguían hasta más allá de la extenuación porque la esperanza de hallar algo que no existía se convirtió en una terrible constante para los represaliados por Stalin en los años sangrientos de la Rusia comunista. El autor ucraniano Izraíl Métter (1909-1996) intenta responder en una bella y melancólica novela algunas de las preguntas de esa esquina imposible de la habitación del pasado soviético. Para ello se vale de Boria, el narrador, un personaje que guarda paralelismo autobiográfico, y que a lo largo del relato recuerda algunos pasajes de su vida y las de los suyos hasta componer un fresco cruel y desgarrador sobre aquel tiempo.

La quinta esquina es una inquietante novela de amor y frustración, de desesperanza y opresión, acerca de la culpa y la penitencia eterna que castiga a la memoria. Un jubilado en Leningrado, la actual San Petersburgo, recibe una carta de una mujer desconocida que le anima a recordar algunos momentos de su juventud con una precisión impresionante. A través de ellos, lo conduce irremediablemente de vuelta a los caminos del pasado. Por allí, algo desordenadas fluyen sus experiencias como hijo de un comerciante judío que por su origen pequeño burgués no podrá asistir a la universidad, el lugar en el que, por otro lado, aspira a encontrarle sentido a su existencia. Resignado, Boria da tumbos de un lugar para otro, asumiendo por su cuenta tanto el aprendizaje como la enseñanza. "Todo lo relacionado con la antigua estructura de la vida y la muerte me parecía enterrado para siempre en los libros de texto. Vivía en una apresurada y hambrienta curiosidad por el día siguiente: al llegar la noche se borraba lo que había sucedido por la mañana. No comprendía aún que un hombre sin pasado es como el insecto que vive un solo día". (pág. 70).

El narrador recuerda los muchos amigos de la juventud que desaparecieron sin dejar rastro en un lapso de la historia en que a las penas ordinarias habrían de sumarse las calamidades extraordinarias provocadas por la tiranía de Stalin y la guerra. Sin pestañear, Métter expone los hechos siniestros de la etapa soviética desde la misma angustia que provocan las batallas por la supervivencia. Escrita en 1964 y publicada por primera vez en 1989 en una revista, La quinta esquina arroja luz cegadora sobre el pasado más sombrío de la Unión Soviética, al mismo tiempo que transita de manera conmovedora por la historia trascendente del destino humano. La muerte del padre, el amor y sus emboscadas, los desengaños, la agonía, todo ello sale al encuentro de una realidad opresiva y miserable. El desabastecimiento, las penurias, la soledad; el autor maneja perfectamente superpuestos el plano personal y el retrato de una sociedad en la que la búsqueda de la quinta esquina se ha convertido en un juego disparatadamente cruel.

Izraíl Métter, el autor de esta perturbadora y emocionante novela sobre la historia y la condición humana, jamás dejaría de preguntarse acerca de la pérdida de ideales que llevó a los comunistas a ejercer el poder de una manera tan despiadada y a convertir el país en un lugar siniestro gobernado por el miedo, donde a una parte de la población no le quedaba más remedio que ser cómplice de los atroces crímenes del Gobierno para evitar ser castigada. Una pregunta que entonces tenía como única respuesta la manera de justificar las detenciones de los seres queridos, no ya para sobrevivir, como escribe Métter, sino para poder acudir cada día al trabajo, educar a los hijos, comer, beber y dormir. Para sonreír, amar o mirarse a los ojos, escribe el autor de La quinta esquina, "el hombre se volvía endemoniadamente inventivo: buscaba las causas del arresto y las encontraba".

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