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AMALGAMA

El doble

Malet y Barnosell formulan la descripción del mundo no sólo desde la experimentación empírica con medios físicos, sino a través de la substancia subjetiva y cognitiva, cuyo olvido provocado ha constituido para la ciencia su especial 'caduta degli dei'

El doble

El doble

Hace pocos días estuvieron en el paraninfo de la ULPGC, el ingeniero Garnier Malet y el doctor Barnosell. Ambos son científicos de formación que, de alguna manera, se han liberado de la forma ahormada de pensar propia de la Logse o sistemas de estudio semejantes, y formulan la descripción del mundo no sólo desde la experimentación empírica con medios físicos, sino a través de la substancia subjetiva y cognitiva que, también, nos conforma, y cuyo olvido provocado, ha constituido para la ciencia su especial "caduta degli dei". De forma que si Barnosell -fundador de la Asociación de Médicos y Sanadores catalana- se ha adentrado en mecanismos de curación que no dependen sólo de diagnósticos y demostraciones químico-físicas, por su parte Garnier Malet utiliza los conceptos relativistas del tiempo, la extorsión ad infinitum de la constante de Planck, las paradojas de los gemelos de Langevin, el principio de incertidumbre de Heisenberg, o los horizontes de posibilidades del futuro o del pasado no ocurrido, para introducir un principio: al igual que se ha descrito la dualidad partícula-onda, existe, en una escala superior, otra dualidad, la del cuerpo físico y el cuerpo energético, de forma que la línea del tiempo rebusca en el futuro millones de posibilidades que conforman millones de universos o multiversos, el cuerpo es la concentración de los eventos que van ocurriendo, y el doble, cuerpo energético, o doppelgänger, acude a millones de futuros en un tiempo imperceptible, y viene a informar al cuerpo físico; es el sueño, el dormir, el estado REM, el que actualiza los futuros posibles y elige el camino del físico que concebimos como carcasa de nuestro ser existente. En román paladino: nuestro doble, cuando dormimos, va a los millones de futuros posibles, y elige el mejor que puede para nuestro cuerpo de vigilia. Pues bien, uno de los experimentos clásicos en neurociencias y que llaman la atención al respecto, es el de Benjamin Libet, del Departamento de Fisiología de la Universidad de California, fallecido en 2007, y que en los años 70 propuso un experimento para determinar cuánto tiempo tarda el cerebro en reaccionar ante una excitación somática. Libet conocía el descubrimiento de Hans Helmut Kornhuber y Lüder Deecke, en 1967, del "Bereitschaftspotential", o potencial de preparación, un cambio eléctrico en ciertas áreas del cerebro que precede a una ejecución futura. El experimento pretendió conocer el tiempo que separaba la conciencia de la decisión de actuar y la ejecución del movimiento. Es complejo describir el experimento aquí, pero lo que pasaba es que el cerebro, medido por un reloj muy preciso, mostraba adelantos en su reacción al estímulo, es decir, antes de que llegara el estímulo por las vías aferentes nerviosas, ya la decisión reactiva estaba tomada. La secuencia entre la conciencia de mover y la activación de los músculos efectores, no es simultánea, sino que el cerebro se adelanta. Resultó que los procesos cerebrales que preparaban el movimiento voluntario comenzaban 400 milisegundos antes de la voluntad consciente de actuar. Para científicos como P. Churchland o Susan J. Blackmore, que piensan que el cerebro es una máquina causal, esto es admisible, puesto que la conciencia no existe, sino que es un espejismo. Para los modernos científicos que no se quieren perder el noventa por cien del universo a cambio de seguir infantilmente la moda de la omni-demostración empírico-física, la cosa es al revés: la conciencia está más viva que nunca. El propio Libet tuvo que buscar un concepto nuevo e inasible, el "campo mental conciente", pero es más fácil dejarse de ambages y llamarlo: el doble o doppelgänger.

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