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Esperpéntica genialidad

Cada nueva obra de Frederik Peeters suele ser recibida con todo tipo de elogios por los aficionados más exigentes. Y no es para menos, ya que el autor suizo ha ido reforzando un estilo en el que el género fantástico y la ciencia ficción adquieren una estimulante dimensión en tres obras de cabecera como La voz de las chimeneas, Lupus y su reciente Aama. Curiosamente, aquí Peeters sólo pone el guión a esta obra del ilustrador ginebrino Mathieu Baillif, que fue publicada hace quince años, y que elige como seudónimo el sonoro alias de Ibn al Rabin. Las sesenta y cuatro páginas de Migajas, realizadas en blanco, negro y dorado, son el escenario en el que un grupo de lo más variopinto, que va desde un alquimista a unos hermanos siameses, vive una serie de desventuras en un tren con destino a Liechtenstein. Esperpéntico, absurdo, irreal son algunos de los adjetivos que se pueden aplicar a esta inclasificable obra de culto que, a pesar de haber sido realizada hace tres lustros, deleitará a los amantes de la llamada nueva historieta europea, y que sorprenderá gratamente a todos aquellos que anhelen una nueva producción de Peeters.

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