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La Provincia - Diario de Las Palmas

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cómic

Un futuro shakespeariano

La Tierra es el planeta dominante del universo en esta saga de traiciones y alianzas con guiños a 'Macbeth' o 'Ricardo III'

Otra de las viñetas de la misma obra. LP / DLP

La importancia que ha tenido la obra de Enki Bilal en el noveno arte europeo excede a cualquier análisis exhaustivo. Y es que, desde la aparición de los primeros trabajos del dibujante francés, multitud de autores han seguido unas pautas estilísticas que se resumen en una técnica muy elaborada con una cierta oscuridad y barroquismo y en títulos en los que especialmente se critican los sistemas políticos.

Uno de esos ejemplo es la obra Horlemonde en donde aparecen muchos de sus recursos más clásicos para mostrar un futuro poco halagüeño. La historia adapta las novelas de ciencia ficción Les Voies d'Amagiel y Horlemonde de Éliane Taïeb y muestra a una especie humana que se ha extendido por el universo logrando que muchos planetas se terminen aliando en la Cofradía de los Mundos Habitados que domina nuestro planeta.

Esta organización marca unas leyes para todas las colonias al tiempo que las ayuda a progresar y desarrollarse tecnológicamente. Sin embargo, otros planetas han quedado fuera de la organización y viven con formas de gobierno arcaicas y una sociedad poco desarrollada que son conocidos como los planetas retro. El guionista Patrick Galliano adapta la historia original mostrándonos un futuro con dos posibles caras, la del progreso y la de la tradición, y desarrollando una trama de aventuras llena de acción. No sin perder, por ello, el interés de la autora francesa por exhibir los peligros de todos los regímenes en los que pueda surgir algún atisbo de totalitarismo. Los dibujantes Cédric Peyravernav y Bazal se lucen con un dibujo imaginativo con gran profusión de detalles, que logra que el lector se sumerja en ese mundo ficticio. La huella de Bilal aparece desde el primer momento. Las atmósferas son asfixiantes, los fondos están desdibujados, transmitiendo una sensación de inquietud con la proliferación de situaciones donde la amenaza de un peligro puede aparecer desde cualquier lado. El color es, por otro lado, uno de los grandes aciertos de esta obra, ya que tanto los tonos vivos como los más oscuros aparecen con una intensidad poco común y predominando unos u otros a razón del lugar en el que se desarrolle la acción.

Marcé, el mejor agente de la Cofradía, es enviado al planeta retro de Almagiel. Su objetivo es pactar con los habitantes del planeta un trato que conlleva beneficios para la sociedad, como abolir el sistema esclavista, pero que también implica el control terrícola del bajimonte, un cereal de gran importancia para la subsistencia de dicha civilización, con lo que la misión pronto se convertirá en conflictiva.

Lo primero que llama la atención de la obra es comprobar que el planeta dominante es la Tierra, y los alienígenas que van a imponen su superioridad, son los terrícolas. Y lo segundo es que la estructura narrativa tiene el mismo desarrollo que una tragedia de Shakespeare. En Horlemonde no se cuenta nada que no aparezca en Macbeth o Ricardo III. Los intereses económicos se mezclan con los personales, y las alianzas y traiciones tienen más que ver con las ambiciones de los personajes que por la prosperidad de la civilización. Un tema recurrente, en definitiva, con ejemplos en cualquier manifestación artística que se precie.

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