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El rostro de la soledad

Armando Lorenzo (Las Palmas de GC, 1948) presenta en la sala S/T 'D'autres mélanges', ventiún cuadros que giran alrededor de una misma idea

El expresionismo figurativo es un movimiento artístico que ha contado con insignes representantes en nuestras islas, no en vano el muralista canario más prolífico, Jesús Arencibia, pertenece a esta corriente.

Evidentemente en sentido estricto este expresionismo insular no se circunscribe dentro de los límites del que se originó en Alemania a comienzos del siglo XX para desaparecer con la llegada del nazismo, sino a otro que supera todas las barreras temporales y espaciales al constituir una tendencia extrapolable a cualquier época, ya que estaba presente mucho antes en la pintura de Goya y continúa existiendo a través de la obra de una serie de creadores.

A este último grupo pertenece Armando Lorenzo, que ayer viernes inauguró en la sala S/T su última exposición D'autres mélanges, compuesta por veintiún obras de diferentes formatos, y creadas en su mayoría para la ocasión, pero entre las cuales aparece un trío realizado previamente que da testimonio de su trayectoria.

'D'autres mélanges', que en la lengua de Molière significa "de otras mezclas" está formada por una pintura que parte de la mancha. Estas máculas han sido realizadas con pintura acrílica y látex, y con la ayuda de una esponja, su creador ha realizado ciertas formas a partir de las cuales ha elaborado una pintura anárquica, aunque en contadas ocasiones haya llegado a controlar la mancha.

Veladuras, formas que a veces se acercan a la abstracción pura, un fondo blanco en el que aparecen tonos azulados, amarillentos y rojizos, un abigarrado grupo de personajes en el cual los más lejanos están pintados con colores fríos y los que aparecen en primer término en unos más cálidos, una mujer de la noche que espera solitaria un cliente que quizás no se presente nunca, mujeres jugando a las cartas o tocadas con sombreros y un matrimonio perteneciente realeza cuyos rostros están tan difuminados que es imposible adivinar su identidad son algunos de los protagonistas de esta exhibición.

El tema que recorre toda la exposición es el de la incomunicación en la era de la comunicación, paradoja que vemos constantemente, con personas que a pesar de ser vecinos y encontrarse a diario y no se saludan o familias que cuando tienen tiempo para estar juntos apenas intercambian unas frases mientras se dedican a utilizar desenfrenadamente sus smartphones y tablets, por eso los personajes de sus cuadros están generalmente solos.

Formalmente, Armando Lorenzo supera el expresionismo al combinarlo con el surrealismo en un estilo que recuerda la nueva figuración también conocida como pintura neofigurativa, tendencia pictórica de la segunda mitad del siglo XX que en medio de la tendencia generalizada hacia la abstracción de la época devolvió la figura humana al lienzo, aunque distorsionándola al modo expresionista. Esta corriente tuvo en Francis? Bacon a su representante más célebre, y como él, Armando Lorenzo pinta rostros decrépitos o tan deformados que en ocasiones adquieren formas monstruosas. Asimismo, otro aspecto que une a este artista con el pintor anglo-irlandés es que también rechaza encasillar su arte en ningún ismo o vanguardia, dejando al espectador la opción de pensar que está ante una pintura expresionista, surrealista o neofigurativa.

Los ejemplos de la imposibilidad de encasillar su arte salpican la exposición, pero quizás el más evidente es el del cuadro que muestra a la coleccionista de arte y mecenas estadounidense Peggy Guggenheim sentada sobre un trono de mármol de su residencia veneciana el Palazzo Venier dei Leoni y acompañada de sus mascotas y su tío Solomon R. Guggenheim. Este lienzo, inspirado en la fotografía que sirve de portada al libro 'Confesiones de una adicta al arte' de Anton Gill, muestra una admirable capacidad de manipulación de la forma.

También inspirado en otra portada, pero en esta ocasión del primer poemario del escritor canario Sergio Estévez, titulado Camina Vida, vemos un lienzo que como el resto de la exposición pone rostro a la soledad.

Como prueba de que el arte imita al arte, otro de sus cuadros, Help me, está basado en el poema Pársifal en el Sena de José Caballero Millares, que sorprendentemente está contenido en el libro Cuadros de una exposición.

Pero quizás una de las mayores sorpresas de la exhibición sea comprobar la evolución de su creador a través de los tres lienzos que no han sido firmados este año, y ver como su pintura se ha ido aclarando, volviéndose más luminosa y colorida aunque sus personajes sigan siendo los mismos.

¿Estamos ante un arte inclasificable? Personalmente creo que lo que permite clasificar a Armando Lorenzo como un expresionista lato sensu es que pinta lo que siente y no debemos olvidar que el expresionismo es un fundamentalmente estado de ánimo. Por eso este creador no teme confesar que son sus miedos e indecisiones los que junto a su imaginación guían su mano a la hora enfrentarse al lienzo en blanco.

En definitiva, D'autres mélanges supone la oportunidad de volver a disfrutar de la obra hipnótica y sugerente de un creador al que no veíamos exponer desde hace dos años, en una exhibición que se titulaba Mélanges.

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