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Canarismos

Parece que no moja y empapa

La expresión la escuchamos sobre todo en Gran Canaria y Tenerife, entre otras islas, y del otro lado del Atlántico parece localizarse también en Cuba y Venezuela con idéntico significado. En sentido literal hace referencia a la lluvia fina y continua, casi imperceptible, pero que termina calando hasta los huesos. A esta llovizna se le denomina de diversas maneras en cada isla, conforme a las características y singularidad del fenómeno. También ha dado lugar a la construcción de verbos específicos para expresar la acción de los distintos tipos de precipitaciones. Así por ejemplo se le llama: 'garuja' o 'garujeo' (verbo: 'garujar', 'garugar' o 'garujiar'); 'posma' o 'posmita' ('posmear'); 'sorimba' ('sorimbar'); o 'chubascar' o 'chubasquiar', 'sereno', 'peluja', y un largo etcétera.

Toda esta serie de hipónimos utilizados para conceptualizar y nombrar ya sea la lluvia, un tipo de llovizna característica y otros fenómenos meteorológicos afines en sus distintas categorías se construyen a través de una motivación. Esta puede ser fonética (onomatopeya) como por ejemplo: "chipichipi" [probable origen onomatopéyico relacionado seguramente con el verbo 'chispear' o 'chispiar'] como se llama en las islas a la lluvia muy menuda que cae con suavidad, pero de manera continua; puede tener igualmente una motivación morfológica (ya sea por derivación, composición o acronimia) como por ejemplo: "maresía" o "marismo" [derivado del morfema 'mar'] y que se llama en algunas islas al aire cargado de humedad marina en las zonas cercanas a la orilla del mar; o ya sea por derivación semántica (metáfora o metonimia), como por ejemplo: "rocío" como se conoce en Gran Canaria a un chubasco de intensidad regular [del verbo "rociar"]. Estas motivaciones conforman en su origen el punto de vista del observador/hablante que subraya algún rasgo descriptivo del fenómeno o hecho observado para nombrarlo. Construcciones que en su significado primario funcionan como apreciación empírica sobre el fenómeno atmosférico en cuestión y se relacionan, por tanto, con las paremias meteorológicas o cabañuelas (barruntos o "aberruntos"), para así advertir -casi siempre- las consecuencias de esta llovizna fina, menuda, que "parece que no hace nada", pero acaba "enchumbando" o "ensopando".

Al mismo tiempo, la metáfora meteorológica "parece que no moja y empapa" se utiliza en sentido figurado para referirse a alguien apacible, aparentemente manso, poco llamativo o de poco ánimo que al final se revela como una persona llena de virtudes, eficiente y de encomiable entrega en las tareas que acomete. Cuando tales habilidades resultan desconocidas y acaba sobresaliendo inesperadamente y sorprendiendo a todo el entorno, se suele expresar: "míralo a él, parece que no moja y empapa". Expresiones similares resultan: "parece que no mea y echa un buen chorro", que igualmente se dice en algunos lugares de las islas de una persona que parece timorata y apocada, y que en realidad resulta ser todo lo contrario; o "el que menos mea, hace un charco". O frases afines que acompañan a las anteriores como comentarios que complementan aquella opinión: "y parecía bobo cuando la compraron", que su utiliza en ocasiones para expresar sorpresa.

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