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Dos auditorios: un edificio en Gran Canaria, una escultura en Tenerife

Los proyectos diseñados por Óscar Tusquets y Santiago Calatrava en las islas capitalinas ofrecen resultados distintos

Dos auditorios: un edificio en Gran Canaria, una escultura en Tenerife

Dos auditorios: un edificio en Gran Canaria, una escultura en Tenerife

Los auditorios Alfredo Kraus y Adán Martín, que presiden Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife, respectivamente, se erigen en los emblemas culturales más señalados de ambas ciudades capitalinas, tanto por sus singularidades arquitectónicas y su ubicación privilegiada, como por su papel como referente artístico y urbano en el contexto de las islas. Ambas edificaciones, abiertas al Atlántico, recortan el skyline de la ciudad proyectadas por dos arquitectos de prestigio, el barcelonés Óscar Tusquets en el caso del Alfredo Kraus, y el valenciano Santiago Calatrava en el del Adán Martín, y se constituyen como eje sociocultural y multifuncional para albergar actividades de naturaleza diversa, con el acento en la música clásica de la mano de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria y la Orquesta Sinfónica de Tenerife, así como sede del Festival de Música de Canarias.

Y aunque este es, grosso modo, su denominador común, ambos auditorios representan en realidad "dos polos opuestos de lo que es la arquitectura de este tipo de edificios", según apunta José Luis Gago, doctor arquitecto y académico de la Real de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, recientemente nombrado Hijo Adoptivo de Las Palmas de Gran Canaria. "Los dos auditorios son dos elementos totalmente contrapuestos con dos teorías completamente distintas y que, en la práctica, han dado lugar a resultados distintos", añade el arquitecto.

Proyectos

La primera de las infraestructuras que se construyó fue la de la capital grancanaria. Lo hizo en el lugar que durante décadas ocuparon algunas de las antiguas factorías de pescado, ubicación que salió adelante a petición popular. Y es que durante los últimos coletazos de los años 80 se proyectó en La Puntilla, provocando el rechazo de los vecinos que dudaron en echarse a la calle arropados por muchas personas del mundo de la cultura, según recordaba Pepi González, presidenta de la asociación vecinal Barriada de Guanarteme y Chile para evitar que el enclave se instalase en la zona.

Finalmente, y tras una década de indecisión, el espacio diseñado por el arquitecto catalán Óscar Tusquets empezó a tomar forma en 1996 en El Rincón, al final de la playa de Las Canteras, donde las obras se encontraron con un escollo inicial: el arrendatario de una de las naves que albergaron las viejas fábricas se negaba a abandonarla, alegando no haber recibido notificación alguna de desahucio. Un hecho que no impidió que los trabajos siguieran su curso, llegándose a adelantar un par de meses la inauguración que tuvo lugar un año después, el 5 de diciembre de 1997, en un acto en el que estuvieron presentes el tenor con cuyo nombre se bautizó el Auditorio, Alfredo Kraus, y el rey Felipe VI, entonces príncipe de Asturias.

El inmueble se asienta sobre un zócalo de roca volcánica con visión de fortaleza, coronado por un faro para señalar y proteger a la ciudad, y cuenta con 16.750 metros cuadrados de superficie útil distribuidos en 25 salas, entre las que destaca su sala Sinfónica y su enorme ventanal que se abre entre el patio de butacas y el mar. En lo que a la financiación se refiere, el Alfredo Kraus contó inicialmente con una inversión en torno a los 3.500 millones de las antiguas pesetas -poco más de 21 millones de euros-, lo que lo convirtió en el auditorio menos costoso de España. No obstante, a los ocho meses del estreno, a esta cuantía hubo que sumarle 120.202 euros para arreglar los problemas de reverberación en las instalaciones.

Asimismo, en 2009, el arquitecto catalán y Carlos Díaz dirigieron la ampliación del auditorio con una sala más, con aforo para 600 personas, gracias a los 3,5 millones de euros que se destinaron a ello del Fondo Estatal de Inversión Local para el Empleo (Feile). Pero ni este presupuesto, ni mucho menos, la última intervención o los ajustes técnicos que se ejecutaron dentro de los márgenes temporales previstos por Tusquets para terminar de adecuar el Alfredo Kraus se acercan a la cimentación y actual reforma a la que tiene que enfrentarse su homólogo de Santa Cruz de Tenerife.

Por su parte, el Auditorio Adán Martín, obra del arquitecto Santiago Calatrava, también fue inaugurado en 2003 por el entonces príncipe de Asturias en la avenida de la Constitución de la capital tinerfeña, donde se ubicó tras seis años de obras, después de que en 1996 se aprobase su cambio de ubicación previsto en un principio al final de la avenida Tres de Mayo. Nombrado tras el fallecimiento del expresidente del Gobierno de Canarias, Adán Martín, con aforo para 1.658 personas en su sala Sinfónica y 428 para su sala de Cámara, el inmueble es una mezcla de arquitectura innovadora e impacto escultórico, compuesto por sucesivas plataformas de las que sobresale el volumen curvo de la sala Sinfónica y, sobre todo, el ala volada con acabado en hormigón y trencadís blanco, que emula un barco de vela o una ola en el mar suspendida a unos 50 metros de altura, y que dota al conjunto de movimiento y ligereza, pese a que transmite 3.500 toneladas de peso a la nuez del edificio.

Estilo

"El proyecto de Tenerife es un encargo a un arquitecto que desarrolla un tipo de arquitectura-espectáculo, y ello conlleva, evidentemente, ciertos riesgos", señala Gago. "El proyecto del Auditorio Adán Martín, en concreto, guarda relación con el que hizo para la estación TGV de Lyon Saint-Exupéry, en el cual el pico de esa pieza volante terminaba en el suelo, ya que los críticos le sugirieron que era una cuestión de no correr riesgos. Pero Calatrava, en el caso de Tenerife, decidió asumir ese riesgo y dejar el pico suspendido, lo cual conlleva una estructura muy difícil, porque la pieza es mixta -la parte del vuelo, al final, es metálica y la parte restante es de hormigón-, por lo que se presupone el complejo sistema de estructura que tuvo que utilizar para resolverlo", explica.

En este sentido, el arquitecto destaca que "las formas del Adán Martín se corresponden más con un objeto -atractivo- que con un edificio, porque las formas fueron estudiadas para tal, de modo que tiene más de escultura que de edificio, mientras que, en el caso del Alfredo Kraus, es más un edificio que una escultura". A su juicio, "es posible que la posición de ambos auditorios frente al mar y en el centro de la ciudad hubiera requerido una cierta espectacularidad, pero, en el caso de Las Palmas de Gran Canaria, se renunció a ello e, incluso, se le dio esa calidad material tosca de la piedra vista, que quizás no tiene una imagen visual tan atractiva, sino que pasa más desapercibida". "Así, en el caso de Las Palmas, se recurrió al sistema tradicional, que es la incorporación de esculturas y elementos decorativos, con un porche, unas celosías de madera, esculturas y una fuente de Juan Bordes, lo cual supone un añadido que el edificio original no tenía y con el que se intentó humanizar la arquitectura", apunta.

También la arquitecta y profesora de la ULPGC, Flora Pescador, nombrada Hija Predilecta de Las Palmas de Gran Canaria destaca que los dos grandes auditorios canarios responden a "planteamientos muy diferentes". "Creo que el punto fuerte del Auditorio Alfredo Kraus se encuentra una vez traspasas el umbral, porque su interior que está muy bien pensado en todos sus detalles y a todas sus escalas, desde sus diversos espacios, las puertas o los manillares, que responden a un equilibrio de elementos que hacen que sea un espacio muy rico y, a la vez, amable y agradable", reflexiona la arquitecta. "Luego, su imagen siempre me ha parecido la de un castillo de arena, coronado por un faro, que plantea una relación de resistencia frente a un medio hostil, que es el mar", apunta, "pero creo que el punto fuerte del Auditorio Alfredo Kraus es su interior, que tiene muchísimas posibilidades de uso, porque, además, es mucho más grande".

"En cuanto al Auditorio Adán Martín -continúa- su punto fuerte es la imagen de icono, pero, claro, es un icono repetido en la arquitectura de Calatrava, y que es muy reconocible, porque tiene muchos proyectos muy similares por todo el mundo. Pero en el momento en que una imagen se repite mucho, se banaliza y pierde fuerza como icono". "Sin embargo, ese icono es precisamente su punto fuerte, porque su interior no lo es tanto, ya que sus ambientes están menos pensados", concluye la arquitecta, quien identifica sus diferencias en la propia fisonomía de los edificios, pues el exterior del de Las Palmas "reviste fuerza, fortaleza, algo masivo; mientras que el de Santa Cruz de Tenerife es muy airoso, ligero".

Ubicación

En cuanto a los emplazamientos de ambos edificios, Gago apunta que "los dos tenían la pretensión de crear una nueva fachada a la ciudad". "Cuando en el caso de Las Palmas de Gran Canaria, el proyecto se trasladó de La Puntilla al barrio de Guanarteme, que entonces era un paisaje urbano menos favorecedor, porque en aquellos años aún estaba muy abandonado, requirió una serie de inversiones que mejoraron el barrio. En el caso de Santa Cruz de Tenerife, se situó a las afueras para que se viera desde la llegada al mar y para que estuviera junto a las piscinas de César Manrique, por lo que se reforzó la parte delantera con el ensanche de la ciudad. Por tanto, en el primer caso, el planteamiento fue reforzar la idea de la ciudad en Las Palmas de Gran Canaria, mientras que en el segundo caso, simplemente se utilizó un vacío que había delante del ensanche de Santa Cruz de Tenerife". Por tanto, una vez más, se utilizaron "criterios totalmente opuestos", que, en el caso del Adán Martín, priorizó la repercusión internacional de asociar el nombre de Tenerife al de Calatrava, "con lo cual se entraba dentro de un circuito de ciudades que tenían arquitecturas-espectáculo, aunque, evidentemente, el mantenimiento de este edificio es muy costoso".

A este respecto, Gago sostiene que "en términos globales, el proyecto del Alfredo Kraus ha sido mucho más rentable, dado que el edificio siempre va a presentar menos problemas de mantenimiento y siempre va a ser más completo desde el punto de vista de que hay más espacios, los recorridos son fáciles y el ambiente interior admite muchas posibilidades de uso, que es el caso contrario del proyecto del Adán Martín".

Costes

En cuanto a su presupuesto, el proyecto de Calatrava triplicó al de Tusquets al ascender su coste a los 74 millones de euros, a pesar de estar presupuestado inicialmente en 25. Este sobrecoste fue justificado con un aumento de la calidad por el entonces responsable del Cabildo tinerfeño, Ricardo Melchior. Sin embargo, la disparada inversión no ha conseguido evitar los problemas en el revestimiento que presenta desde hace años el inmueble.

Apenas 13 años después de su apertura, empezaron a detectarse filtraciones y humedades provocadas por la caída del trencadís que cubría su estructura, tal y como determinó el informe realizado por la empresa Intemac, a quien se adjudicó la elaboración del peritaje encargado por la corporación insular.

Automáticamente, el Cabildo tinerfeño, que ahora dirige Carlos Alonso, contactó con Calatrava para exigirle la reparación de "los vicios ocultos" que sufre el auditorio al entender que él es el responsable del estado en el que se encuentra el edificio cuya obra dirigió y fue ejecutada por la UTE Acciona Construcción, Dragados y Promotora Punta Larga. El gabinete del arquitecto enseguida envió a personal a estudiar la situación e inicialmente anunció su disposición a subsanar la problemática, cuyo arreglo está estimado en tres millones de euros, ya que hay que volver a colocar todo el revestimiento. No obstante, hace tan solo unas semanas, el gabinete del valenciano negó su responsabilidad sobre el problema, que achacó a la ejecución de los trabajos y no a su proyecto.

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