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La culpa de Miriam Durango

Las imágenes informáticas, la pintada callejera o la pornografía, recursos para valorar la sociedad

La culpa de Miriam Durango

La culpa de Miriam Durango

Cuando un artista muestra una clara determinación por comprometerse con la tecnología corre el riesgo de quedarse rezagado ante la imparable regeneración de lo nuevo. Sin embargo, hay creadores que dirigen su mirada hacia los aspectos determinantes de cada época y nos hablan del tiempo en el que vivimos como si fuera una capa más de nuestra historia.

La obra de Miriam Durango parece encajar el diedro espacio-tiempo como si fuera concebida para ser contemplada desde el futuro con el objetivo de aportar información sobre aquellos aspectos que caracterizaron la cultura de la sociedad en que fue creada. El interés que muestra Miriam por la arqueología nos da pie a pensar que en cada una de sus piezas se encuentran las claves para ser algún día un documento arqueológico ¿Qué lectura harían entonces de nuestra sociedad actual? ¿Qué conclusiones sacarían al estudiar no solo las obras sino también los datos que se generan día a día en el mundo informatizado en el que vivimos? El ser humano ha creado un sistema en el que el código ha sustituido a la palabra. El dígito ha reemplazado a la letra y a la imagen; la realidad virtual ha desplazado a la analógica; ya no tenemos la certeza de que lo que vemos sea real.

El crítico, filósofo marxista Walter Benjamin al publicar en 1936 en la revista Zeitschriftfür Sozialforschung) su ensayo La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (Alemán: Das Kunstwerk im Zeitalter seiner technischen Reproduzierbarkeit;) sentó las bases para uno de los más sugerentes debates entorno a valor de la obra de arte como fruto de un proceso tecnológico que en su evolución a lo largo del tiempo ha dado paso a la inmaterialidad de la propia obra. En cuanto a la inmaterialidad de una obra el arte ya tenía un antecedente en la música, puede ser interpretada cuantas veces se quiera. Pero entonces se encontraron inmersos en una era tecnológica que nos ha llevado a una revolución informática. La obra de arte puede generarse cuantas veces se acuerde en un contrato comercial. La reproductibilidad no solo tiene un trasfondo político sino también económico ya que, tras la pérdida del aura y su singularidad, la reproductibilidad de la obra de arte corre el riesgo de hallarse atrapada en un tratamiento estereotipado por parte de la sociedad y tal vez también por algunas corrientes del propio mundo del arte.

La búsqueda de caminos que desviaran al espectador del "circuito cerrado en que se halla atrapado todo comportamiento estereotipado" es lo que ha llevado a Miriam Durango a explorar territorios fronterizos entre disciplinas aún sin definición. Ámbitos que nos resultan extraños porque no suelen ser habitados por artistas o se encuentran cuestionados por la teoría del arte. Las imágenes producidas por los sistemas informáticos, la pintada callejera o la pornografía, son fuentes de recursos destinados a que el espectador se cuestione el valor testimonial de aquello que la sociedad parece despreciar pero que le es tan propio.

En las pinturas de su primera etapa, se distinguen dos series: En Óleos abstracción geométrica muestra su interés por la atomización y la descomposición del color y la luz. Sin embargo, en Óleos figuración pixeladas hay un convencimiento. La representación de la imagen ya no podrá liberarse de los códigos digitales. El píxel es la nueva célula del tejido reproductor. Miriam, genera la paradoja. Si el aura de la obra se pierde en una reproducción cuyo resultado es la imagen pixelada ¿Qué ocurre al pintar al óleo la imagen pixelada? ¿Cuál es el resultado de una imagen cuyo proceso de producción se sustituye por otro totalmente distinto? Hablamos de la poética de una imagen reproducida que busca recuperar su aura. Una apuesta sugerente que nos genera una cierta incertidumbre. Es en esa incertidumbre donde nos sumerge esta singular creadora.

En la serie Erehwon (Nowhere ) la artista obliga al espectador a creer que existe una relación entre el cielo representado y el país cuyo nombre queda escrito en él. El pixelado de la imagen nos remite a una intervención informática que nos garantiza el vínculo. Sin embargo,el valor de la palabra tiene un mayor poder que el de la imagen. No reconocemos en los cielos a los países porque construimos las frases entorno a los nombres y los nombres de los países no son más que estereotipos culturales.

Dentro de la exposición El arte en la era de la reproductibilidad tecnológica (1998) aparece también algunos óleos de la serie Jueces. En ellos aparecen imágenes de los jueces y carceleros de la película La pasión de Juana de Arco (Dreyer 1928). Rostros pixelados de los personajes que representaban a aquéllos que juzgaron a la heroína francesa. Si no fuera porque la Miriam me aclar que el título de la exposición surge de la modificación de una pintada feminista de Latinoamérica, tendría la sensación de que esta obra ha inspirado dicho título "para mí la culpa para ti la disculpa". La artista parece asumir la culpa de hacer visible para la sociedad aquello que le es invisible; no porque no pueda verlo sino porque no desea reconocerlo como parte de su realidad. Las expresiones inquisitorias de las caras que vemos son, sobre todo, los rostros de aquellos espectadores cuyos valores éticos y estéticos responden un sistema social y económico en decadencia; aquéllos que necesitan creer antes que aceptar la incertidumbre que les presenta la artista ante sus propios ojos.

Debemos dedicar un capítulo aparte a toda la obra destinada a hablarnos de la identidad, nuestra identidad y la que tenemos como sociedad. En este sentido destaco dos piezas. Por un lado, Identidad múltipe. Una impresión láser de 1 x 5'30 m realizada en 2003. En ella aparecen seis rostros, cada uno es el resultado de la superposición de dos caras. El resultado es inquietante. Como parte de un entorno nuestra identidad se pone en duda. Está condicionada por otras identidades. Nuestra subjetividad está relativizada y por tanto nuestro rostro también. Las expresiones, los rasgos, las apariencias no son más que recursos para crear una identidad. Ahora más que nunca la naturalidad no deja de ser más que una pose como diría Oscar Wilde. Acabamos pareciéndonos a nuestros héroes, a aquéllos a los que admiramos y detestamos a los que tienen nuestros propios defectos y a lo que nos resulta familiar. Sin embargo, estereotipamos a los diferentes y "tenemos miedo del coste social que supone tener que asumir una identidad minoritaria". Pero cuál es nuestra posición dentro de la sociedad. Para abordar este tema dirigimos la mirada a tres piezas: Migraciones (Vídeo, 2004); Patinaje y desaparación (Vídeo, 2006), Hundimiento (Vídeo, 2009). Tres reproducciones en los que el espectador sabe que existe un vínculo entre los personajes filmados, pero al haberse borrado el entorno no podemos dar un sentido a lo que vemos, más allá de su propia existencia como individuos pertenecientes a una comunidad. Algo así como le ocurriría a un texto en el que se han borrado tantas letras que ya no es posible dar sentido a su lectura ya que no vemos más que signos que se diluyen en la nada, incapaces de crear palabras. Algo parecido a lo que nos pasa al desconocer la compleja realidad del entorno social, económico, científico? del mundo globalizado en el que nos movemos.

Nos sucede lo mismo cuando intentamos completar un significado a la enorme acumulación de imágenes que recibimos diariamente de lo que la propia artista denomina "el mundo que nos rodea". Es esa imposibilidad del observador para dar sentido a su realidad íntima el fundamento de una gran parte de la obra de Miriam Durango.

En la obra Ingrávidos (impresión láser 3 x 3 m. 2003) Miriam apuesta decididamente por la impresión digital. Diez años después de sus Óleos abstracción geométrica , la artista renuncia a la sustitución del proceso para la reproducción de las imágenes y apuesta por la tecnología como herramienta para la creación. Ya el aura no representa un problema, aparece en la sala de arte. En este sentido Miriam se aproxima a los postulados del Pop Art y se muestra decidida a romper con todo lo anterior.

Miriam Durango ha demostrado en esta exposición un decidido compromiso con el arte y para ello parte del origen de la imagen creada o reproducida. Ese camino nos ha llevado a los terrenos de la incertidumbre. Incertidumbre será lo que sociedades futuras detectará en la obra de arte que descubrirán en entre las ruinas de nuestra sociedad actual.

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