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Entrevista

"Libro de Filipo' surge de una experiencia de regresión por hipnosis"

El actor Pedro Alonso, protagonista de la serie 'La casa de papel', debuta públicamente como escritor

"Libro de Filipo' surge de una experiencia de regresión por hipnosis"

En el proceso de creación de 'Libro de Filipo' hay un momento clave: su encuentro con Tatiana Djordjevic

La verdad es que yo soy, ante todo, una persona curiosa, pero más allá de eso resulta que en determinado momento me encuentro con alguien que me entreabre una puerta a cierto tipo de vía de acceso a lo que no vemos, y eso es algo que me venía interesando desde hacía ya bastante tiempo, al igual que otras vías y opciones que van desde la pintura, que se ha convertido en uno de los pilares de mi vida, pasando por la meditación, que me han servido para conectar de una forma más directa con lo que me mueve. Y me explico: como actor yo me percaté de que por nuestra educación, nuestra cultura y el sistema en que hemos nacido y vivido, casi todo pasa por un proceso racional, pero que eso no era lo más lo más interesante, lo más provechoso, de manera que en una evolución progresiva abrí primero la vía a la meditación y, tras ese primer hilo, he ido tirando y tirando hasta entender como algo natural en mi proceso de búsqueda haberme encontrado con la regresión. Dicho esto, yo no soy de los que va por ahí probando alegremente cada cosa que me digan, pero en este caso la aparición de Tatiana en mi vida fue espectacular y, además, me suscitó una confianza muy grande en ella, al punto de que estaba completamente seguro de que podía confiar en Tatiana como guía para este "viaje".

¿Qué se siente durante e inmediatamente después "despertar" de una regresión?

Hasta donde yo he aprendido, estas vías son herramientas de acceso a lo que uno ya tiene, pero que suele estar a oscuras. En mi caso, si me comparo con una casa, lo que yo he sentido es que me he encontrado con el desván, con el desván de mí mismo. ¿Qué ocurre cuando uno entra en un desván y enciende la luz? Lo primero que ocurre es que corre el aire, que se oxigena lo que está oculto. En mi experiencia, te confieso que la regresión no ha sido nada traumática, aunque sí emocionalmente muy fuerte, pero es que yo quiero entender que todas estas vías de las que estamos hablando tienen que ver con un proceso de sanación en el sentido más amplio de la palabra y que, por tanto, son también un proceso de descarga, de limpieza, de alivio y, por extensión, un regalo y una invitación a seguir viviendo y probando de ellas, a seguir tirando del hilo.

Su regresión lo "transporta" a un lugar y a un período histórico clave en la civilización occidental, nada menos que al mismísimo nacimiento del cristianismo. Visitar ese período y ese lugar, ¿en qué medida ha sido una decisión voluntaria?

Créeme que soy absolutamente sincero si te digo que no ha habido ninguna previsión al respecto. Lo de someterme a una regresión surgió entre Tatiana y yo a raíz de una visita que hicimos al Museo de Monet en Giverny. Así lo hicimos y, vaya, quedamos ambos muy sorprendidos porque la historia que experimenté o, mejor dicho, en la que me introduje como un extraño sin ninguna clase de prejuicio, era hermosísima, tanto que prácticamente fue en esa primera sesión cuando ya reuní las piezas del puzzle de lo que quería contar y el punto de vista desde el que lo iba hacer: un soldado romano, llamado Filipo, que sin saber muy bien por qué, emprende la búsqueda de una mujer. A partir de ahí,en las sucesivas regresiones, que fueron cuatro, me dediqué a encajar las piezas de la primera. Pero, ya te digo, no hubo ningún tipo de previsión, otra cosa es lo que cada lector pueda interpretar o valorar sobre el por qué y el cómo he articulado la narración. Y admito que, efectivamente, esa parte de la historia, la de las regresiones, tiene mucho gancho, pero al final con lo que yo me quedo es con la potencia del encuentro entre Filipo y Yilak, ese es el auténtico corazón de Libro de Filipo, y este es un libro para leer con el corazón abierto entre otras razones porque yo lo he escrito así: con el corazón abierto.

Acaba de citar a los dos principales protagonistas de su libro. Puesto que Filipo es fruto de su propia regresión, ¿qué no hay de Pedro Alonso en Filipo?

La pregunta es difícil de responder, porque si fuese al revés, si me preguntases qué hay de mí en Filipo, yo te respondería que me reconozco en él, aunque, eso sí, de una manera muy extraña?.Pero ¿en qué no me reconozco? Pues, qué puedo decirte. En este momento yo veo a Filipo como un hombre infinitamente más joven que yo, y a partir de ahí pues, bueno, seguramente Filipo hace o dice cosas que yo, a estas alturas de mi vida, no haría ni diría.

Filipo es protagonista, pero Yilak es un personaje determinante. ¿Yilak viene a ser algo así como el maestro, el gurú, el guía que a usted le hubiese gustado tener a mano?

Desde luego, yo estoy rendido al discurso de Yilak, y eso que es paradójico, aunque seguramente sea porque es paradójico. Pero el caso es que me fascina y coincide conmigo en muchos aspectos. Tú, por ejemplo, has identificado a Yilak con Jesucristo, pero en Yilak hay también algo del taoismo, del budismo, de los gnósticos?de todo lo que había antes de que la ideología y la política se los comiesen. Yilak representa toda esa sabiduría milenaria de los maestros que, en apariencia, no te dan respuestas, pero que sí que te animan a resolver tus dudas, tus preguntas, por ti mismo, apelando a tu propia responsabilidad. Y esas son precisamente sus respuestas.

Empezando por el propio Yilak, me han llamado la atención absolutamente todos los nombres de las personas que aparecen en este libro, ¿Qué hay detrás de estos nombres?

(risas) Para empezar te voy a desvelar un secreto: en la regresión, Yilak no se llamaba Yilak. ¿Sabes como llegué al nombre de Yilak? Pues de pura casualidad un día, en un aeropuerto, observé a un niño, negrito, que captó mi interés y, no sé por qué, le seguí con la vista, me recordaba a una especie de Forrest Gump. El niño estaba correteando, se detuvo ante su madre, que era blanca, y, de repente, se acercó a mí para pedirme un autógrafo. Le pregunté si me conocía y dijo que no, que el autógrafo era para su madre, que era quien sí me conocía. Y, bueno, como me quedé hechizado con el chaval, no pude evitar preguntarle su nombre. Me dijo que se llamaba Yilak y, a petición mía, me lo escribió, con lo cual el autógrafo me lo hizo él a mí.

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