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Cine | Festival de San Sebastián

Ellos transportan el plomo

La única representación isleña en las proyecciones del 69 Festival de Cine es la coproducción entre Galicia, Canarias y Colombia ‘Ellos transportan la muerte’

Fotograma de ‘Day is Done’. | | LP / DLP

Gracias. Gracias a quienes me han labrado el camino de baldosas azules, blancas y amarillas que me ha transportado desde hace 14 años a este festival. Para todo aquel al que le arrebate el cine, no digamos quien se dedique a él, conocer al menos una vez San Sebastián es un must. Gracias a él, la Bella Easo es, de toda España, la ciudad donde con mayor conocimiento de causa se comprende esta industria que es arte y entretenimiento. ¿Cómo no siendo así se pueden entender los entusiastas aplausos de todo un auditorio con dos mil personas en su interior ante el despegue del avión que supuso la salvación de los buenos en Argo (Ben Affleck, 2012) en la 60 edición, algo que quien suscribe nunca había visto desde su infancia en las sesiones de las tres y media de la tarde en el cine San Roque de Firgas, cuando el público estallaba en vítores al oír la corneta del Séptimo de Caballería, señal de que venía al rescate de los asediados en el fuerte por los apaches? Los aplausos, gritos, silbidos y vivas debían escucharlos los cañaverales en lo más hondo del barranco de Azuaje, y seguro que vibrarían con ellos.

La única representación canaria en las proyecciones del 69 festival de cine (en eso el cine canario conserva la misma posición peripatética de ayer, hoy y esperemos que no siempre) es la coproducción entre Galicia, Canarias y Colombia Ellos transportan la muerte, del tándem de directores formado por la gallega Helena Girón y el tinerfeño Samuel Delgado. Una vez vista la película quedo pendiente de saber qué papel juega Colombia en la película. Eles transportan a morte es una película perteneciente al subtipo de cine que, desde 2016, se ha apropiado del control de las ayudas públicas de Canarias, un cine de vocación intelectual, generalmente sobrevalorado y con un punto pretencioso y arrogante. Un cine que tiene por una de sus características que hace huir al soberano de la sala, si es que previamente no se ha quedado dormido en ella.

Es un tipo de cine de vocación intelectual, generalmente sobrevalorado y con un punto arrogante

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Lo llevo escribiendo desde que empezó a ser promovido hace una década por eventos como, principalmente, el festival de cine de Las Palmas: suele ser tan aburrido que podrías escribir la crítica durante la misma proyección y tan previsible que la podrías escribir, incluso, en el mismo asiento 12E del avión A321 de Iberia Express que te ha transportado el día antes de la proyección a este festival. Por la intensa presión que sus correligionarios hacen en redes y medios de comunicación, así como por su total convencimiento de estar poseídos de una verdad que para ellos se escribe con uve mayúscula, por su necesidad de financiarse nada más que con subvenciones públicas, ya que comercialmente no tienen escapatoria, este tipo de cine tiene cada vez más cabida en los festivales, aunque en los grandes ocupan, como aquí, espacio en secciones paralelas, en este caso la sección Zabaltegui, la única del de San Sebastián donde conviven películas de cualquier duración y que puede incluir tanto estrenos como películas ya estrenadas, e incluso premiadas, en otros festivales.

Como última reflexión previa antes de su visionado, decir que la hispano colombiana Eles transportan a morte es un mal llamado cine «de riesgo», pues el reto -y verdadero riesgo si se falla- está en hacer cine original y potente que además sea capaz de conectar con el espectador de plataformas y salas. Es la única forma de que se genere un intercambio económico, y a veces también artístico y cultural, que facilita el progreso de la sociedad en su conjunto.

El delicado, milimétrico y ultrasensible cortometraje chino sobre la relación entre un nieto y su abuelo, Day is Done (Zhang Dalei), una preciosidad que fue merecedora del premio al mejor corto en el pasado festival de Berlín, es una antesala que le viene muy grande a Ellos transportan la muerte, una de cuyas peculiaridades es que está hablada casi toda en gallego y el acento canario, cuando aparece, está subtitulado al español peninsular.

Mi limitadísima inteligencia es incapaz de captar la excelencia que sin duda atesoran sus 75 minutos. Me esfuerzo, pero es en balde. Me resulta imposible captar la profundidad del relato que se recrea lo mismo en una súbita y providencial erupción volcánica, usando para ello imágenes de archivo de las del palmero Teneguía en 1971 (ahí han estado premonitorios en el envite), que en el pelaje y ojos de un hermoso pollino gallego, que en imágenes alargadas con la pantalla en negro (suponemos que por su voluntad de transmitir la impresión de oscuridad, cosa que siempre da juego), o en la momia número 6 de nuestro Museo Canario, que después aparece en los títulos de crédito nombrada como una actriz más, lo que me parece una falta de respeto a la finada.

El delicado corto chino ‘Day is Done’ es una preciosidad que ganó en el festival de Berlín

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Es la cáscara que envuelve esta lección de cine banal lo que salva la película, especialmente sus diseños de producción y sonoro y sus interpretaciones. Todo este bien logrado despliegue técnico ayuda al espectador desinformado a pensar que debajo del lienzo de estos plomizos cuadros animados de forzada plasticidad hay algo que se está perdiendo.

Debe observarse, no obstante, en relación al discurso que sobre la película lanzan sus directores a la prensa, que el relato oficial de la conquista de Canarias y el Nuevo Mundo que pretende desmontar, esa supuesta «anti historia del Descubrimiento», está, como sabe cualquiera mínimamente informado, desmontado desde hace ya muchas décadas en libros, ensayos y películas. ¿O lo que pretenden desmontar es el discurso ya desmontado? También está ya ampliamente superado eso que afirma sobre de que de los antiguos canarios la Conquista dejó solo «algunas huellas». Todo esto me trae a la memoria el chiste de Les Luthiers del Adelantado Rodrigo Díaz de Carreras, que aparece en su disco Vol. 1. De él dice la voz inolvidable de Marcos Mundstock que «fundó Caracas… ¡en pleno centro de Caracas! ¡Pero si ya estaba fundada, hombre!».

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