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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Novedades literarias

El Apocalipsis según Ken Follett

El rey del bestseller propone en 'Nunca' un sombrío augurio sobre la amenaza muy real de una guerra nuclear devastadora

Ilustración de Pablo García.

Si alguien como Ken Follett te dice que hay un peligro sólido y nada lejano de que una guerra nuclear acabe con todo(s) hay que tomarlo muy en serio. No es un autor que se tome sus presagios a la ligera: sus novelas están documentadas al máximo, selecciona con cuidado los materiales para hacer creíble lo que quiere plantear y habla con quien tenga que hablar para conocer interioridades de los asuntos que trata para tener información de primera mano, muchas veces vedada a los circuitos convencionales. Por eso 'Nunca' deja al final un poso inquietante al borde mismo del estado de alarma: Follett, y ese es uno de sus grandes méritos como autor que logra hacer creíble lo que parece increíble, no se anda con paños calientes a la hora de dibujar un posible escenario de confrontamiento bélico en el que nadie puede ganar.

Todos perderemos.

La extensa trayectoria como escritor del autor galés avala su profesionalidad como creador de intrigas-lapa que no dejan que sus lectores pierdan interés por lo que va a pasar una página después. Honesto como pocos a la hora de considerarse un escritor al que la (llamémosla así) alta literatura le importa poco (donde esté un Rolls Royce que se quite el Nobel), el laborista Follett tiene una fórmula de éxito que aplica tanto a sus historias más modernas como a las ambientadas en tiempos añejos. Primero, la documentación, en la que no escatima gastos. Pero, a diferencia de otros colegas que la sueltan a borbotones, muestra una extremada habilidad para dosificarla y que sirva para ambientar lo justo y necesario, ya sea el desierto del Sáhara o los pasillos de la Casa Blanca.

Segundo, los personajes. Los identifica con rapidez por sus características esenciales para que el lector tenga claro de qué pie cojea y lo que puede esperar de sus acciones y emociones. Sin complicaciones pero sin abusar de la simpleza. Tercero, el ritmo. Ya sea en avalanchas de páginas como 'Los pilares de la tierra' o 'Nunca', Follett posee un don (bien engrasado por la experiencia, y que aparece incluso en sus títulos menos distinguidos) para mantener el motor narrativo a pleno funcionamiento, acelerando y frenando cuando hace falta para que el enganche no se pierda. Y es normal, entonces, que se llegue al final de sus novelas a velocidad de crucero.

En el caso de 'Nunca', las últimas páginas son calculadamente sintéticas para que los lectores queden como el autor quiere que queden: tragando saliva.

¿Cómo nace 'Nunca'? El autor se estaba documentando para 'La caída de los gigantes' y se dio cuenta de que nadie quería la Primera Guerra Mundial. Es decir: ningún líder europeo de uno y otro bando tenía la menor intención de llenar el continente de sangre y destrucción. Y, sin embargo, cada uno de los protagonistas, desde los emperadores hasta los primeros ministros, tomaron decisiones nada radicales que acabaron provocando un estallido de proporciones desconocidas cuando una chispa inesperada encendió la mecha. Y aquel conflicto brutal que nadie quería animó al escritor a plantearse un escenario actual en el que las consecuencias apocalípticas no tendrían unos mimbres premeditados. A diferencia de lo que sucedió durante la Guerra Fría, en la que el miedo mutuo de las superpotencias a una guerra que acabara con todas las guerras porque ya no habría quién peleara en ellas, el mundo actual es, en su desequilibrio de fuerzas y debilidades, un caldo de cultivo excelente y fúnebre para que la irracionalidad generalizada y las decisiones destructivas a gran escala tomen el mando.

El puzzle coloca piezas en el desierto del Sáhara (así enhebra con habilidad un romance, que siempre favorece el tinglado emocional), en China (lugar ideal para los enfrentamientos entre ambiciones que ponen al rojo vivo las calderas políticas, y que desbanca a Rusia como gran “coco”) y en Estados Unidos, claro, donde tenemos a una mujer presidenta por primera vez sometida a las presiones descomunales de una crisis mundial angustiosa y con muchos halcones sobrevolando a la espera de atacar. Y en ese mapamundi convulso y de feroces intereses de todo tipo empiezan a saltar las chispas entre países, agresiones en cadena, alianzas que imponen decisiones irrevocables e insensatas...

Con la precisión y contundencia de un martillo pilón, Follet va machacando certezas, puentes, conexiones inteligentes, vías de urgencia antes de llegar al callejón sin salida en el que solo cabe llorar y asumir las consecuencias. ¿Recuerdan '¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú', la adusta comedia de Kubrick que en 1964 mostraba un mundo arrasado por los hongos nucleares? Aquella profecía sarcástica se quedó en las pantallas, pero Follett ve en estos momentos la posibilidad cada vez más cercana de que algo así se llegue a consumar, si bien el título responde al deseo de que sea “nunca”.

Con 178 millones de ejemplares vendidos de sus 36 libros, el autor de 'Las tinieblas y el alba' se ha ganado con creces el derecho a ser escuchando cuando lanza mensajes de advertencia tan bien diseñados y ejecutados. “Durante muchos años, James Madison ostentó el título de ser el presidente más bajo de Estados Unidos, con su metro sesenta y tres de altura. Hasta que la presidenta Green batió ese récord. Pauline Green medía apenas metro y medio”. Así comienza el regreso de Follett (Cardiff,1949) al género del thriller de espionaje (en el que debutó en 1978 con la estupenda “La isla de las tormentas”), y lo hace con su habitual habilidad para la descripción funcional, los diálogos incisivos y los sobresaltos adecuados para desactivar somnolencias. ¿Una tercera guerra mundial en el horizonte? ¿En serio? Totalmente.

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