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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Fotografía

Tefía, símbolo de la represión

Axis Mundi abre la muestra 'Ni Vagas Ni Maleantes' en la Casa de la Cultura de Puerto del Rosario, en Fuerteventura, sobre este campo de concentración sobre el que también se rodará una serie

'Ni Vagas Ni Maleantes', fotografía que abre la muestra.

Diego Flores no supo hasta los veinte años que el albergue donde jugaba durante el verano había sido un campo de concentración. En Fuerteventura, el desierto guardó durante décadas un espacio ominoso para la memoria: la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, en donde se mantuvieron encerrados entre 1953 y 1966 a los condenados por la Ley de Vagos y Maleantes de la dictadura franquista. Pero, ahora, una joven generación recuerda el pasado sin miedo, como ha hecho la exposición fotográfica Ni Vagas Ni Maleantes, un proyecto realizado por Flores y su hermano Sebastián Flores Sáez a través de la entidad cultural Axis Mundi y financiada por la Dirección General de Diversidad de Canarias, la cual permanece abierta hasta el 12 de marzo en la Casa de la Cultura de Puerto del Rosario.

La ley de vagos y maleantes, aprobada en el año 1933, sería utilizada posteriormente por el régimen como una herramienta de represión y control contra todas aquellas personas que no se ajustaban al canon hegemónico, donde la doctrina católica imponía la heterosexualidad y lo cisgénero como único modelo aceptable. Entonces, los barrancones abandonados del antiguo aeropuerto de Fuerteventura fueron utilizados para cumplir tal fin. «Me puse a investigar cómo funcionaba el campo de concentración de Tefía y encontramos que hubo más de 300 personas encerradas, sobre todo grancanarios, de las que solo había 20 condenados por homosexualidad», comenta Diego Flores. «Seguramente, el resto se podía pagar el soborno o un buen abogado». En La Palma, Tenerife o Gran Canaria funcionaban otras cárceles similares. «Nuestra intención es difundir y reivindicar la importancia de la lucha para que no vuelvan a pasar estos hechos, ya que, la realidad es que lo de Tefía se dice, pero con la boca chica, intentándole quitar importancia», subraya el activista.  

'Hambre', parte de la exposición 'Ni Vagas Ni Maleantes'. Sebastian Flores Saez

En el camino de los hermanos Flores, oriundos de Corralejo, ocurrieron dos hechos que dieron lugar a esta muestra: primero, la pandemia hizo que se replantearan qué querían hacer con sus vidas y Diego, harto del call center en el que trabajaba, decidió apostarlo todo a la gestión cultural como autónomo y arrastrar con él a Sebastián, quien había encontrado su pasión en la fotografía de bodas; y, por fin, la consecución de un hito, el 26 de mayo de 2021 se aprobó la ley trans en Canarias, pionera en el Estado. Era el momento para replantear la memoria histórica del colectivo con el acompañamiento de las asociaciones Altihay y LGTBI Equal, cuyos miembros se ofrecieron como modelos en el recorrido que se compone de 15 imágenes. En ellas, también se muestra la doble invisibilización que traspasó a las mujeres del colectivo y a las personas trans.  

Durante el proceso, contactaron con Víctor M. Ramírez, director general de Diversidad del Gobierno autonómico, quien tuvo la oportunidad de entrevistar a Octavio García y a Juan Curbelo antes de su fallecimiento, presos de Tefía y retratados en su libro Peligrosas y revolucionarias. «La memoria de la disidencia sexual y de género en Canarias es parte de la historia de nuestra comunidad y territorio, quienes la habían sufrido no se habían atrevido a decirlo públicamente hasta hace poco. Estamos en una época complicada con discursos políticos que dan pasos atrás en los derechos LGTBI o de la mujer», asevera. En aquella época, la sociedad majorera era rural y estaba alejada de los focos, por lo que viviría con miedo y estupefacción lo que ocurría a unos 20 kilómetros de la capital. 

Patrimonio y una serie de ficción para preservar el recuerdo

La primera luz en Tefía la encendió Miguel Ángel Sosa al publicar Viaje al centro de la infamia. Más tarde, Ramírez bucearía entre los expedientes de los reclusos y entrevistaría 15 testimonios relacionados con las disidencias sexuales. «De este recorrido, me quedo con la experiencia humana. Estas personas vivieron en armarios muy profundos y, a su vez, disfrutaron, por ejemplo, de carnavales clandestinos buscándose entre ellas para encontrar a esa familia elegida. Hubo tiempo para el amor, también para el sufrimiento, somos claroscuros», recuerda. 

Aquellas personas encerradas entre las dunas, sin vallas, pues la orografía convertía el encierro en un destierro, esperaban a la libertad. Esta imagen resuena en la mente de Miguel del Arco, guionista de la nueva serie Las Noches de Tefía de ATRESplayer. Cuenta la historia de un anciano, Airam Betancor, quien revive en 2004, a las puertas de la aprobación de la ley del matrimonio igualitario, lo vivido durante meses a sus 18 años en los barracones. «Utilizo el escenario de Tefía para, como decía Almudena Grandes, usar la historia siendo absolutamente leal y, a la vez, absolutamente infiel para contar lo que quiero. Es una historia escrita con el corazón en la mano por mi condición de homosexual y, también, mi ideología: mi abuelo murió en la Guerra Civil y, con todo el proceso de documentación, siempre he reflexionado qué país habríamos heredado de haber sido todo distinto», comenta el escritor al otro lado del teléfono. 

Los vientos confluyen alrededor de Tefía: el rodaje comenzará el 25 de abril en las arenas majoreras; mientras, Ni Vagas Ni Maleantes intentará dar el salto a todo el Archipiélago; al mismo tiempo que, desde el ámbito de Diversidad, se recopila material dentro de la Estrategia de la memoria histórica de la disidencia sexual y de género en Canarias, una línea específica dentro de los archivos provinciales. «Fuerteventura ha asumido que Tefía es un elemento importante de su patrimonio cultural e historia», declara Ramírez y Flores termina, «queremos que quienes vengan aprendan de dónde venimos, que se sepa lo que aquí ocurrió».  

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