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La Provincia - Diario de Las Palmas

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La mirada al cielo de Ricky, alma de líder

El base, MVP del Mundial, pensó en dejar el baloncesto por la enfermedad de su madre

Ricky Rubio señala al cielo en recuerdo a su madre fallecida mientras sostiene la Copa del Mundo. roman pilipey / efe

Cuando la selección española de baloncesto ganó su primer Mundial en 2006 Ricky Rubio tenía 15 años, pero ya era un hombre. Meses atrás, el 15 de octubre de 2005, se había convertido en el jugador más joven en debutar en la Liga ACB, a los 14 años, 11 meses y 24 días, un récord que todavía ostenta. Acababa de saltar al escaparate nacional cuando el combinado dirigido por Pepu Hernández alzó la Copa del Mundo en Japón. Algo más de una década después, tras una progresión que inicio en el Joventut y mantiene en la NBA, le tocó levantarla a él en China.

Y lo hizo a lo grande, porque culminó el campeonato con una actuación estelar en la final -20 puntos, siete rebotes y tres asistencias-, lo que le llevó a ser elegido como el mejor jugador del partido ante Argentina y a confirmar gracias a ello su designación como el MVP del torneo, por delante de muchos otros que partían como favoritos. Un broche de oro para un acontecimiento que se había tomado como algo personal.

Porque proclamarse campeón del mundo fue un deseo del de Masnou (Barcelona) desde que vio cómo los Gasol, Calderón, Jiménez, Rudy o Garbajosa lo hicieron cuando el baloncesto acababa de convertirse en un nuevo modo de vida para él. Ya no había vuelta atrás. Había de buscar la culminación de ese reto.

Sin embargo, hace tres años le surgió un motivo todavía más poderoso para superar obstáculos y perseguir objetivos: la muerte de su madre, víctima de un cáncer de pulmón. El impacto de la enfermedad de su progenitora para Ricky fue de tal calibre que llegó a pensar incluso en dejar el baloncesto.

La confesión

"Imagine lo que es estar hablando con tu madre y que te tenga que colgar por lo mal que se encuentra. ¿Qué haces entonces a 10.000 kilómetros? ¿Qué importa entonces el baloncesto? Seguí en Minnesota porque ella me lo pidió, decía que esa era la única forma que tenía yo de luchar por ella. Muchas veces no quería ir a jugar, lo hacía por ella", expresó Rubio en La Vanguardia.

Por eso ayer apuntó con el dedo índice de su mano izquierda al cielo de Pekín mientras con la otra sujetaba el trofeo de emperador mundial -tal y como refleja la imagen que acompaña a esta información-. Era el título de su madre, la que le impulsó a seguir hacia adelante y de la que tomó ejemplo para hacer ver a cualquiera que siempre hay una salida, una vía de escape ante cualquier adversidad.

Lo demás fue una nueva demostración de un marciano que domina las facetas del baloncesto como pocos. Lo peor que se le da es lo más atractivo, el tiro, aunque siempre se reserva alguna demostración de puntería como la de ayer. En cambio, se le da mucho mejor asistir, defender, robar, dirigir el juego y, sobre todo, liderar.

Ricky Rubio fue, junto a Marc Gasol y Rudy Fernández, pero sobre todo él, la voz cantante en cada uno de los corros de la selección. Su experiencia a lo largo de 14 años desde que debutó en la ACB le avala. Ya no es el joven imberbe con cara de niño que apuntaba maneras; ahora es un tipo con barba y coleta que está a punto de comenzar su novena temporada en la NBA -la tercera en Utah Jazz-. Y que por fin pudo mirar al cielo.

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