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La Provincia - Diario de Las Palmas

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la gran guerra de 1914 (x)

Los Dardanelos y Gallípoli

La operación en la que los británicos pronosticaban una victoria fácil sobre los turcos se saldó con un cruento y completo fracaso, que dejó un balance de 145.000 víctimas entre muertos y heridos

Los Dardanelos y Gallípoli

La paralización del frente occidental y la entrada en la guerra de Turquía hizo pensar al mando militar británico que una intervención contra los turcos podía ofrecer ocasión de una victoria rápida. Otra de las alternativas que se barajaron fue la de un desembarco en algún punto de la costa dálmata para sorprender a Austria-Hungría, pero la opción turca se consideró la más ventajosa. Sería una manera de ir derribando los "puntales" que sostenían a Alemania y, así, el 5 de enero de 1915 el Consejo de Guerra británico acordó que "los Dardanelos parecían el objetivo más adecuado, ya que allí se podía llevar a cabo un ataque conjunto con la flota".

Los Dardanelos son un estrecho de unos 60 km de largo y una anchura que oscila entre los 7 km en su parte más ancha a 1,17 en la más estrecha. Comunican el mar Egeo, en el extremo oriental del Mediterráneo, con el de Mármara, en cuyo extremo nororiental se encuentra el estrecho del Bósforo que da paso al mar Negro. A orillas del Bósforo se emplaza la ciudad de Estambul, la antigua Constantinopla. El alineamiento de Turquía con las potencias centrales había dejado al imperio ruso incomunicado por vía marítima, de ahí que la reapertura de esa vía permitiría dar salida al trigo ruso y a otros envíos que estaban atrapados en el mar Negro, al tiempo que se podrían proporcionar a Rusia armas y municiones de lo que estaban muy necesitados. La acción podría involucrar también en la guerra a Grecia y quizás a Rumanía y Bulgaria.

A primeros de enero de 1915, Winston Churchil, primer lord del Almirantazgo, expuso el proyecto de ataque contra los Dardanelos, que fue aprobado por el Gobierno el 28 de enero y establecido en detalle el 2 de febrero. Se trataba de una operación naval, en la que la artillería de 15 acorazados y cruceros se encargaría de destruir las defensas de los fuertes turcos que protegían el estrecho, al tiempo que los dragaminas abrirían el paso en el canal. Los franceses, cuyo ministro de Marina consideró el plan "prudente y previsor", lo apoyaron con su flota, que iría bajo mando inglés.

Mientras tanto, ayudados por los alemanes que habían construido secretamente pozos para el aprovisionamiento, los turcos emprendieron una marcha de 200 km a través del desierto de Sinaí para llegar hasta el canal de Suez. La noche del 3 de febrero de 1915 se plantaron delante del canal y a la mañana siguiente, a las órdenes del teniente coronel alemán Kres, iniciaron el paso a la otra orilla. Lograron establecer tres pontones y unos sesenta hombres consiguieron llegar a la otra orilla, pero la rápida respuesta británica, con tropas indias, el apoyo de buques de guerra y un tren blindado, impidió que veinte mil turcos cruzaran el canal y provocaran un alzamiento antibritánico en Egipto. Murieron doscientos turcos y más de setecientos fueron hechos prisioneros.

El mando de las fuerzas navales anglo-francesas en los Dardanelos fue encargado al almirante inglés Carden, quien una vez iniciado el ataque comprendió que iba a ser necesario un desembarco de tropas que completara la destrucción de las defensas turcas y se apoderara del terreno. Sin esperar estas fuerzas de ocupación, la escuadra aliada inició el bombardeo contra los fuertes turcos que protegían el estrecho y el 25 de febrero de 1915 ya habían logrado acallar, aparentemente, las defensas turcas. Los rusos se aprestaron a concentrar dos divisiones en Odessa y Batoum para lanzarlas sobre el Bósforo una vez que fuera forzado el paso por los Dardanelos. Incluso, el primer ministro griego Venizelos propuso cooperar con los aliados, con la condición de que Francia e Inglaterra desplegaran dos cuerpos de ejército. Sin embargo, el 6 de marzo, el rey griego Constantino se opuso a los planes de su primer ministro y éste se vio obligado a dimitir.

El 10 de marzo, después de cinco días de bombardeo intenso y de haber penetrado hasta la parte más angosta del estrecho, los marinos británicos tuvieron que reconocer que ellos solos con sus barcos no se bastaban para conquistar la zona. Para lograrlo era preciso desembarcar una división de infantería en la península de Gallípoli, que acabara de destruir toda la artillería turca y ocupara el terreno. Gallípoli, nombre que adquirirá una gran popularidad en esos meses de 1915, es una alargada península que se sitúa a la entrada del estrecho de los Dardanelos, entre éste, al sur, y el golfo de Saros, al norte.

Lord Kitchener, secretario de Estado de Guerra, aceptó el envío de tropas y planteó la formación de un cuerpo expedicionario. Mientras tanto, la escuadra aliada, acuciada por Churchil, lanzó un ataque a fondo el 18 de marzo que se saldó con un completo fracaso y que trajo como consecuencia la pérdida de un tercio de los navíos empleados en el mismo. Esta debió de ser la señal para retirarse de la zona, pues la victoria fácil que se esperaba lograr cada vez se iba complicando más, pero no queriendo reconocer el fracaso se porfió con la idea del desembarco en Gallípoli.

Dos cuerpos de desembarco, franceses e ingleses, desembarcaron en Gallípoli el 25 de abril. Participaron en la operación 30.000 hombres, que no consiguieron avanzar apenas unos metros en el terreno y quedaron atrapados frente a las defensas turcas, que dirigían mandos alemanes. El Gobierno británico se planteó la cuestión de continuar o retirarse de la acción, entre reproches mutuos de Kitchener y Churchil. Por razones de prestigio se decidió continuar, pues una victoria turca podría alterar el equilibrio de la zona y alentar nuevas ofensivas como la ya intentada sobre el canal de Suez y Egipto.

El 14 de junio, el comité de guerra británico decidió enviar a los Dardanelos nuevas divisiones que ampliaran el área de desembarco y permitieran el avance. El 7 de agosto, el general Hamilton intentó rebasar las posiciones turcas pero la línea de frente apenas cambia en Gallípoli. Reacios a reconocer el error, los ingleses no se decidieron a abandonar el asunto de los Dardanelos hasta finales de noviembre de 1915, con un saldo totalmente catastrófico. Se llegaron a movilizar en esta batalla hasta 450.000 efectivos en sucesivas incorporaciones, si bien nunca hubo sobre el terreno más de 160.000 hombres. Las pérdidas entre muertos y heridos alcanzaron los 145.000 hombres.

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