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“Querido hospital”

“Me han invitado a escribir unas letras sobre el Hospital Insular y no es fácil porque el cariño que le tengo a esa casa me supera. Bueno, allá, por los años que se gestaba la necesidad de edificar un centro que diese continuidad al viejo Hospital San Martín y cubriera la enorme demanda sanitaria de una parte de la población calificada como pobres de solemnidad, para que fuesen atendidos dignamente, nace el Hospital Insular. Ese acontecimiento coincide con la exigencia protocolaria de tener que incorporarte al mercado laboral. Así que de forma repentina y casi sin darme cuenta se abrieron un abanico de posibilidades, entre ellas el mecanismo que llegó a vincularme laboralmente con el deseado, el elegido y muy querido Hospital Insular”, relata.

“Tengo la certeza de que, por innumerables razones, fue la mejor decisión, entre la que valoro notablemente las relaciones humanas que disfruté durante 46 años de servicio; prueba de ello, aunque resulte paradójico, es que, si fuera posible, estaría dispuesto a repetir la vivencia. El hecho de que la experiencia se adquiera a través de la práctica, no permite que los inicios sean fáciles, pero el compañerismo y unificación de criterios, fusionados con la calidad humana permitió, en el desarrollo de nuestras funciones, que los objetivos se fueran progresivamente alcanzado hasta tener repercusión en la asistencia a los usuarios de la institución”.

“He visto el color de cada capa de pintura que ha cubierto sus paredes durante estos cincuenta años y sé las alegrías que esconde cada una de esas capas, así como las tristezas y los llantos que oculta…”, concluye Juan Infante, uno de los compañeros más queridos y respetados del centro hospitalario.

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