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El pergamino de Clío

La epidemia del baile

(L)  | LARA DE ARMAS

En 1518 un pueblo de Estrasburgo bailó hasta morir. Hoy, esta epidemia sigue siendo un misterio. Todo comenzó cuando Fray Troffea comenzó a bailar de forma compulsiva durante cinco días aproximadamente. A los testigos les pareció que Troffea estaba siendo poseída ya que, además, tenía cara de sufrimiento. Poco más tarde un vecino se unió al baile y luego otro hasta llegar a 30 personas bailando día y noche.

Al pasar un mes, al menos 400 vecinos se habían contagiado y caían muertos por el agotamiento, ataques cardiacos, epilepsia… Lo divertido de la situación es que los médicos aconsejaron ayudarles a sacar de su sistema el mal, aportando una tarima y música para mantenerlos activos. Esto, obviamente, no frenó el ritmo de muertes.

La plaga cesó a principios de septiembre de forma tan misteriosa como había comenzado. Hasta ahora no se ha podido explicar el episodio, pero hay diversas teorías. Una de ellas propone que la epidemia surgió a raíz del consumo de un hongo del cornezuelo de centeno, lo que vendría a parecerse al LSD, no obstante, se la ha rebatido explicando que este hongo obstruye el flujo sanguíneo y, por tanto, el movimiento.

Se ha especulado con que los bailarines eran, en realidad, miembros de un culto y que el acto era parte de manifestaciones satánicas. Las fuentes más fiables aseguran que los afectados no querían bailar y que lo expresaban verbalmente. La última teoría y la más aceptada es la aportada por el historiador John Waller que atribuye este hecho a la histeria colectiva. El hambre, la crisis, el estrés y las enfermedades sufridas por el pueblo en aquel momento pudieron producir una psicosis masiva. Desafortunadamente, esta hipótesis no explica por qué las personas decidieron expresarse mediante el baile y no de otra manera.

Es sin duda un fenómeno misterioso, pero no fue único ya que se registraron diez episodios similares en Bélgica entre 1374 y 1518.

El misterioso cronista franciscano, Fray Juan de Abreu Galindo, recoge en sus escritos la aventura de Martín Ruiz de Avendaño, capitán vizcaíno que acabó en aguas canarias por mal de una tormenta. Según Abreu Galindo, Avendaño llegó a Lanzarote en 1377 y fue acogido por el rey Zonzamas quien, siguiendo las costumbres aborígenes, cedió el lecho de su esposa, la reina Fayna, al capitán. A raíz de esta relación íntima nació la princesa Ico.

“Tenía este rey una mujer, llamada Fayna, en quien hubo Martín Ruiz de Avendaño una hija, que llamaron Ico, en este acogimiento hospedaje; la cual Ico fue muy hermosa y blanca: siendo todas las demás isleñas morenas, ella sola había salido muy blanca”.

Ico se casó con el rey Guanarame, hijo de Zonzamas y de esta unión nació Guadarfía. En este punto debemos detenernos para reflexionar sobre el parentesco entre Ico y Guanarame. Debemos tener en cuenta que Ico fue hija de Fayna y Avendaño, mientras que Guanarame lo fue de Zonzamas y, probablemente de otra mujer, ya que la poligamia era algo natural entre los aborígenes canarios.

Al morir Guanarame se produjo un conflicto dinástico ya que Ico no era aceptada como heredera legítima al ser hija de un extranjero y, por tanto, su linaje y su hijo no serían dignos de la jefatura de la isla. Para probar que era descendiente de Zonzamas, someten a Ico a la “prueba del humo” que consistía en encerrar al sujeto en un habitáculo con tres criadas para luego llenar la estancia de humo. Si el sujeto era noble sobreviviría. Según el relato del cronista, una anciana, probablemente una sacerdotisa, le ofreció a Ico una esponja humedecida y le aconsejó que respirase a través de ella para evitar asfixiarse. Gracias a este consejo, Ico sobrevivió y pudo acceder a la jefatura de la isla su hijo Guadarfía.

Te preguntarás por qué digo “leyenda” si está documentada por un cronista. Bueno, hay una serie de aspectos que dificultan la fiabilidad del relato. En primer lugar, se cree que fray Juan de Abreu Galindo fue un seudónimo y que detrás de su obra se encontraba alguien relevante en la sociedad andaluza de la época. En segundo lugar, su obra se conserva a través de copias tardías y no se ha podido comprobar que dichas copias fuesen facsímiles, es decir, su relato puede estar adulterado. En tercer lugar, según la relación entre estas copias hay datos que no concuerdan como las fechas o el parentesco real entre Ico y Guadarfía. No obstante, sí hay aspectos que concuerdan con la realidad de la época y. que dan algo de fiabilidad al relato, como el recibimiento del extranjero y el préstamo del lecho, ya que hay constancia de ciertos pueblos del norte de África, como los bereberes que llevan a cabo estas prácticas.

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