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La Provincia - Diario de Las Palmas

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20 años de magia

Harry Potter mantiene su hechizo

El 30 de noviembre se cumple el 20º aniversario del estreno en Canarias de ‘Harry Potter y la piedra filosofal’ | El primer volumen de la saga sigue en el ‘top ten’ de libros juveniles de Amazon

Harry Potter mantiene su hechizo

En el ojo del huracán de la crisis de desabastecimiento mundial que sufrimos tras los estragos de la pandemia, el Reino Unido lanzaba hace unos días un particular grito de alerta, el de comercios y tiendas de coleccionistas que se quedaron hace unos días sin mercancía del universo Harry Potter en sus estanterías y almacenes. La fiebre Potter, un fenómeno relacionado con la historia creada por la escritora J.K. Rowling a finales del siglo XX, ha vuelto con fuerza coincidiendo con el 20 aniversario del estreno de la primera película de la saga, Harry Potter y la piedra filosofal. El reestreno del filme en las pantallas de cine y un sinfín de actividades paralelas han agitado el fervor de los fans que crecieron con él y las nuevas generaciones. ¿Cómo es posible que sobreviva al paso del tiempo en una sociedad en continua evolución? ¿Cuál es su secreto?

Harry Potter y el poder de los miléniales

El primer libro de la saga se publicó en 1997. La editorial Salamandra compró los derechos de traducción de la serie entera en 1999 y la primera película que apuntaló el fenómeno llegó a las pantallas de todo el mundo en 2001. En los cines de Canarias y de toda la Península el filme se estrenó en 30 de noviembre.

El séptimo y último volumen, Harry Potter y las reliquias de la muerte, llegó en 2008 a nuestras librerías y en su publicación en inglés fue el libro de venta más rápida de la historia, con once millones de ejemplares en 24 horas. En 2016, la novela Harry Potter y el legado maldito, centrada en un protagonista ya adulto, se convirtió en el libro más vendido del año.

La publicación escalonada de las novelas fantásticas de la saga, siete en total, con uno o dos años de margen entre cada una de ellas a la hora de llegar al quiosco y su réplica en el cine ha tenido un impacto significativo en el fenómeno. «El momento elegido para la publicación de cada historia de la serie fue clave», explica Anthony Gierzynski, «porque hizo que el crecimiento de los personajes fuera paralelo al crecimiento de los miléniales que lo leían». Gierzynski es profesor de Ciencia Política en la Universidad de Vermont, y ha estudiado el fenómeno para entender su conexión, de calado, con la generación más impactada por Harry Potter, la que pasó por la adolescencia y la primera edad adulta y ahora tiene hijos o sobrinos en edad de sumergir en el universo mágico.

El profesor realizó en 2013 una encuesta en EEUU a más de 1.100 estudiantes universitarios distinguiendo entre fans de Potter y quienes no lo habían leído o no les gustaba. Sus fans, según el estudio, estaban «más abiertos a la diversidad» y eran «políticamente más tolerantes» y resultaban «menos autoritarios» en sus puntos de vista . También demostraban ser más activos políticamente. El autor considera que la influencia de la lectura, el cine, y luego su paso a televisión ha modelado de alguna forma a toda a una generación y su manera de entender el mundo, y ha estrechado los lazos de comunidad.

El comportamiento gregario de los fans sigue en los entornos universitarios entre generaciones que han ido sucediendo a los miléniales en la pasión por Harry Potter. Que los profesores hayan crecido con el personaje tiene mucho que ver. Las universidades de Yale, en Estados Unidos, y Durham, en Reino Unido, organizan cursos centrados en la ética y la cultura que puede inspirar determinada lectura de la obra de Rowling, y hasta en India, en la Universidad de Kolkata, se imparte un curso legal, dentro de la facultad de Derecho, a partir de reflexiones jurídicas que abre la trama del llamado Potterverso. Un curso que hoy en día tiene lista de espera de estudiantes para participar porque su pequeño formato ha desbordado las expectativas.

«El impacto de Harry Potter siempre será único para los miléniales», explica Anthony Gierzynski, «pero las nuevas generaciones asimilarán otras influencias en función de lo que sea más popular en sus años de formación».

Harry Potter y su efecto mágico en la literatura juvenil.

Las repercusiones del fenómeno Potter impactaron de lleno desde su origen en la cultura y la lectura de los más jóvenes. Harry Potter vino, de alguna manera, a rescatar el sector. «Potter», explica Andrew Deman, es en definitiva «una historia sobre un internado mágico en un momento en que la ficción juvenil se había vuelto muy oscura y moderna». Deman es profesor en la Universidad de Waterloo y experto en narrativas gráficas y cómics. Señala que el universo Potter «representa una revitalización moderna de un género aún más antiguo llamado school-days, que se remonta a 1857 y fue tremendamente popular entre las generaciones de jóvenes lectores a fines del siglo XIX». La narrativa fantástica caló en las edades más jóvenes, y los niños fueron saltando de una saga a otra, en un mercado editorial floreciente que emulando el éxito de Rowling, acompañaba en las distintas etapas de crecimiento a sus lectores.

Los jóvenes de 14 a 24 años son los que más leen (un 73,8%), según el barómetro de hábitos de lectura y compra de libros del gremio de editores de España que pudo tener un fuerte impacto de los hábitos del confinamiento, pero ya en años anteriores la franja donde la lectura tiene más prevalencia es la de 10 a 13 años, con unos 7 libros al año de media.

La narrativa fantástica copa los títulos actuales, y la saga de Sombra y Hueso de Leigh Bardugo, La rueda del tiempo y The Witcher, se han expandido impulsados por la retroalimentación de la producción televisiva, los videojuegos y el merchandising. Y con todo lo que ha llegado después, Amazon aún sitúa en el top ten de ventas sus libros juveniles el primero de Harry Potter, y los otros le siguen a poca distancia.

Harry Potter contra la pandemia.

Sucedió durante el confinamiento. Entre los retos virales de Tik Tok, uno de los más compartidos fue la celebración de un fin de semana Harry Potter, según el cual te podías preparar un cóctel «sangre de unicornio», con tequila limonada y Saint Germain inspirado en el brebaje que aparece en Harry Potter y la Piedra Filosofal, o una «poción multijugos» con base de ginebra basado en el zumo mágico cambiaformas que aparece en Harry Potter y la cámara secreta. La idea era recrear cócteles inspirados en novelas de la saga para pasar el tiempo. No fueron los únicos retos virales que abundaron en las plataformas. Eran una escapatoria virtual en toda regla.

Durante lo peor de los toques de queda, en mayo de 2020, J.K. Rowling lanzó el proyecto Harry Potter At Home, con una web con enlaces también en castellano donde el protagonista, Daniel Raddcliffe, y otros actores de Hollywood leían capítulos del primer libro. La versión audio también era accesible en Spotify. Fue el momento en que Salamandra decidió también relanzar en edición de bolsillo toda la saga.

Harry Potter podría haber caído en interés, y de hecho sufrió el impacto del vacío causado por el final de la saga literaria. También por la revisión de las nuevas generaciones, más comprometidas en la diversidad de género y raza y críticas con las formas elitistas que en el fondo implican que la trama suceda en un colegio tan exclusivo. La distribución racial de los personajes y su peso en la trama, por ejemplo, no retratan los nuevos tiempos. Además, las polémicas generadas por la autora sobre la transexualidad, en las que fue acusada de transfobia fueron descalificadas por los mismos actores de la película y no mancharon su obra, en un capítulo peculiar de la cultura de la cancelación, de boicots a obras culturales tras su revisión ideológica, del que la salido indemne.

«Todos son ahora menos ingenuos, pero muchos padres jóvenes habrán leído y amado la serie Potter y querrán que sus hijos tengan la misma gran experiencia», apunta Jane Sunderland, lingüista en la Universidad de Lancaster y experta en literatura infantil, género y autora del ensayo Harry Potter y más allá.

Deman, que recuerda que la «adultez» se considera en amplios círculos como una «antítesis a la felicidad» ve en la conexión con la nostalgia de la infancia y adolescencia como esa vía de escape cultural. «La pandemia golpeó, y el mundo mismo fue significativamente más desafiante y aislado». Así ha sido como donde antes se veía a Harry Potter como una distracción del mundo real, en 2021, se ha empezado a mirar «como una herramienta de supervivencia para muchas personas que están soportando lo que sin duda se convertirá en el la mayor catástrofe de salud mental del siglo XXI».

La generación más mágica de la historia

Cuando Harry Potter llegó a las pantallas canarias hizo magia de verdad, y convirtió las pesetas en euros. La entrada para ir a ver esta película fue el primer producto que compré con la nueva moneda, un 1 de enero, el día en el que mi madre gritó sorprendida cuando, a oscuras en la sala, en la pantalla salió el primer partido de Quidditch que jugó el joven mago. Un año antes había descubierto la saga con el segundo de los libros y debo reconocer que Dobby —el elfo doméstico que muestra por Potter una lealtad sin límite— no me causó buena impresión. ¿Por qué hablaba ese ser tan raro en tercera persona? ¿Qué pretendía haciéndole esa jugarreta a Harry empleando la magia delante de los muggles? No conseguía seguirle el ritmo. Pero cuando el primer libro cayó en mi manos, algo cambió. Y, más de 20 años después, aquí sigo, con una camiseta de Harry Potter puesta mientras escribo.

Para buena parte de mi generación, el lanzamiento de los libros y, más tarde, el estreno de las películas ha dejado en nosotros una huella difícilmente explicable y que no sé si podría ser comparada con ningún otro fenómeno literario en el mundo. No en vano, ¿quien sino J. K. Rowling ha sido capaz de trasladar un deporte inventado y mágico como el Quidditch, que se juega con escobas voladoras, a los parques de medio planeta? Harry Potter es el símbolo de mi generación. Una generación que estos días regresa de nuevo a las salas de los cines para ver una película cuyos diálogos se conoce de memoria —me declaro culpable—, que comenta los secretos del rodaje entre escena y escena —culpable— y que antes de que termine la Navidad volverá a ver esa y el resto de películas de la saga como si fuera la primera vez —culpable de nuevo—. Y todo eso lo hacemos ahora con un tesoro que no teníamos hace 20 años, con una variedad productos de la saga que nos siguen cautivando como si aún tuviéramos los 10 años que acabábamos de cumplir cuando Harry Potter se nos presentó por primera vez.

Muchos de nosotros vivimos con la esperanza de levantarnos un día y que J. K. Rowling haya anunciando en Twitter —donde desde hace más de una década lanza nuevos datos de los personajes tras la publicación de la última entrega— que escribirá un nuevo libro sobre Potter. También nos levantamos con otra esperanza, una más sencilla y accesible, que una lechuza haya dejado en nuestro buzón nuestra carta de ingreso en Hogwarts.

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