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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Ficción a la sombra del general Balmes

Balmes y la guerra como Telón de fondo

‘El puñal de Abraham’ es una novela negra escrita por Jorge Henríquez González que arranca con un supuesto operativo ideado por hombres de la izquierda grancanaria cuya intención era asesinar a Franco e impedir así sus planes golpistas

Tropas embacadas en el puerto de Las Palmas de Gran Canaria tomada en una fecha no precisada de los primeros momentos de la Guerra Civil española. LP / DLP

El próximo sábado se cumplen 86 años del aún hoy sospechoso fallecimiento en Las Palmas de Gran Canaria del general Amado Balmes Alonso, el 16 de julio de 1936, y de las consecuencias que para la historia de nuestro país tuvo la asistencia de Francisco Franco al entierro del militar. Aquel sepelio sirvió de excusa a Franco para abandonar Santa Cruz de Tenerife y viajar a Gran Canaria, desde donde emprendió su periplo a África con el objetivo de iniciar desde allí el alzamiento que desembocaría en la Guerra Civil, un cúmulo de hechos históricos que suponen el punto de partida de la obra de ficción El puñal de Abraham, novela negra escrita por Jorge Henríquez González que arranca con un supuesto operativo ideado por hombres de la izquierda grancanaria cuya intención era asesinar a Franco e impedir así sus planes golpistas. Con esos mimbres inicia Henríquez su cruda historia sobre vencedores y vencidos.

«Hay que partir de la base de que El puñal de Abraham se trata de una novela negra ambientada al comienzo y en el lugar dónde se inicia de algún modo la Guerra Civil, aunque la historia principal es completamente inventada así como los personajes», aclara Jorge Henríquez González. «No obstante, por desgracia, muchas de las situaciones y los individuos que rodean la novela no fueron ideados para ella; ocurrieron realmente con hombres y mujeres que identificamos, la mayoría familiares de personas que quizá conocemos. Cuando ahondas un poco en el tema y preguntas a unos y a otros, descubres historias que hasta ahora solo habías escuchado pero que sucedieron de verdad. Sí que hay figuras reales que nombro en el libro, a parte obviamente de Franco o Balmes, porque jugaron un papel conocido por todos, pero también lo son don José Déniz, el párroco de Cardones, o el médico Anastasio Escudero Ruiz. Mi intención, sin embargo, no ha sido mancillar a ninguno de ellos», aclara el autor.

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Jorge Henríquez González, que nace en Las Palmas de Gran Canaria en 1971, el mismo año en que se forma «oficialmente» Queen, dice, y ve la luz Las Tumbas de Atuan, es un ingeniero técnico al que le apasiona la lectura. Prácticamente autodidacta y con vocación algo tardía por la escritura, el autor gana en 2018 el Concurso de Relatos Cortos Rescatando la Memoria, del Ayuntamiento de Arucas, y es finalista en 2020 del III Concurso de microrrelatos Libripedia. En 2019 publica su primer libro, Retales no Reales (editorial CAM-PDS), cuyos beneficios destina íntegramente a la Asociación Down Las Palmas. El puente, uno de los relatos que forman parte de esta obra, fue publicado en la revista literaria de Ciudad de México La Sirena Varada, y otro de ellos, El idiota, resultó finalista en el sexto Concurso de Relatos del Bistró, convocado por La Central (Madrid). Jorge Henríquez forma parte de la camada de autores canarios instruidos en el oficio de las letras en los talleres de escritores como Marisol Llanos, Santiago Gil y Alexis Ravelo.

>> | JUAN CARLOS CASTRO

«La muerte del general Balmes sirve como excusa para que Franco pueda salir de Tenerife, donde estaba destinado tras la conspiración surgida de las elecciones de febrero de 1936, y dar comienzo al levantamiento desde Marruecos», prosigue explicando Henríquez sobre el arranque de su última novela, para la que todavía busca editor, una sucesión de hechos que «como decorado de fondo tienen las revueltas de los trabajadores o las destituciones de varios alcaldes en Arucas de manera sucesiva».

Aunque el operativo para acabar con Franco que plantea el autor de El puñal de Abraham en su novela es falso, sí que hubo varios intentos para asesinar al militar, uno de ellos en el túnel de La Laja. «Al parecer, un grupo armado lo esperaba a la salida del túnel, única salida que había desde Las Palmas de Gran Canaria para llegar hasta la Base Aérea de Gando en aquella época, donde lo esperaba el Dragón Rapide. Asimismo», explica Henríquez, «hay constancia documental de que catalanes afincados en Tenerife, brazo ejecutor de una coalición de izquierdas, ya habían intentado acabar con la vida del entonces comandante militar de Canarias en Santa Cruz de Tenerife en dos ocasiones, y nada menos que en la mismísima Comandancia Militar de Canarias, hoy Capitanía General. La buena suerte, o la mala, depende de para quién, hizo que sobreviviera a ambas. Ya en Gran Canaria, también hay constancia de otras dos intentonas. Una de ellas, la más conocida por todos, fue un conato de atentado con bomba en el Hotel Madrid, donde se alojaba», dice el autor sobre algunos de los acontecimientos personales que rodearon a Franco, entre los que también tiene un lugar destacado el fallecimiento de Amado Balmes.

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«La muerte de Balmes sigue dando de qué hablar. La autopsia no deja lugar a dudas sobre el origen accidental de la muerte, aunque la misma autopsia plantea muchos interrogantes, pero, y es lo que se preguntan o nos preguntamos muchos todavía, ¿cómo un general con su dilatada experiencia en el manejo de armas se puede pegar un tiro de manera accidental en el estómago cuando limpiaba la pistola? Se dice que fue el propio Franco quien ordenó su asesinato al negarse a formar parte del levantamiento. Creo que nunca se sabrá con certeza», analiza el autor del El puñal de Abraham.

Siempre insistiendo en que la muerte de Balmes es solo una excusa para arrancar la novela, Henríquez recuerda que «para escribir, ya no solo una novela, sino hasta un relato, tienes que documentarte», cuenta sobre el proceso previo a la redacción del texto. «Más aún si la historia se desarrolla en una época en la que no has vivido. Debes investigar, no solo los hechos históricos, sino las costumbres y las vidas de sus gentes: cómo pensaban, cómo vestían, qué comían, cómo iban al baño. Incluso, para algo tan nimio como el camión de Juan el Mierdero», uno de los personajes de El puñal de Abraham, «recibí el inestimable y amable asesoramiento de los amigos de Camiones de Canarias. Tienes que intentar que la historia suene lo más real posible para que a cualquier persona que la lea, ya sea porque la haya vivido o porque sea un entendido en la materia, no le chirríe y pueda continuar con la lectura de manera natural, sin pensar que el que lo ha escrito ha cometido este error o aquel otro (y que, por supuesto, los habrá) y terminar por dejar a un lado el libro».

«En el contexto físico», continúa el autor, «es decir, en la localización de la historia que cuento, he visitado algunos de esos lugares: el pueblo, que solo lo nombro en el epílogo, y la finca fueron los más fáciles porque llevo yendo allí desde chiquillo. ¡Espero que mi padre no me mate! La cañada del tío Pepe es el cachito de tierra en Trasmontaña que era de mi tío Pepe y donde tenía sus cabrillas. Las zonas de El Guincho, el Caletón, Cebolla, punta Camello, etcétera, son zonas que me son conocidas desde pequeño. Tenga en cuenta que soy del norte: mitad de Las Palmas de Gran Canaria y mitad de Montaña Cardones. Cuando estás en esos lugares, de pie y solo, y piensas en lo que ocurrió o pudo haber ocurrido ahí, te dan escalofríos, te hace ver las cosas desde otra perspectiva. Esto me sucedió, de una manera más visceral, en el Llano de Las Brujas. Cuando lo visité y pensé en lo que había sucedido ahí, y eso que uno solo conoce una pequeña parte de la historia, te hace darte cuenta de lo cruel y despiadado que puede llegar a ser el hombre. Y en este punto, tengo que agradecer también la inestimable colaboración y ayuda de Antonio Jiménez, responsable de administración especial de patrimonio histórico del Ayuntamiento de Arucas, no solo a lo que a los pozos se refiere sino a los hechos acaecidos en Arucas y en otras partes de la isla, durante aquella época», recuerda Jorge Henríquez González, quien cuenta que ha estado alguna vez que otra en la Base Aérea de Gando por motivos laborales. «Me hubiera gustado haber hecho una visita a pie, más pausada, en la zona antigua que aún se conserva».

Curiosa es sobre todo la especial relación que el autor de El puñal de Abraham tiene con la comisaría de Investigación y Vigilancia durante la dictadura, con sede en la calle Luis Antúnez, en Las Palmas de Gran Canaria. «Después de ser comisaría se convirtió en el colegio de La Salle Antúnez, donde estudié la EGB. Parece increíble que en ese lugar se hayan cometido las atrocidades que se cuentan», admite.

Años de miserias y abusos

El autor de El puñal de Abraham cree que, aunque el operativo de ficción que plantea en su novela [o la operación real contra el golpista en el túnel de La Laja] hubiese logrado el objetivo de asesinar a Franco, «habría surgido el levantamiento de igual modo».

«Hay que entender que Franco, en aquellos momentos, no es que fuera uno más de los conspiradores, sino que era el último de la lista. Según Paul Preston, sus camaradas lo apodaron Miss Islas Canarias 1936. Era ambiguo y prudente. No quería asumir riesgos pero era el comandante del Ejército de África, duro y bragado, necesario para lo que querían hacer. Creo que, si no hubiera sido Franco, habría sido otra la cabeza visible que llevara adelante el levantamiento. El resultado del mismo es imposible saberlo».

En ese sentido y metidos ya en conspiraciones varias, Henríquez González se plantea: «¿Qué hubiera pasado si hubieran asesinado a Hitler, Mussolini, Stalin, etcétera? Si algo nos ha enseñado la Historia es que siempre hay candidatos para cubrir la vacante».

Volviendo a la trama de la novela y el perfil de los personajes, el autor de El puñal de Abraham reconoce que hombres de la talla del peligroso Juan el Mierdero o los mismos Mendoza y Ambrosio destilan una realidad terrorífica, en el caso de unos, y de pavor, en el caso de otros. Es el reflejo de lo que sucedía aquellos años y de la impunidad con la cual algunos trataron de saldar antiguas deudas absurdas pero aprovechando el poder y el vacío que otorgó el golpe y la posterior victoria de los falangistas en la Guerra Civil sobrepasaron todos los límites. «Por supuesto que los sigue habiendo hoy día pero imagínese en aquellos momentos con la situación tan revuelta» cómo actuarían. «Y no solo en Cardones, Arucas o Gran Canaria, también en las otras islas y en el resto del país. Siempre ha habido, y habrá, Mendozas, personas que harán lo que sea para mantener, incluso aumentar, su estatus y su patrimonio, su poder. Son los que llamo hurones en el libro. Por suerte, también hay, y habrá, buenas personas, Ambrosios, personas corrientes, que se preocupan de su familia, de sus amigos, de desconocidos. A ellos me refiero como los conejos. En cuanto a Juan el Mierdero, espero que no, al menos en su lado oculto. Pero sí personas que se aprovecharon de la situación para su propio beneficio y a expensas de otros, necesitados y desesperados. Los ha habido y los seguirá habiendo», insiste.

«Llevo varios años con la novela porque no le he podido dedicar el tiempo que se merece y porque uno no termina nunca de corregirla», cuenta Henríquez González. «Siempre hay algo que retocar. La documentación, las visitas a las distintas localizaciones… Lleva su tiempo que tienes que robar del tuyo, de tu tiempo libre, del que le debes y quieres dedicar a la familia y a los amigos. Pero no puedo negar que me lo he pasado bien», explica sobre la redacción de un relato que abarca «solamente unas dos semanas. Desde el día 17 hasta finales de julio de 1936».

«El ser humano es cruel por naturaleza, independientemente de la formación que se tenga», responde el autor de El puñal de Abraham sobre el hecho que que muchas personas carentes de cultura pasaran a tener muchísimo poder tras el alzamiento. «Depende de cada uno el fomentar esa crueldad o apartarla a un lado. Creo que la formación solo te daría un abanico más amplio para ejercerla o aplicar nuevos e ingenioso métodos. Por lo general, los vencedores se ceban sobre los vencidos; quieren resarcir desplantes u ofensas anteriores, ya sean reales o ficticias, verse recompensados».

Abordar sin una base histórica y casi academicista el alzamiento, la Guerra Civil y los años de la dictadura se ha convertido en nuestro país en un asunto que continúa levantando ampollas, mientras en Alemania el personaje de Hitler o en Italia el de Mussolini han sido protagonistas incluso de comedias de cine. Sin embargo, autores como Jorge Henríquez, que ya ronda los 50 años y cuenta con la formación, la información y la distancia suficiente, son la generación llamada quizá a abordar estos acontecimientos de nuestra historia con ese giro de ficción o incluso dotarlos de la crueldad casi sádica que transita El puñal de Abraham u optar, si fuese necesario, por relatarlos desde un prisma más humorístico.

Tiempo para la ficción o el humor

«Yo no soy historiador, ni mucho menos», dice al respecto, «aunque me resulta interesante lo que plantea. Me encanta la Historia y leo todo lo que puedo. También querría decir que el libro no va sobre la Guerra Civil aunque se ambiente en ella y, por lo tanto, tenga que hablar sobre ella. La historia principal se podría extrapolar perfectamente a otra época y a otro lugar. En España ha habido algunas comedias sobre Franco que han quedado en el olvido. Solo han destacado las películas que se han escrito bajo cierto rigor histórico. No obstante, hay que decir que sí hay comedias sobre la Guerra Civil, ambientadas en la Guerra Civil y que, personalmente, me gustan y me divierten, como son ¡Biba la Banda!, de Ricardo Palacios, o La Vaquilla, de Berlanga. Pero sí, faltan películas y libros que traten el tema con total libertad, desde cualquier punto de vista y si es desde el humor, mejor. Por ejemplo, hay una película reciente que se titula Jojo Rabbit, de Taika Waititi, donde satirizan sin ningún pudor a Hitler. El humor es imprescindible para todo y muy necesario», añade Henríquez González.

El puñal de Abraham tiene momentos de extrema dureza y crueldad que, por desgracia, ya sabemos que se ven superados por lo que realmente sucedió. «Pues para nada lo tuve en cuenta a la hora de desarrollar la historia. Es una novela negra que, por definición, ya es dura. Lo que sucede es que, al ambientarla en esta época oscura y vergonzosa de la historia de España, de manera inherente, resulta más dura por los sucesos que la acompañan. Tienes claro la historia que quieres contar pero, al mismo tiempo, la misma historia te va llevando por otros caminos que tienes contar. No puedes obviarlos».

El relato que ofrece la novela del grancanario es muy cinematográfico y a pesar de que transcurre en Canarias refleja lo que sucedió en otras regiones del país. «A ver si primero alguien se interesa y la publica», confiesa el autor antes de explicar que «no la escribí pensando» en que se pudiera convertir en una película o una serie. «La escribí porque era una historia que me gustaba y necesitaba hacerlo. Es cierto que la novela se puede extrapolar a cualquier localización en España. Solo habría que adecuar ciertas costumbres canarias por las de la otra región. ¿Qué la obra sea publicada o llevada al cine? ¿A quién le amarga un dulce? Todo el que escribe una obra quiere que sea leída. Es así», argumenta.

«Creo que lo mismo que a todos los que se dedican a esto o los que nos queremos dedicar a esto: contar la historia que tienes en la cabeza», confiesa Jorge Henríquez González sobre qué le motiva a la hora de escribir.

«Me importa también que me guste la historia. Y si a los demás también les gusta, pues miel sobre hojuelas. Me lo paso muy bien escribiendo, documentándome, esperando que me lleguen las correcciones por parte de los amigos y compañeros a los que pueda embaucar. Me gusta. La mayor parte de lo que he escrito está ambientado en la época actual. Hay algo en el futuro y esta es la primera obra que escribo ambientada en el pasado. Con la que estoy ahora, también transcurre en la época actual», concluye el autor de El puñal de Abraham.

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