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Cuentas y cuentos del turismo canario

Los sectores público y privado se exigen más inversión o reinversión para impulsar la renovación

Vista panorámica de la playa de Maspalomas, rebosante de bañistas.

Vista panorámica de la playa de Maspalomas, rebosante de bañistas. SABRINA CEBALLOS

La familia Botín (no se sabe bien si padre o hijo) puso en circulación la popular frase "lo que no son cuentas, son cuentos"; y aunque iba referida en concreto al mundo financiero se aplica con frecuencia a otros sectores de la economía. En Canarias, empresarios y políticos recurren a ella con frecuencia al hablar de la evolución y futuro del turismo.

La sucesión de plusmarcas que viene registrando el destino Islas Canarias, sobre todo en los dos últimos años, no ayudan precisamente a superar el apego a lo cuantitativo: "La política turística del Gobierno se limita a contar visitantes", caricaturizó en el Parlamento de Canarias Román Rodríguez. Y es cierto que contar turistas (o aviones, rutas, camas, empleos y un largo etcétera) se ha convertido en un clásico en esta región. Pero el vicio no es, en absoluto, privativo del Gobierno. Empresarios y sindicatos pecan también de caer con demasiada asiduidad en el análisis de datos y no de conceptos o tendencias. Y tampoco la oposición escapa a la inercia, aunque unos pongan el acento en las sumas (PP) y otros en las restas (Nuevas Canarias o Podemos): doce, trece o catorce millones de turistas, ¿son muchos o demasiados?

La respuesta depende en gran medida de cómo se gestione el destino, advierten los expertos. Cómo se financien, en definitiva, los servicios, prestaciones y consumos que generan estos millones de visitantes al año. Más difícil resulta responder a la pregunta de a quién corresponde gestionar y a quién financiar esta gran multinacional: "En los últimos ocho años, el Gobierno de Canarias ha invertido tres millones de euros propios en infraestructuras turísticas. Creemos que no es una cifra suficiente ni justa", lamentó el presidente de Ashotel, recogiendo el sentir general del empresariado canario. Jorge Marichal basó su argumentación en el importante incremento de la recaudación tributaria que se ha producido en los últimos años de bonanza turística. En cinco años, el IGIC ha pasado de ingresar 830 millones de euros en 2011 a más de 1.400 millones en 2015. Y en lo que va de año bate récords de recaudación: hasta septiembre superaba ya con creces los mil millones. También la recaudación por el Impuesto de Sociedades crece un 7% y la dotación de la RIC vuelve a acumularse gracias a los sustanciosos beneficios empresariales.

La inversión pública

Este incremento recaudatorio obliga, en opinión de los empresarios, a un aumento del esfuerzo inversor público en el sector turístico: "Es prioritario poner el foco en la inversión pública y quizá no tanto en la promoción del destino", insiste Marichal. También desde Exceltur se refuerza la exigencia de una "mayor complicidad pública" en la financiación, tanto estatal como regional, de las infraestructuras y equipamientos de las nuevas ciudades turísticas que hay que construir para las próximas décadas.

Pero al mismo tiempo, los empresarios insisten en la necesidad de rebajar la presión fiscal sobre el sector. Una rebaja que han convertido en un auténtico caballo de batalla. Hace cuatro años, en 2012, tanto el Gobierno central como el Ejecutivo canario aprobaron una subida de impuestos que irritó al sector. En el caso del IVA, el PP elevó el tipo de interés que se aplicaba de forma reducida al turismo del 8% hasta el 10%. Lo hizo pese a su compromiso de reducirlo -llegó a hablar de un IVA super-reducido del 4%- y con la promesa de volver a bajarlo una vez consolidada la recuperación económica. Es decir, a partir de ahora.

El Gobierno de Canarias, por su parte, aplicó a mediados de aquel año un aumento del 5 al 7% del IGIC. La medida provocó una cascada de reacciones y de malos augurios por parte del empresariado canario: "No se debe jugar con el futuro del principal motor económico de las Islas, que es muy sensible a una subida de impuestos, con empresas que trabajan con márgenes muy estrechos", advirtió José Cristóbal García desde la patronal grancanaria. "La subida va directamente contra la cuenta de resultados de las empresas", le secundó el presidente de la Federación de Hostelería y Turismo Fernando Fraile. "Muchas empresas no van a poder superar esta agresión de un 2% sobre la facturación, que equivale a un 20% sobre el beneficio neto", ahondó en los argumentos Nicolás Villalobos. Desde Tenerife intervino en el debate el presidente de Ashotel: "Para rivalizar en precios con los destinos competidores necesitamos que se reduzca el IGIC, no que se suba".

Sobre gallinas y gansos

Tan mal sentó al empresariado aquel anuncio de aumento de la presión fiscal que las cuatro patronales presentaron al Gobierno de Canarias un estudio para tratar de frenar la subida prevista e impedir que se empezara a "atentar contra la gallina de los huevos de oro". A lo largo de sus 29 folios, el informe calificaba de "carga impositiva tremendamente negativa" la subida de dos puntos del IGIC; concluía que los hoteleros perderían 100 millones de euros y vaticinaba que la pérdida de competitividad se traduciría a su vez en la pérdida en año y medio de 32.000 empleos (60 parados por día) y 23.000 turistas menos.

El estadista francés Colbert sentenció que "el arte de cobrar impuestos consiste en desplumar al ganso con el menor número de graznidos posibles". Lo que no dijo es que, en ocasiones, los graznidos se producen antes incluso del desplume. Y es que las actuales cifras del negocio turístico no tienen nada que ver aquellas previsiones. Bien es verdad que la medida se había aplicado a mitad de aquel año 2012, cuando las contrataciones se realizan con un año de antelación y a precios preestablecidos.

Pero la realidad es que desde entonces a la actualidad, los ingresos por habitación han crecido sin interrupción y los hoteles canarios son líderes en rentabilidad: el Revpar, que mide el rendimiento hotelero, se sitúa en 77,5 euros y el precio de la habitación en 115 (22 y 20 euros más que en 2011). La ocupación roza el 80% y tanto las pernoctaciones como el precio crecen a un 8%. ¿Y la rentabilidad? Algunas fuentes aseguran que alcanza el 30%.

Con estos márgenes, el sector público entiende, por su parte, que también corresponde al sector privado financiar unas infraestructuras y equipamientos generales que contribuirán a generarles plusvalías: "El destino -argumentan- no acaba en hotel". De momento, Fernando Clavijo ya ha anunciado que no habrá subida del IGIC en 2017 y ha hablado de la necesidad de realizar una reforma fiscal profunda, a partir de 2018, en la que encajar la fiscalidad turística.

"Somos una comunidad que no combina su liderazgo turístico con el nivel de desarrollo de sus infraestructuras. No nos merecemos el estado en que se encuentran algunas infraestructuras", señaló Jorge Marichal. Y efectivamente: playas, carreteras, jardines, paseos marítimos, puertos deportivos, alumbrado...integran el abánico de instalaciones turísticas que precisan de un mantenimiento constante. La pelota está, en buena medida, en el tejado del Gobierno central, en su voluntad o no de recuperar los 50 millones del Plan de Infraestructuras Turísticas que Canarias perdió con los recortes. Junto a las inversiones igualmente sustraídas en carreteras y empleo.

Es muy probable que Canarias cierre este año de 2016 con un nuevo récord de 14 millones de visitantes. La gestión de este flujo de viajeros y la financiación de las ciudades en las que se alojan son el auténtico talón de Aquiles del turismo venidero. Su futuro pasa por el entendimiento entre los agentes públicos y privados y su capacidad para hacer mucho más que sumar o restar turistas.

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