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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Obituario

Adiós Pepe Juan, adiós papá

José Juan Aguiar Castillo nació en la ciudad de Gáldar en el año 1932. Allí vivió su niñez y adolescencia, rodeado de su inmensa familia. Seis chicas y cinco chicos. De esa época le venía su pasión por el fútbol; todos los hermanos incluido él, fueron futbolistas.

En ocasiones llegaron a enfrentarse en equipos contrarios, como le sucedió a su hermano pequeño Paco y Ñito; este último llegó a jugar en el equipo de la UD Las Palmas. Siendo un chiquillo a Pepe Juan le regalaron una guitarra que no paraba de rasguear. Era tanta la pasión que le ponía y el entusiasmo por aprender, que su madre, Encarnación, haciendo un gran esfuerzo lo apuntó a clases de guitarra con un prestigioso profesor de Gáldar, don Ignacio. Con sólo un par de clases de solfeo y la habilidad que tenía al rozar aquellas cuerdas, el profesor auguró que sería un gran guitarrista, por lo que no tardó en inscribirlo en la rondalla de Gáldar. En ocasiones se perdía con los amigos y se iba a tocar la guitarra a la montaña de Gáldar; ya apuntaba maneras de parrandero.

Su madre era una apasionada de la lectura, pero como no podía comprar libros porque había que mantener a la gran familia, mandaba a sus hijos a pedir los que algunos vecinos privilegiados ya se habían leído; describe emocionada su hermana Walkiria, que reside en Santa Cruz de Tenerife. Pepe Juan leía aquellos libros, convirtiéndose al igual que su madre en un gran lector. El misterio de Agatha Christie, su escritora favorita, y las novelas del oeste, junto a su inseparable guitarra fue el equipaje que siempre le acompañaría en sus viajes en busca de un futuro lejos de su tierra natal.

Después de trabajar un tiempo en La Palma, con 18 años hizo la mili en Sidi Ifni. De ahí se trasladó a El Aaiún, donde coincidió con varios hermanos que se hospedaban en casa de su hermana Ada, casada con un alto cargo de la legión. Trabajó en camiones, de profesor de autoescuela y de taxista. Cuando terminaba la jornada laboral, su jefe, que tenía un bar, cogía el timple que decoraba la pared y llamaba a Pepe Juan para que trajera su guitarra; raro era el día que no había una buena parranda.

En esa época conoció a Julia Montelongo, una joven muy guapa, natural del pueblo de Tindaya que fue a El Aaiún a visitar a su hermano Marcelino, ya que su mujer, Teresa, estaba a punto de dar a luz. Pepe Juan era amigo de Marcelino, y cuando este conoció a Julia surgió el flechazo entre los dos. Se casaron en Fuerteventura y volvieron al continente africano, allí nació el primogénito José Juan y entre idas y venidas, vinieron al mundo Domingo, Soledad y Yolanda.

Volvieron definitivamente a la isla cuando tuvo lugar la marcha verde por la invasión marroquí en la que fue provincia española. Una vez en la isla, trabajó en las guaguas, en los camiones y en el sector del taxi. Pepe Juan tenía fama de ser un gran chófer. Ese arte en el manejo al volante le venía de su padre, opinaban sus hermanos.

Los amigos de Pepe Juan, innumerables en todos estos años, dicen de él que era un hombre bueno, generoso, amigo de sus amigos. Un hombre adelantado a su época. Con un humor envidiable, «tenía golpes muy buenos», «vivió como quiso».

Ni la enfermedad que tenía le quitaba aquel humor «si mi niña», «de película», nos decía. Con 89 años leía el periódico deportivo AS y el diario La Provincia; ya la vista no le daba para mucho más. Veía el fútbol en la televisión, mientras escuchaba radio Marca. Fanático de la UD Las Palmas y culé de toda la vida.

Tuvo una vida tan placentera, que parece que su muerte también se alió con él para que no sufriera. Rodeado de sus hijos, de su sobrina enfermera, Mita, su nieta Andrea y del resto de la familia, murió tranquilo en su casa de Tindaya. El día de su entierro, su mejor amigo Miguel González, el médico, acompañado de Dunia Soto, amiga de la familia, le hicieron un último homenaje, la canción que él aprendió de niño y siempre tocaba en sus parrandas.

Se cerró el periódico, se apagó la radio, se guardó la guitarra. Adiós Pepe Juan, adiós papá.

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