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Con mucho tino | Talento Gran Canaria (55)

El diseño viral de Alfonso Cobo

Tras estudiar arquitectura en Reino Unido y diseño en la escuela más prestigiosa de EE UU lanza una aplicación con casi cinco millones de descargas

El diseño viral de Alfonso Cobo

El diseño viral de Alfonso Cobo

El grancanario Alfonso Cobo ha trasteado tanto por el mundo que de su Gran Canaria natal recuerda apenas que vivía en un paseo marítimo, con vistas al rompeolas y al océano del que disfrutaba desde su balcón, "y que nos pasábamos medio año en el mar, y el otro medio subiendo a la montaña".

Con una segunda imagen, cuanto menos sorprendente: "Me acuerdo mucho de ir con mi madre a comprar al Hiperdino", confiesa entre risas, "y de que me crié en la isla muy feliz". Aquí estudiará en el Canterbury, hasta que con apenas seis años marcha a vivir a Madrid.

Termina secundaria y se matricula en Arquitectura en la Universidad Politécnica de la capital de España y se lleva un gran chasco. Suspende una tras otra, "con una muy mala experiencia por ese sistema de hincar codos para aprobar". Por lo que decide coger los bártulos "para irme a vivir a Inglaterra e intentar Arquitectura en Brighton". Allí descubre una forma de enseñar "que se adaptaba muchísimo mejor a la manera en la que yo resuelvo problemas y expreso mi creatividad. Acabé con una matrícula de honor y una sensación inigualable".

Tras finalizar allí, trabaja durante dos años en los estudios de arquitectura Hawkins/Brown, de Londres, y Miller Bourne, de Brighton.

En ellos diseña sobre todo proyectos educativos, como colegios, "y centros con salas que promueven la interacción entre profesionales capaces de fomentar la conversación y crear oportunidades de colaboración que no puedes tener en sitios cerrados. Pero no estaba del todo contento porque era algo muy distinto a lo que estudié en la carrera y las continuas restricciones y regulaciones no te dejan ser creativo. Eso me frustraba un poco, la verdad".

Esa creatividad la buscaba en otros campos. "Me llevó a experimentar y querer aprender sobre otras industrias de diseño, como el branding o las interfaces digitales, y empecé a hacer otros trabajos de diseño en mi poco tiempo libre".

Así creaba por la noche, tras su jornada laboral, logos para amigos, o les ayudaba a configurar páginas webs, "lo que me ayudó bastante como diseñador".

En esa etapa conoce términos "que no había escuchado antes, como por ejemplo el proceso de Design-thinking, una metodología en diseño que utiliza un enfoque centrado en las personas para resolver problemas".

Alfonso Cobo explica que se trata de entender cómo los clientes utilizan de forma humana los servicios o productos y comprender que detrás de cada número que hace existe una persona con la que se debe empatizar para saber cuáles son sus dificultades y porqué las tiene. "De hecho el vocablo diseño viene a significar eso: resolver un problema".

Todo esto le crea más ganas de seguir aprendiendo y solicita plaza en tres universidades punteras de Estados Unidos e Inglaterra: California College of the Arts; Royal College of Arts, de Londres; y Parsons School of Design, de Nueva York, que es la escuela de diseño más prestigiosa de Estados Unidos. "Me aceptaron todas, pero en la Parsons me ofrecieron una gran beca que me cubría casi todos los gastos, porque de lo contrario no me lo hubiera podido permitir".

Alfonso Cobo se muda a Estados Unidos y cursa un máster de dos años en Diseño Estratégico y Dirección de Empresa.

Lo acabó hace tres meses pero a lo grande, con las mejores notas de su promoción -todas ellas matrículas-, por lo recibió una graduación con honores.

"Es curioso, en España me echan por suspender, porque fui el peor estudiante de la universidad, y en Gran Bretaña y Estados Unidos pasa esto. A mi me da pena", reflexiona, "porque refleja cómo los distintos sistemas pueden llegar a potenciar o arruinar a un estudiante. En España, basado en memorizar, probablemente se deje a muchos de ellos frustrados pensando que no valen, mientras que en el sistema anglosajón te permiten aprender mientras lees o haces cosas con las manos, algo que se adapta muy bien a mi forma de aprender. Porque yo no soy de estarme quieto, ni soy lo que se considera como un empollón".

De esta etapa en Nueva York destaca que ha sumado muchos más conocimientos en las áreas de innovación, sostenibilidad y el poder del diseño para empujar cambios sociales, además de "interesarme mucho por la manera en la que la gente comparte historias, interacciona y crea vínculos personales a través de internet".

Fruto de esa inquietud y tras finalizar los estudios diseña una aplicación, Unfold, con la idea de explorar esas ideas.

Alfonso relata que se trata de "una aplicación para crear narrativas digitales con la ayuda de plantillas minimalistas para compartir en Instagram Stories. Los usuarios se pueden descargar colecciones de plantillas con otros diseños, como FF1, inspiradas en la fotografía analógica".

Y aquí vienen las sorpresas: En apenas unos pocos meses Unfold ha recibido más de 4.7 millones de descargas y es la aplicación número uno en varios países alrededor del mundo. "Estoy aumentando el equipo, ya somos doce personas, y tenemos una oficina en el centro de Manhattan. La clave del éxito se centra en la viralidad de las redes sociales, ya que no nos hemos gastado ni un solo dólar en marketing".

El mes pasado, con la ayuda de influencers como @dulceida o @joanpala, Unfold se hizo viral en España, sobrepasando en descargas a aplicaciones imbatibles como Facebook, Snapchat o Whatsapp.

Según afirma, el grancanario está viviendo "una locura con todo lo que está pasando en estos momentos, ya que somos una de las nuevas start-ups que más rápido está creciendo en el mundo".

Hay que recordar que Alfonso Cobo tiene tan solo 25 años, pero a pesar de que señala que se encuentra en el epicentro de una industria "muy competitiva, estamos preparados para todo lo que pueda venir".

De lo que no se olvida tampoco es de su isla natal. El verano pasado volvió a la tierra de su niñez con uno de sus mejores amigos, el cantante, productor y DJ Borja Sant.

Y sí, "me encantaría volver".

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