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Medio Ambiente

El estudio sobre las sabinas en Gran Canaria localiza otros 60 ejemplares en dos años

Los investigadores han catalogado 337 árboles y calculan que hay otros 150 en sitios inaccesibles

Sabinas jóvenes en la parte alta del barrio capitalino de Isla Perdida

Sabinas jóvenes en la parte alta del barrio capitalino de Isla Perdida

El estudio sobre la evolución de la sabina en Gran Canaria ha permitido descubrir otros 60 ejemplares en los dos últimos años, por lo que ya son 337 los árboles geolocalizados para su investigación y recolección de semillas, según adelantó ayer el geógrafo José Julio Cabrera, quien calculó que hay otras 150 sabinas que son inaccesibles por encontrarse en mitad de riscos muy escarpados.

El nuevo informe sobre la situación de esta especie en la Isla, donde al contrario que en El Hierro o en La Palma quedaron muy pocos reductos por la acción humana, coincide con el descubrimiento de dos troncos fosilizados en un túnel de la carretera de La Aldea, uno de ellos previsiblemente de una sabina, lo que abre un nuevo campo de investigación para recuperar los bosques termófilos en Gran Canaria e incluso pensar en su aprovechamiento maderero a medio plazo.

El geógrafo, ayudado por un grupo de especialistas en varias disciplinas botánicas y geológicas, publicó en marzo de 2019 el libro La Sabina en Gran Canaria (Canarias eBook), y hasta entonces había catalogado 277 ejemplares o pequeños grupos de sabinas, con una ficha de sus características y el lugar exacto de su ubicación. 

El geógrafo José Julio Cabrera aboga por estudiar el uso de su madera como recurso económico

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“Hubiera parecido que con la publicación del libro se había dado el punto y final a la investigación, pero nada más lejos de la realidad, fue justamente entonces cuando comenzó el verdadero trabajo”, explicó Cabrera, quien detalló que los diferentes equipos de colaboradores han seguido aportando las localizaciones de nuevas plantas y recogiendo sus semillas de cara a su reproducción, pasando de las 277 sabinas publicadas entonces a las 337 actuales. 

En paralelo, en estos dos años se consolidó y se incrementó la fuente semillera, creada finalmente en la localidad de San José del Álamo, que se seguirá enriqueciendo con nuevas aportaciones genéticas. Dada la pobreza inicial de la muestra, pues de momento las plantas aisladas no han resultado ser muy prolijas, el estudio se ha apoyado con material genético procedente de la pequeña reserva de semillas de Osorio.

Una de las principales propuestas del estudio inicial era la cuantificación y creación de lo que Cabrera denomina “islas de dispersión”. Así, a lo largo del otoño de 2020 e invierno de este año se han realizado numerosas repoblaciones con tal fin. “Dada la inexperiencia y la falta de bibliografía sobre un tema tan específico, hemos ido probando con diferentes cantidades de plantas; mientras en Bandama hemos superado los sesenta ejemplares en una isla, también las hemos tenido que hacer de muy pocos ejemplares en otros lugares, por falta de espacio seguro y umbrío, para repoblar con garantías”, comentó.

El grupo Atamarasit ha colaborado para unir con estas “islas de dispersión” varias zonas naturales del propio municipio de Las Palmas de Gran Canaria, como desde el barrio de Isla Perdida hacia la zona recreativa de San José del Álamo, a través del Pico de la Bandera y La Montaña de San Gregorio. Otro grupo de voluntarios plantó sabinas desde la presa de La Umbría o de Sintes, por todo el Lomo de Andújar hasta la Presa de Martinón, en El Zardo. También se ha hecho lo mismo, con otro equipo de personas, en las localidades de La Aldea y Arguineguín. 

Y todo ese trabajo “sin renunciar a cuantificar cuantas repoblaciones públicas y privadas hemos ido encontrando”, apuntó el geógrafo. Toda esa información se está consignando sobre formato Google Map. con todos sus datos. Las repoblaciones que se hayan realizado con 500 o más plantas vivas no se han contemplado como “islas de dispersión”, sino como simples reforestaciones. 

Los experimentos para crear una fuente semillera se realizan en San José del Álamo

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Cabrera señaló que mientras en el norte de Gran Canaria es relativamente sencillo plantar una sabina, en el sur constituye en todo un problema. “Máxime en los últimos años, que han sido especialmente secos, de ahí los relativos éxitos con riego mensual y protección en umbría y los pobres resultados de solana, en igualdad de condiciones”, precisó. 

El objetivo para el año 2020 era superar las cien “islas de dispersión”, lo que se superó holgadamente. El de 2021 es aumentar esos núcleos vegetales hasta las 250 y en la actualidad ya se han logrado 137. Esas “islas” pueden tener desde un solo ejemplar de sabina hasta más de un centenar, con un promedio de 12 árboles.   

Al mismo tiempo, se ha iniciado otra línea de investigación no prevista, un estudio, sobre su velocidad de crecimiento de las sabinas. Cabrera considera que repoblar la isla con esta especie puede incluso ser un buen negocio para la industria, pues sus maderas son muy apreciadas. Una rotación de plantaciones permite aumentar el bosque año a año y sacar rendimientos con la madera. 

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